“Narada World: A Global Vision” es una ambiciosa recopilación de varios artistas publicada por el sello Narada en 1997, que reúne 29 pistas repartidas en dos discos con más de dos horas de música. Este álbum celebra la visión global de Narada al ofrecer una mezcla ecléctica de estilos musicalmente diversos que van desde ritmos celtas y latinos hasta fusiones africanas, asiáticas y sonidos indígenas contemporáneos. La selección no se ciñe estrictamente a un solo género, más bien explora un puente sonoro entre lo tradicional y lo moderno, creando una experiencia accesible para el oyente curioso. Con interpretaciones de artistas como Jesse Cook, Richard Warner y Hans Zimmer, este doble CD funciona tanto como introducción al mundo como homenaje a la riqueza multicultural de Narada.
Various Artists - Narada World: A Global Vision CD1 (1997)
01. Jesse Cook - Baghdad
02. Samite - Wasuze Otya
03. Carlos Guedes - Cactus de Paraguana
04. Shelley Phillips - Planxty Burke-Planxty Drew
05. Mary McLaughlin - Sealwoman-Yundah
06. Bill Miller - Wind Spirit
07. Michael Whalen - The Cheetah Hunt
08. Nando Lauria - Back Home
09. Alasdair Fraser - The Road North
10. Ancient Future - Ladakh
11. Miguel de la Bastide - Viajero
12. Rumillajta - Cielo y Montana
13. Richard Warner - Water
14. Scartaglen - Chuaigh Me 'Na Rosann
15. Hans Zimmer - The Journey Begins
Duración total: 59:30 min.
01. Jesse Cook - Baghdad
02. Samite - Wasuze Otya
03. Carlos Guedes - Cactus de Paraguana
04. Shelley Phillips - Planxty Burke-Planxty Drew
05. Mary McLaughlin - Sealwoman-Yundah
06. Bill Miller - Wind Spirit
07. Michael Whalen - The Cheetah Hunt
08. Nando Lauria - Back Home
09. Alasdair Fraser - The Road North
10. Ancient Future - Ladakh
11. Miguel de la Bastide - Viajero
12. Rumillajta - Cielo y Montana
13. Richard Warner - Water
14. Scartaglen - Chuaigh Me 'Na Rosann
15. Hans Zimmer - The Journey Begins
Duración total: 59:30 min.
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🌊 Entre el viento del lago y la sal del océano
ResponderEliminarEl último día de enero siempre tiene algo de despedida y algo de umbral. Hoy, mientras el sol cae manso detrás de los cerros de Aluminé, en la Provincia del Neuquén, siento que no soy exactamente el mismo que partió hace unas semanas rumbo al Atlántico. Veranear en Aguas Verdes deja una sal invisible en la piel y una pregunta latiendo en el pecho.
Aquí, en la Patagonia andina, la vida tiene el pulso del agua fría y transparente. Amanezco con el aroma a leña, el murmullo del viento entre los coihues y el saludo silencioso de las montañas que rodean el lago. Las costumbres son sencillas: el mate compartido mientras el sol apenas asoma, la caminata temprana bordeando el río Aluminé, el respeto casi sagrado por la tierra. El tiempo no corre: respira.
Allá, en cambio, el océano habla otro idioma. En Aguas Verdes el viento trae historias marinas, y la marea escribe y borra secretos en la arena húmeda. Allí aprendí a escuchar el horizonte. El mar no tiene límites visibles; obliga a mirar más allá de uno mismo. Cada ola parecía repetir una frase que regresaba como un mantra, inspirada en las palabras de Francis Bacon:
“A la ocasión hay que crearla, no esperar a que llegue.”
Durante años creí que la vida era una serie de estaciones inevitables: invierno de introspección, primavera de esperanza, verano de expansión. Pero este enero me enseñó algo distinto. No basta con esperar el deshielo. No basta con mirar el cielo aguardando una señal. La ocasión —esa chispa que transforma lo cotidiano en destino— es una llama que debemos encender.
Mientras escuchaba el álbum Narada World: A Global Vision de Varios Artistas comprendí que cada melodía es un puente invisible entre geografías y estados del alma. Los sonidos del mundo —percusiones lejanas, cuerdas etéreas, voces ancestrales— me recordaron que la Tierra entera es un solo latido expandido en múltiples formas.
En Aluminé, la creación de la ocasión puede ser tan simple como internarse en el bosque sin rumbo fijo y dejar que el silencio revele un mensaje. Puede ser animarse a hablar con el vecino sobre un sueño postergado. Puede ser escribir esa canción que lleva años aguardando en la memoria. Aquí, donde el cielo nocturno parece un manto bordado de estrellas intactas, uno entiende que la inmensidad no es algo que llega: es algo que se despierta.
En Aguas Verdes, crear la ocasión fue caminar descalzo al amanecer, antes de que la playa se llenara de voces, y prometerme que no dejaría que el miedo decida por mí. Fue mirar el mar como si fuera un espejo del inconsciente: profundo, cambiante, indomable. Allí supe que esperar el momento perfecto es como esperar que el mar se aquiete para siempre. La perfección no llega; se construye en el movimiento.
Hoy, 31 de enero, siento que el mes no termina: se transforma. El calendario es apenas un acuerdo humano; el verdadero cambio ocurre cuando elegimos actuar. Crear la ocasión es atreverse a dar un paso cuando nadie aplaude, cuando el resultado es incierto, cuando el viento patagónico sopla en contra. Es sembrar incluso en la aridez, confiando en que algo germinará.
La Patagonia me enseñó la paciencia. El océano, la audacia. Y la música, la integración de ambas. Entre el lago y el mar, entre la montaña y la espuma, comprendí que la vida es una travesía que exige participación consciente. No somos turistas del destino: somos co-creadores.
Quizás esa sea la verdadera visión global que susurra Narada World: cada cultura, cada paisaje, cada experiencia es una invitación a expandirnos. Pero la expansión no ocurre por inercia. Se decide. Se invoca. Se construye.
Esta noche, mientras el crepúsculo tiñe de naranja los cerros de Aluminé, preparo el mate y escucho el eco lejano de las olas que ya no están frente a mis ojos, pero siguen vibrando en mi interior. Comprendo que no necesito estar en la costa para sentir el mar, ni en la montaña para recordar el silencio. La ocasión está aquí, latiendo.
Crear la ocasión es un acto espiritual. Es confiar en que el universo responde cuando damos el primer paso. Es encender nuestra propia antorcha en medio del viento y caminar, aunque el sendero aún no exista.
ResponderEliminarY así, entre la sal y el bosque, entre la música y el misterio, el espíritu viaja más allá del crepúsculo.