Back to Earth - Hidden Treasures I (2020)

Back to Earth es un dúo de músicos de Liechtenstein afincado en Suiza, formado por los hermanos Thomas y Bruno Hasler. Los dos hermanos tocan música desde su infancia. Grabaron alrededor de 80 canciones instrumentales en su propio estudio antes de lanzar su primer CD en 1990. Desde 1986, los dos músicos tocan música instrumental meditativa bajo el nombre “Back to Earth”. Su álbum debut First fue lanzado en 1990, pero tuvieron que esperar hasta su tercer álbum From Deep Inside para lograr su gran éxito. Su cuarto CD, Rivers of Life, alcanzó el número 6 en las listas suizas y permaneció allí durante 20 semanas. Sus álbumes posteriores entraron regularmente en las listas de éxitos y fueron galardonados con el oro, y From Deep Inside y Rivers of Life incluso fueron platino.

Back to Earth - Hidden Treasures I (2020)

01. Broken Silence (Moonlight Mix)
02. The Dignity of Nature
03. When Angels Smile
04. Addicted to You
05. Jakaranda
06. The Lakes of Killarney
07. Back to Earth
08. The Walk
09. Indian Summer Breeze (Moonlight Mix)
10. Earthwinds (Reworked)
11. Reaching for the Stars (Reworked)
12. Tender Love Waltz
13. The Journey to Island B. One
14. Walking the Endless Mile
15. Promise to Your Heart (Remastered)

Duración total: 74:57 min.

Comentarios

  1. Lo que importa no es qué te sucede, sino cómo reaccionas ante ello. —Epicteto.

    ResponderEliminar
  2. 🌒 Donde el alma decide la forma del incendio

    Hay noches en las que el universo parece cerrar todas sus puertas al mismo tiempo. El viento cambia de dirección, los nombres se vuelven eco, y aquello que creíamos eterno se deshace silenciosamente entre las manos como ceniza antigua. Entonces miramos al cielo buscando respuestas, sin comprender que el verdadero misterio nunca estuvo arriba, sino dentro de nosotros.

    He pensado muchas veces en aquella frase de Epicteto: “Lo que importa no es qué te sucede, sino cómo reaccionas ante ello.” Y mientras más camino por los corredores invisibles del espíritu, más descubro que la vida no es una sucesión de acontecimientos, sino un espejo sagrado donde el alma revela su verdadera naturaleza.

    Porque el dolor llega. Siempre llega.

    Llega disfrazado de despedida, de traición, de incertidumbre o de un silencio que pesa más que cualquier palabra. Nadie atraviesa este mundo sin beber alguna vez de la copa amarga de lo inexplicable. Sin embargo, existe una diferencia secreta entre quienes se hunden en la oscuridad y quienes aprenden a mirar en ella.

    La reacción.

    Ese instante diminuto donde nadie nos observa, donde el espíritu elige si romperse… o transformarse.

    He conocido personas que fueron destruidas por pequeñas tormentas, y otras que atravesaron infiernos enteros llevando una extraña luz en los ojos. No era fortaleza. Tampoco resignación. Era algo más profundo. Una comprensión casi mística de que ningún acontecimiento posee un significado definitivo hasta que el corazón decide qué hacer con él.

    Quizá ahí reside uno de los mayores enigmas de la existencia.

    No controlamos el movimiento de las estrellas, ni el tiempo, ni las pérdidas, ni los giros inesperados del destino. Pero existe un territorio inviolable donde ninguna sombra puede gobernarnos completamente: la manera en que respondemos al caos.

    Y esa respuesta es un acto espiritual.

    Cada reacción es una puerta.

    Algunas conducen al resentimiento, otras a la expansión. Algunas nos convierten en piedra; otras, en fuego consciente. Lo inquietante es que muchas veces creemos reaccionar al mundo, cuando en realidad el mundo solo está revelando lo que dormía dentro de nosotros desde hace siglos invisibles.

    Hay almas que reaccionan con odio porque viven atrapadas en heridas antiguas. Otras reaccionan con compasión porque comprendieron que incluso el sufrimiento puede convertirse en un maestro silencioso.

    Nada de esto significa aceptar el dolor con pasividad. El espíritu no vino a esta tierra para fingir que no siente. Vinimos a aprender el arte alquímico de transformar la experiencia.

    Convertir la caída en visión.

    La pérdida en profundidad.

    La incertidumbre en conciencia.

    Y quizá por eso los momentos más oscuros poseen una extraña belleza que solo puede verse después del derrumbe. Como si el universo necesitara apagar ciertas luces para que pudiéramos descubrir otras.

    A veces imagino que cada ser humano camina acompañado por una versión invisible de sí mismo. Un espíritu antiguo que observa nuestras decisiones en silencio. No juzga nuestros errores ni nuestras lágrimas. Solo contempla cómo reaccionamos cuando el crepúsculo toca la puerta.

    Porque ahí, exactamente ahí, comienza el verdadero viaje.

    No cuando todo está bien.

    No cuando el mundo nos sonríe.

    Sino cuando la vida nos empuja hacia lugares insospechados más allá del crepúsculo, donde ya no sirven las máscaras ni las certezas humanas.

    Es en esos territorios donde descubrimos quiénes somos realmente.

    Y tal vez la evolución espiritual no consista en evitar las tormentas, sino en aprender a caminar dentro de ellas sin perder el centro del alma.

    Hay un fuego sagrado escondido en cada reacción consciente. Un fuego que no destruye, sino que ilumina. Cuando dejamos de preguntarnos “¿Por qué me ocurre esto?” y comenzamos a preguntarnos “¿Qué parte de mí está naciendo a través de esto?”, algo cambia profundamente.

    La oscuridad deja de ser enemiga.

    El dolor deja de ser castigo.

    Y el destino deja de parecer un accidente.

    ResponderEliminar
  3. Entonces comprendemos que la vida entera era un umbral.

    Un tránsito misterioso hacia una versión más despierta de nosotros mismos.

    Quizá por eso algunas heridas terminan convirtiéndose en portales.

    Y algunos finales… en el inicio secreto de un viaje con el espíritu.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario