Jesse Brown - December (2012)

"December" de Jesse Brown es un álbum instrumental que reúne quince arreglos de piano en solitario de clásicos navideños e invernales, grabados por el compositor y pianista canadiense Jesse David Brown. El disco incluye versiones íntimas y meditativas de villancicos como O Holy Night, Silent Night y We Three Kings, explorando melodías tradicionales con una sensibilidad serena y emotiva. "December" se caracteriza por su carácter contemplativo y tranquilo, ideal para acompañar momentos de calma durante la temporada festiva. Este trabajo refleja la dedicación de Brown al piano y su enfoque en reinterpretar música conocida con sutileza y elegancia con piezas introspectivas que evocan la calma y la nostalgia propias de la Navidad.

Jesse Brown - December (2012)

01. O Holy Night
02. Angels We Have Heard On High
03. The First Noël
04. What Child Is This
05. Lo, How a Rose E'er Blooming
06. 'twas in the Moon of Wintertime (the Huron Christmas Carol)
07. Shchedryk
08. God Rest Ye Merry, Gentlemen
09. O Come, All Ye Faithful (Adeste Fideles)
10. Silent Night
11. We Three Kings
12. O Come, O Come Emmanuel
13. It Came Upon the Midnight Clear
14. O Tannenbaum
15. Silent Night Blue

Duración total: 45:36 min. 

Comentarios

  1. 🌊 Navidad en Aluminé: la ola que recuerda al Océano

    Vivo en Aluminé, donde la Navidad no llega envuelta en vitrinas ni en apuros, sino en el murmullo del río y en el perfume de los pinos tibios por el sol de diciembre. Aquí, cuando el año se inclina hacia su cierre, el tiempo parece aflojar su nudo y nos permite escuchar algo más antiguo que las campanas: un pulso. Quizás sea el mismo pulso del que hablaba Alan Watts cuando decía: “Eres algo que el Universo entero hace, tal como la ola es algo que el Océano entero hace.”

    En estas fechas, mientras la luz se estira hasta bien entrada la tarde y la noche llega despacio, esa frase deja de ser una idea y se vuelve experiencia. El río Aluminé no “pasa”: ocurre. No es un objeto frente a mis ojos; es un gesto continuo del paisaje, una acción viva. Y entonces me pregunto: ¿no será que yo también ocurro, del mismo modo? ¿Que no estoy “en” el mundo, sino siendo hecho por él, instante a instante?

    La Navidad suele hablarnos de nacimientos extraordinarios, pero a veces olvidamos el más cercano: el nacimiento constante de lo que somos ahora. No el yo fijo, repetido, cansado de sus propias historias, sino este yo que emerge como una ola: sin separarse jamás del Océano que la hace posible. La ola no se pregunta si merece existir, ni compite con las otras olas, ni se reprocha por romper demasiado pronto. Simplemente se levanta, danza un momento bajo el sol y regresa. Su belleza está en esa entrega.

    En Aluminé, cuando el viento baja de la cordillera y mueve las ramas como si afinara un instrumento invisible, comprendo que la autoayuda más profunda no siempre consiste en “mejorarse”, sino en recordarse. Recordar que no estamos fallados, sino distraídos. Distraídos creyendo que somos entidades aisladas, luchando solas contra un mundo ajeno. Distraídos de nuestra pertenencia.

    La época navideña, con su mezcla de alegría y nostalgia, suele amplificar nuestras grietas. Aparecen las ausencias, los balances, las preguntas que no tuvieron respuesta durante el año. Pero ¿y si esas grietas fueran, como en la cerámica antigua, los lugares por donde entra el oro? Si somos algo que el Universo hace, entonces también nuestros quiebres forman parte de su música. No hay error en una ola que se curva de un modo inesperado; hay expresión.

    Superarse no sería entonces forzarse a ser otra cosa, sino permitirse fluir con mayor conciencia. Dejar de empujar el río y empezar a escucharlo. Aceptar que hay ciclos: crecidas y bajantes, silencios y torrentes. La Navidad, vista así, no exige perfección: invita presencia. Estar aquí, en este punto exacto del cauce, respirando junto al bosque y al cielo amplio de la Patagonia.

    Cuando cae la noche buena y las estrellas se multiplican sobre Aluminé, siento que cada una es como una nota en una partitura infinita. MusiK EnigmatiK no es solo un nombre: es la manera en que el espíritu se expresa cuando dejamos de imponerle un ritmo y nos atrevemos a escucharlo. El viaje más allá del crepúsculo no es huir del mundo, sino atravesarlo con otros ojos.

    Tal vez esta Navidad el verdadero regalo sea sencillo y radical: reconocernos como ola sin miedo a disolverse, confiando en el Océano que nos sostiene. Saber que, aunque no controlemos la marea, somos parte de su danza. Y que, al recordarlo, algo en nosotros descansa.

    Porque sentirse vivo, en el fondo, no es acumular logros ni certezas, sino sentir —aunque sea por un instante— que el Universo respira a través nuestro. Como el río. Como el viento. Como esta Navidad que ocurre, aquí y ahora, en Aluminé.

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