De acuerdo con una parábola, una suave brisa es más bienvenida que una poderosa tormenta. Lo mismo sucede con estas composiciones de Bernward Koch, aunque dentro de su naturaleza gentil está contenida una esencia espiritual. Impulsado
por la ensoñación reflexiva, con melodías de piano emotivas, Bernward Koch crea
tapices de instrumentación suave y líneas melodiosas. El efecto al escucharlas, es sentir a nuestro espíritu ser acariciado por una suave brisa de esperanza. "Gentle Spirit (Espíritu Gentil)" comienza con "The Treasure (El tesoro)", una pieza suave para piano con percusión ligera y teclados que establece el tono sereno del álbum. Música tranquila para la relajación y momentos de tranquilidad.
Bernward Koch - Gentle Spirit (2009)
01. The Treasure
02. Immortal Thoughts
03. Get Free
04. Poignant Memory
05. Fragrant Way
06. Farewell, My Friend
07. An Evening Walk
08. Under Trees
09. A Time Ago
10. An Ancient Dance
11. Song of a Young Tree
12. Back to Myself
13. A Little Ode
14. Multi-Colored Windows
15. A Shimmer of Leaves
Duración total: 55:19 min.

Precioso.Los sones son como una brisa fresca en este día medio nublado (gracias a Dios) por esto lares....
ResponderEliminarEspíritu envolvente de suavidad y amor....Qué bello Neto!!!!!!!!!!....Estos autores que nos haces conocer nos deleitan el alma...Me hacen viajar sin mochila, paracaídas, máscaras ni paraguas..Gracias!!! Que tengamos un día maravilloso!!!!
Gracias Susana por tus palabras! Sos muy generosa!
ResponderEliminarBernward Koch es un artista que me gusta mucho, es muy alegre en sus composiciones... Hace más de 20 años he conseguido sus primeros albumes, pero ahora estoy descubriendo su discografía! De a poco seguiremos compariendo más de su música, por ahora a disfrutar de este "Tesoro"!
🌿 El Anciano del Pehuén y las Diez Mil Huellas del Viento
ResponderEliminarCuentan los antiguos que, en las tierras donde el bosque conversa con las montañas y el río guarda la memoria de los primeros tiempos, vivía un joven buscador de sabiduría junto a un anciano cuidador del pehuén.
El joven había pasado muchos ciclos de la luna intentando encontrar una semilla capaz de crecer en una tierra considerada imposible. Cada día sembraba una nueva, pero cada intento terminaba en silencio: algunas no germinaban, otras eran llevadas por el agua y otras simplemente regresaban a la tierra sin mostrar su secreto.
Una tarde, cansado y con el corazón lleno de dudas, el joven se acercó al anciano y dijo:
—He fallado miles de veces. Quizás la tierra me está diciendo que abandone este camino.
El anciano miró hacia el bosque y escuchó durante largo rato el lenguaje invisible de los árboles.
Luego tomó un puñado de tierra entre sus manos y respondió:
—¿Acaso el río fracasa cuando una piedra desvía su camino? ¿Acaso el cóndor fracasa cuando una corriente de aire lo obliga a cambiar de dirección? La naturaleza no conoce la derrota; solo conoce los mensajes que aparecen en el sendero.
El joven guardó silencio.
El anciano continuó:
—Cada semilla que no brotó te enseñó una palabra secreta de la Madre Tierra. Cada raíz que no encontró su camino te mostró dónde no estaba la vida. No has perdido mil intentos; has recibido mil enseñanzas.
Después llevó al joven hasta un antiguo árbol de pehuén que parecía tocar las estrellas.
—Mira este árbol —dijo—. Antes de convertirse en guardián del bosque, también fue una pequeña semilla escondida bajo la oscuridad. La semilla no sabía que debía romper su propia forma para encontrar la luz. Si hubiera temido transformarse, jamás habría conocido el cielo.
Aquella noche, bajo el resplandor de Küyen, la luna protectora, el joven comprendió que los espíritus de la naturaleza nunca hablan de fracasos. Hablan de equilibrio, de aprendizaje y de caminos que se revelan paso a paso.
Desde entonces, cuando una puerta se cerraba frente a él, no inclinaba la cabeza con tristeza. Escuchaba el mensaje oculto en el silencio y preguntaba:
—¿Qué viene a enseñarme este camino que no pudo abrirse?
Y con los años se convirtió en un sabio del bosque, porque había descubierto un antiguo secreto:
El ser humano no se mide por las veces que cae, sino por la sabiduría que recoge de cada caída.
Porque para quien camina en armonía con la Tierra, ningún intento se pierde. Cada huella, incluso la que parece equivocada, conduce al lugar donde el espíritu debía aprender.