En "Sundowner", Guido Negraszus construye un álbum crepuscular que invita a escuchar con calma. Las piezas avanzan como paisajes que cambian de color al caer el sol, combinando sensibilidad melódica con una producción cuidada. Hay una sensación de tránsito: momentos íntimos, otros expansivos, todos unidos por una coherencia sonora que evita el exceso. Negraszus privilegia el clima por sobre el virtuosismo, y logra que respire, dejando espacio para la contemplación. El disco no busca impactar de inmediato, sino acompañar, crecer con las escuchas y revelar matices sutiles. "Sundowner" funciona como banda sonora para el final del día, un trabajo honesto y envolvente que confirma una identidad artística definida, que dialoga con la noche urbana y la introspección personal.
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