Flight Of The Raven - Diane & David Arkenstone [Ah*Nee*Mah] - The Spirit Of Mesa Verde (2000)

El legado de una gran cultura se encuentra en el Parque Nacional Mesa Verde. Hay una energía y presencia distintas que llenan de asombro al visitante. También se han recuperado muchos artefactos y tesoros que nos permiten echar un vistazo a la vida cotidiana de esta civilización temprana. A medida que uno explora las ruinas y sus alrededores, es fácil imaginar la civilización que habitó estas mesas. Esta música está destinada a ser un homenaje respetuoso a este santuario más significativo y poderoso de una cultura que alguna vez fue grandiosa. El dúo de los Arkenstone, Ah*Nee*Mah, crea hermosos paisajes sonoros en la guitarra, teclados, percusión, flauta, violín y viola que se deslizancomo una lluvia suave y refrescante.


Diane & David Arkenstone [Ah-Nee-Mah] - The Spirit of Mesa Verde (2000)

01. Flight of the Raven
02. Spirit Dance
03. The Painted Cave
04. The Watchtower
05. Winds of Time
06. Sacred Ground
07. Stories in the Stone
08. Palace in the Cliffs
09. Kiva Ceremony
10. Shadows of the Centuries

Duración total: 58:14 min.

Comentarios

  1. "No seas orgulloso. En serio, no merece la pena. Haz las cosas porque salen de ti, porque te salen de dentro y lo sientes de corazón. Jamás por orgullo. No tienes nada que demostrar a nadie."

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  2. 🦅 El cóndor que aún recuerda las estrellas

    Esta mañana, en Aluminé, vi un cóndor abrir sus alas sobre las montañas nevadas. No parecía volar de un lugar a otro. Parecía regresar a un sitio que solo él podía recordar.

    Entonces comprendí la antigua historia que los abuelos susurraban junto al fuego: hubo un tiempo en que los cóndores descendieron desde arriba, acompañando a los primeros espíritus que buscaban un lugar donde aprender el lenguaje de la Tierra. No traían mapas; traían memoria.

    Cada valle donde se detenían les ofrecía abrigo, pero siempre ocurría algo que los invitaba a continuar. El río cambiaba su canto, el viento señalaba otra cumbre o el horizonte despertaba una pregunta más grande que la respuesta encontrada. Así entendieron que el hogar no era un sitio donde quedarse, sino una forma de caminar en armonía con todo lo que vive.

    Desde entonces, dicen, el cóndor nunca dejó de mirar hacia el cielo mientras acaricia la Tierra con su sombra. Sabe que quien olvida de dónde viene termina creyendo que una sola montaña contiene el universo.

    Quizás por eso nosotros contamos historias. No para encerrar la verdad en palabras, sino para mantener despierta la memoria del viaje. Cada relato abre una puerta invisible hacia ese origen que el corazón reconoce antes que la razón.

    Mientras observaba al cóndor perderse entre las cumbres blancas, sentí que no era él quien buscaba el cielo. Era el cielo quien, a través de su vuelo, seguía llamando a quienes aún desean recordar.

    Y comprendí que el Gran Espíritu no siempre responde con una voz. A veces extiende unas alas sobre la nieve y nos recuerda, en silencio, que cambiar de horizonte no es alejarse del origen, sino acercarse, paso a paso y vuelo a vuelo, al misterio del que alguna vez nacimos.

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