"The Naked Piano: Elements" es un álbum de piano solo contemporáneo compuesto e interpretado por Gary Girouard, publicado en 2014 con 13 piezas que suman unos 52 minutos de música en el género new age y piano moderno. Gary Girouard explora temas universales como el amor, el paso del tiempo, la naturaleza y los sueños, buscando expresar “cosas que están en este mundo, pero no son de este mundo”. La crítica especializada ha destacado la riqueza tonal y la variedad emocional del álbum, que va de pasajes ligeros y alegres a momentos más profundos y contemplativos. Grabado con un piano de cola de alta calidad, "Elements" invita a la relajación y a la introspección, y ha sido nominado a varios premios importantes dentro del género de piano solo.
Gary Girouard - The Naked Piano, Elements (2014)
01. Water
02. Love
03. August
04. Miracles
05. Springtime
06. Footprints
07. Time
08. Winter_s Wonder
09. Sunshine
10. Enchanted Forest
11. Dreams
12. Cosmic Journey
13. Awakening
Duración total: 52:18 min.
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🌊 Cuando el silencio aprende a hablar
ResponderEliminarA mediados de enero, Aguas Verdes respira distinto. El calor no grita: ondula. La arena no quema: recuerda. El mar no irrumpe: insiste. Hay algo en este tramo del Partido de la Costa donde el tiempo se vuelve poroso, como si cada día tuviera pequeñas grietas por donde se filtra lo esencial. Veranear aquí no es escapar: es escuchar. Y escuchar, a veces, es la forma más valiente de hablar.
Vuelvo a la frase de David Steindl-Rast como quien regresa a una piedra conocida en la orilla: “Nuestras vidas comienzan a extinguirse el día en que guardamos silencio sobre las cosas que importan”. No habla del silencio como pausa necesaria —ese que afina el oído—, sino del silencio que abdica. El que calla por miedo, por comodidad, por cansancio. El que se disfraza de prudencia y termina siendo olvido.
En Aguas Verdes, el viento trae conversaciones que no sabíamos que habíamos postergado. El rumor del océano es una lección de insistencia amorosa: vuelve una y otra vez, no para imponerse, sino para recordar. El agua no grita su verdad; la repite. Y en esa repetición paciente hay un coraje que se parece al de decir lo que importa, incluso cuando la voz tiembla.
Elements, de Gary Girouard, suena como si el piano hubiera decidido quitarse la ropa para entrar al mar. En The Naked Piano, cada nota se expone sin artificio, como una huella en la arena antes de la marea. Escucharlo aquí, donde los cuatro elementos parecen sentarse a conversar al atardecer, es entender que la música también habla cuando nos atrevemos a dejarla ser. El piano no tapa el silencio: dialoga con él. Lo honra. Lo atraviesa.
El fuego del sol de enero cae recto, pero no quema cuando lo miramos sin huir. El aire salado afina la respiración. La tierra —esa franja humilde de médanos— sostiene sin pedir aplausos. Y el agua… el agua guarda historias que no son nuestras, pero nos reconoce igual. Elements no ilustra estos paisajes: los desnuda. Nos devuelve a la pregunta original: ¿qué callamos mientras creemos estar a salvo?
Hay silencios que se heredan. Silencios de sobremesa, de generaciones, de pueblos enteros. Silencios que se vuelven costumbre y luego identidad. Pero también hay silencios que se eligen para que algo más pueda nacer. La diferencia no siempre es evidente; se siente. Como cuando una melodía parece detenerse justo antes de caer en lo obvio y, en esa suspensión, dice más que mil palabras.
En este verano, el cuerpo aprende lo que la cabeza demora. Caminar descalzo sobre la arena enseña que el dolor avisa y la sensibilidad guía. Decir lo que importa funciona igual: duele un poco, despierta mucho, libera siempre. No se trata de hablar más, sino de hablar mejor. De afinar la intención como quien afina un piano al borde del mar, sabiendo que el aire salino desafina rápido lo que no está hecho con cuidado.
Para MusiK EnigmatiK, esta escucha es un gesto político del alma. Elegir no callar frente a lo que vibra verdadero. Permitir que la música sea un umbral y no un refugio. Elements propone una espiritualidad sin dogma: la del contacto. La del elemento que no se explica, se experimenta. La del piano desnudo que confía en que una sola nota, dicha a tiempo, puede abrir una grieta luminosa.
Quizás nuestras vidas no se extingan de golpe cuando callamos, pero sí se vuelven opacas. Como una tarde sin viento. Como un mar sin pulso. En Aguas Verdes, a mitad de enero, el paisaje nos ofrece una práctica simple y radical: escuchar lo que importa y decirlo con la honestidad de una tecla presionada sin adornos.
Que el silencio no sea tumba, sino cuna. Que la palabra no sea ruido, sino gesto. Y que, como en The Naked Piano, tengamos el valor de desnudarnos ante los elementos para recordar que vivir —de verdad— es participar de la conversación.