Bernward Koch nos comenta quién o qué le inspiró a dedicarte a la música: "La música en sí, el entusiasmo por ella, es algo que se mantiene. Cuando eres mayor y tienes el entusiasmo por la música de un adolescente, es algo maravilloso que combina el trabajo con la diversión." Y agrega sobre su lenguaje compositivo y estilo musical: "Es una mezcla de mi vida, desde la infancia hasta la actualidad. Puede ser una canción infantil, una canción folk, una canción de inspiración pop, rock, jazz o clásica. De alguna manera encontré mi propio estilo, la música tiene que respirar. Pero para ser sincero, no sé por qué surgió, simplemente surgió. Vivimos tiempos estresantes. Si mi propia música me tranquiliza después de un largo y duro día de trabajo en el estudio, lo mismo le ocurre al público."
Bernward Koch - Silent Leaves (Single) (2021)
01. Silent Leaves
Duración total: 03:59 min.
01. Silent Leaves
Duración total: 03:59 min.
%20(2021).jpg)
La mejor manera de predecir el futuro es crearlo. —Alan Kay.
ResponderEliminar🌿 La melodía que el viento dejó en mí
ResponderEliminarHay momentos en los que siento que el mundo intenta decirnos algo, pero lo hace en un idioma antiguo, tejido entre silencios, sombras y destellos que apenas alcanzamos a percibir.
No siempre estamos preparados para escucharlo.
Vivimos rodeados de ruido, persiguiendo respuestas que parecen esconderse detrás de cada horizonte. Sin embargo, algunas verdades no se encuentran avanzando más rápido, sino deteniéndose lo suficiente para escuchar lo que siempre estuvo ahí.
Hace tiempo imaginé un bosque que no aparece en ningún mapa. No pertenece a ningún país ni puede encontrarse siguiendo senderos conocidos. Existe en otro lugar: en ese espacio secreto donde habitan los recuerdos olvidados, los sueños que nunca contamos y las preguntas que aún no tienen nombre.
En el centro de ese bosque crece un árbol milenario.
Su tronco guarda las marcas de incontables amaneceres. Sus raíces se hunden tan profundamente que parecen abrazar el corazón mismo de la tierra. Y cada noche, cuando la luna alcanza la altura exacta sobre su copa, ocurre algo extraordinario.
Las hojas comienzan a cantar.
No es un canto que pueda registrarse ni explicarse. No tiene palabras, pero dice todo. No tiene forma, pero transforma. Sólo pueden escucharlo aquellos que llegan sin prisa, sin expectativas, sin la necesidad de conquistar ningún misterio.
Aquellos que simplemente se sientan y permanecen.
Durante mucho tiempo pensé que ese árbol era una leyenda. Una hermosa historia creada para consolar a quienes buscan sentido. Pero un día comprendí algo diferente.
El bosque soy yo.
El árbol también.
Y la canción ha estado sonando desde siempre.
Cada experiencia vivida, cada herida, cada alegría inesperada y cada despedida dejaron una hoja en mis ramas. Algunas brillan bajo la luz de la conciencia. Otras permanecen ocultas entre sombras que todavía estoy aprendiendo a comprender.
Sin embargo, todas forman parte de la misma melodía.
A veces creemos que estamos perdidos porque no encontramos el camino. Pero quizá la pérdida no sea ausencia de dirección. Quizá sea una invitación a descubrir una dirección más profunda.
Porque existe una diferencia entre caminar para llegar a algún lugar y caminar para recordar quién eres.
El universo parece amar los enigmas.
Las estrellas nacen en la oscuridad.
Las semillas florecen bajo tierra.
El amanecer surge después de la noche.
Y las respuestas más importantes suelen aparecer cuando dejamos de perseguirlas.
Hay una sabiduría silenciosa que habita dentro de cada ser humano. No grita. No exige atención. Espera pacientemente detrás de nuestras preocupaciones, detrás de nuestras certezas, detrás de las historias que contamos sobre nosotros mismos.
Es como una llama pequeña.
Una luz que no depende del viento.
Una presencia que permanece incluso cuando todo cambia.
Tal vez eso sea lo que escuchan quienes llegan al árbol milenario. No una canción proveniente de las hojas, sino el eco de algo que siempre existió en su interior.
Un recuerdo.
La memoria de una verdad olvidada.
La certeza de que no estamos separados del misterio, sino hechos de él.
Cuando cierro los ojos e imagino aquel bosque, siento que el viento todavía atraviesa sus ramas. Lleva consigo una melodía suave, imposible de retener por completo. Y sin embargo, cada vez que la escucho, algo dentro de mí despierta.
No una respuesta.
No una explicación.
Sino una presencia.
Y entonces comprendo que la vida no consiste en descifrar todos los secretos, sino en aprender a convivir con ellos. En permitir que nos transformen. En confiar en que algunas puertas sólo se abren cuando dejamos de golpearlas.
Quizá por eso ciertos lugares, ciertas personas y ciertos instantes parecen tan familiares aunque nunca los hayamos conocido antes.
Tal vez son fragmentos de esa misma canción.
Notas dispersas que el universo deja a nuestro paso para recordarnos quiénes somos.
Y si alguna vez sientes que el mundo se ha vuelto demasiado complejo, demasiado rápido o demasiado distante, recuerda el árbol invisible del bosque sin nombre.
ResponderEliminarRecuerda que hay melodías que sólo pueden escucharse desde la quietud.
Recuerda que dentro de ti existe una llama antigua que ninguna tormenta puede apagar.
Y cuando el viento vuelva a susurrar desde algún rincón olvidado, no busques entenderlo.
Escúchalo.
Porque quizás ese susurro no viene hacia ti.
Quizás viene desde ti.