"Still Morning Light, Vol. II" de Wayne Gratz es un EP sereno y contemplativo que continúa la serie «Still Morning Light», concebida como una travesía musical hacia la calma y la renovación interior. Lanzado en octubre de 2025, el álbum reúne cinco piezas pianísticas originales que combinan melodías delicadas y atmósferas introspectivas propias del género new age. Cada tema en piano solo —como Red on Right Returning, My Go to Place y Sands of April— evoca diferentes matices de la luz matinal, desde la quietud suave hasta momentos más expansivos y luminosos. En conjunto, la obra ofrece una experiencia auditiva reposada y contemplativa, ideal para la meditación, el descanso o la reflexión personal.
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🌅 Cuando el silencio aprende a hablar
ResponderEliminarVeraneo en Aguas Verdes, Partido de la Costa, y hay algo en este lugar que no se deja atrapar por la prisa. No tiene nombre preciso: es una vibración leve, un acuerdo tácito entre el mar, los médanos y el cielo. Aquí, cuando amanece, la luz no irrumpe: se posa. Y en ese gesto suave, casi secreto, comprendo mejor la frase de Rumi: “Cierra tu mente y piensa. Cierra tus oídos y escucha.”
Cerrar la mente no es dejar de pensar, sino dejar de forzar. En vacaciones, lejos del ruido habitual, la mente empieza a aflojar su costumbre de mandar. Ya no enumera pendientes ni persigue resultados. Se vuelve amplia, como la playa cuando todavía no hay huellas. En ese espacio abierto, el pensamiento ya no es un monólogo ansioso, sino una percepción profunda. Pensar, entonces, se parece más a sentir.
Algo similar sucede con los oídos. El mar aquí nunca se calla, pero tampoco grita. Su sonido constante termina borrando la frontera entre afuera y adentro. Cuando cierro los oídos —no físicamente, sino en intención— empiezo a escuchar de otro modo: el pulso interno, la respiración, una memoria antigua que no usa palabras. Escuchar no es captar sonidos, es permitir que algo resuene.
En ese estado llega Still Morning Light Vol. II de Wayne Gratz como si no viniera de un parlante, sino del aire mismo. El piano no busca protagonismo; aparece con la misma humildad que el sol cuando asoma entre nubes bajas. Las notas no avanzan: se revelan. Cada una parece preguntar antes de sonar, y tal vez por eso encuentra siempre el lugar justo.
Mientras camino por la orilla temprano, con el mate todavía humeante y la arena fría bajo los pies, la música se vuelve un puente. No acompaña el paisaje: lo traduce. El piano dice lo que el mar insinúa, lo que el cielo calla, lo que el cuerpo sabe pero no explica. Hay melodías que no cuentan historias, sino estados del alma, y este EP habita ese territorio sutil.
Rumi hablaba desde el misterio, y la música de Gratz parece entenderlo sin necesidad de palabras. Cerrar la mente, cerrar los oídos: no como negación, sino como rito de acceso. Cuando dejamos de buscar sentido de manera compulsiva, el sentido aparece solo, como esas conchillas que la marea deposita sin aviso.
En Aguas Verdes, el tiempo se curva. Cinco minutos pueden ser eternos y una mañana puede contener toda una vida. La luz del amanecer —esa still morning light— no ilumina cosas: ilumina estados. Nos muestra cómo estamos, no dónde estamos. Y a veces lo que revela es un cansancio profundo; otras, una gratitud silenciosa; otras, una pregunta que no necesita respuesta.
Escuchar este álbum es aceptar la invitación a la lentitud. No hay clímax ni urgencia. Hay respiración. Hay pausa. Hay un recordatorio suave de que no todo debe resolverse. Que también existe una sabiduría en quedarse, en sostener el instante, en no avanzar.
Tal vez por eso esta música se entiende mejor en vacaciones, o en momentos de transición, cuando el alma está un poco descalza. Como en la playa, donde uno camina más atento al paso que al destino. El piano de Gratz no señala un camino: enciende una lámpara tenue y confía en que sabremos qué hacer con esa luz.
Rumi, el mar y el piano coinciden en algo esencial: lo verdadero no grita. Susurra. Y solo lo escucha quien se anima a cerrar lo que cree saber, para abrirse a lo que es.
Aquí, frente al Atlántico, con la mañana recién nacida, comprendo que pensar puede ser un acto de silencio y que escuchar, a veces, es la forma más profunda de entender.