John Tesh - Grand Piano Romance (2010)

Después de más de tres décadas como artista internacional, la carrera discográfica y de conciertos en vivo de John Tesh continúa prosperando en la actualidad. En "Grand Piano Romance", el amado pianista, compositor y presentador de radio y televisión ganador de grandes premios recuerda su vida y su carrera a través de música, imágenes y divertidas anécdotas. Ya sea al piano solo, con una 'big band' de 12 piezas o una orquesta de 80 piezas, la capacidad de John Tesh para crear un viaje único para los fanáticos de los conciertos con música y narraciones lo ha llevado desde el Anfiteatro Red Rocks y el Coliseo de Roma hasta Carnegie Hall y el Centro Kennedy. La popularidad constante de Tesh como locutor de televisión y radio solo ha amplificado la conexión personal con su leal tribu de fanáticos.

John Tesh - Grand Piano Romance (2010)

01. Polar Express
02. Shape of My Heart
03. Sonata di Roma
04. Halcyon Days
05. In Your Eyes
06. Monday's Mission
07. I Will Be Here
08. The Homecoming
09. Can't Live a Day
10. Desert Rose
11. Key of Love
12. Song for Prima

Duración total: 53:48 min.

Comentarios

  1. La vida es como el océano: siempre busca derribar nuestras estrecheces, que comprometen su libertad e inmensidad.

    —John Welwood

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  2. 🌱 El árbol que olvidó quién plantó sus raíces

    Cuentan que, más allá de los caminos conocidos, existía un bosque donde cada árbol guardaba en su interior la memoria de quien había sembrado su primera semilla. Todos, excepto uno.

    Aquel árbol había crecido más alto que los demás. Sus ramas tocaban las nubes, sus hojas parecían escuchar los secretos del viento y bajo su sombra descansaban viajeros que llegaban desde tierras lejanas.

    Muchos se acercaban para admirarlo.

    —Qué árbol tan extraordinario —decían—. Su grandeza no tiene igual.

    Pero el árbol permanecía en silencio. No sabía responder a los elogios, porque había olvidado el rostro de quien lo había plantado.

    Una noche de luna llena, un pequeño pájaro se posó sobre una de sus ramas y preguntó:

    —¿No te enorgullece que todos vengan a contemplarte?

    El árbol respondió:

    —Durante mucho tiempo creí que mi valor estaba en la altura de mis ramas. Pero una noche escuché a mis raíces susurrar y comprendí que mi mayor misterio no está en cuánto alcanzo, sino en aquello que me sostiene y no se ve.

    El pájaro inclinó la cabeza.

    —¿Y quién plantó tus raíces?

    El árbol guardó silencio. Entonces una brisa antigua recorrió el bosque y dejó caer una pequeña semilla sobre la tierra.

    En ese instante recordó.

    No recordó un nombre, ni un rostro, ni una historia. Recordó una intención: alguien había sembrado sin saber si algún día descansaría bajo su sombra. Había entregado una semilla al misterio, confiando en que la vida haría su parte.

    Desde entonces, el árbol dejó de preguntarse cuántos admiradores tenía. Sus ramas siguieron creciendo, pero ya no buscaban tocar el cielo para ser vistas, sino abrirse para recibir la luz y compartirla.

    Los viajeros continuaron llegando, pero encontraron algo diferente. Ya no veían solamente un árbol majestuoso; percibían una presencia serena que parecía decirles que todo lo verdadero nace de una entrega silenciosa.

    Y comprendí que muchas veces buscamos conocer quién recoge nuestros frutos, quién recuerda nuestros esfuerzos o quién pronuncia nuestro nombre. Pero la semilla más pura no nace para recibir aplausos: nace porque la vida desea expresarse a través de ella.

    Porque aquello que se entrega con amor no desaparece cuando dejamos de mirarlo. Echa raíces en lugares invisibles y continúa floreciendo mucho después de que nuestras huellas se hayan borrado del camino.

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