El álbum "Reflections" de Shambhu es una obra introspectiva que combina con gran sensibilidad guitarras acústicas y elementos de jazz y ambientación, creando una experiencia sonora pensada para la calma, la reflexión y la conexión interior. La música de Shambhu fluye con melodías suaves y texturas envolventes que invitan al oyente a un espacio de pausa y contemplación, lejos del ritmo frenético del día a día. A través de colaboraciones con instrumentistas como Jeff Oster, Leo Steinriede y Geoffrey Menin, el disco teje un paisaje musical rico en matices, explorando emociones universales como el amor, la esperanza y la búsqueda personal. "Reflections" se presenta como un refugio sereno que acoge al oyente con armonías cálidas y una producción detallada que realza cada frase musical.
Shambhu - Reflections (2024)
01. Reflections
02. Openings
03. Heart Bridge
04. Sunshine Serenade
05. Destiny
06. Wishes
07. Montauk to Mexico
08. Starscape
09. Hope Eternal
10. Woodsy Green
01. Reflections
02. Openings
03. Heart Bridge
04. Sunshine Serenade
05. Destiny
06. Wishes
07. Montauk to Mexico
08. Starscape
09. Hope Eternal
10. Woodsy Green
Duración total: 30:31 min.
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🌙 Donde el viento deja de empujarte
ResponderEliminarLa noche silenciosa de febrero se posa sobre Aluminé como un manto leve. No hay más sonido que el murmullo distante del río y el suspiro del viento entre los coihues. En esta hora en que la Patagonia parece contener el aliento, recuerdo la frase de Naguib Mahfuz: “Tu hogar no es donde naciste, sino allí donde todos tus intentos de escapar cesan”.
Y algo en mí se aquieta.
Durante años creí que el hogar era un punto en el mapa, una coordenada fija en la memoria. Pero la vida —como el río Aluminé— nunca permanece inmóvil. Intenté escapar muchas veces: de mis miedos, de mis dudas, incluso de este paisaje inmenso que al principio me resultaba abrumador. La vastedad patagónica puede confrontarte con tus propios vacíos.
Aquí, el horizonte no tiene límites. Y cuando no hay muros externos, uno descubre los internos.
Aluminé no es solo un pueblo; es un latido. Está en el mate compartido sin apuro, en el saludo sincero aunque el día haya sido duro, en la leña que se apila antes del invierno como un acto de previsión amorosa. Las costumbres no son rutinas: son anclas invisibles. Cada gesto cotidiano —amasar el pan, escuchar el viento antes de que cambie el clima, agradecer a la tierra por lo que da— va tejiendo una pertenencia que no depende del pasado, sino de la presencia.
Comprendí que escapar no siempre significa irse lejos. A veces uno huye quedándose, construyendo distracciones para no escucharse. Pero la Patagonia no permite ese lujo. El silencio aquí es maestro. Te enfrenta. Te desnuda. Te pregunta quién eres cuando nadie te mira.
Hubo inviernos en los que quise partir. El frío parecía endurecerlo todo, incluso el ánimo. Sin embargo, cada vez que imaginaba marcharme, algo en mi interior se resistía. No era miedo; era reconocimiento. Como si esta tierra —con su mezcla de tradición criolla y sabiduría mapuche— me hubiera adoptado en un lenguaje que no necesita palabras.
El hogar, descubro ahora, no es el sitio donde todo es fácil. Es donde uno deja de luchar contra lo que es. Donde el viento deja de empujarte porque has aprendido a caminar con él. Donde tus sombras no necesitan disfraz.
Esta noche callada me revela que el verdadero escape era de mí mismo. Quería huir de mis propias grietas, de mis preguntas sin respuesta. Pero el río sigue fluyendo sin saber a dónde termina. Los árboles se inclinan sin quebrarse. La tierra recibe cada estación sin resistencia. ¿Por qué habría yo de ser distinto?
Cuando cesan los intentos de escapar, aparece una serenidad nueva. No la euforia de quien conquista, sino la calma de quien acepta. Y en esa aceptación, el paisaje deja de ser externo: comienza a habitarte.
El hogar se vuelve entonces un estado del alma.
Miro el cielo estrellado de febrero, limpio y profundo. Siento que pertenezco a este silencio tanto como el silencio me pertenece a mí. Ya no necesito huir. No porque todo esté resuelto, sino porque he entendido que la búsqueda no era geográfica, sino espiritual.
Quizás el viaje más enigmático no sea cruzar montañas o ríos, sino atravesar las propias resistencias hasta llegar a ese punto íntimo donde el corazón deja de correr.
Aquí, en Aluminé, en esta noche que parece suspendida fuera del tiempo, descubro que el hogar no es un origen ni un destino. Es el instante preciso en que el alma deja de escapar… y decide quedarse.