"Same God" es un single lanzado por los músicos Greg Maroney y Brenda J Johnson. La canción se enmarca dentro de la música cristiana / gospel contemporánea. Aunque no hay abundante información editorial sobre su recepción o significado profundo, su título y estilo sugieren una exploración devocional centrada en la fe y la relación con lo divino, un tema recurrente en el trabajo de ambos artistas. El single forma parte de la continua producción espiritual y musical de Maroney y Johnson, quienes colaboran en proyectos que combinan elementos de inspiración religiosa y arreglos contemporáneos. El mismo aliento divino atraviesa cada nota, recordando que lo sagrado no cambia, solo se revela de distintas formas.
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🤍 La Lealtad del Mar
ResponderEliminarVeraneo en Aguas Verdes cuando el verano aún no se ha proclamado del todo. Los días comienzan temprano, con un sol tímido que se filtra entre los pinos y un silencio que no pide ser interrumpido. En este rincón del Partido de la Costa, donde la provincia de Buenos Aires se vuelve más lenta y más honda, la frase de Ortega y Gasset se posa como una verdad que no necesita explicación: “La lealtad es el camino más corto entre dos corazones.” Aquí, frente al mar, esa lealtad adopta formas invisibles.
La lealtad no siempre es fidelidad a otros; a veces es fidelidad al pulso interno que nos sostiene. El mar, en Aguas Verdes, es leal a su ritmo. No acelera para agradar ni se retira para castigar. Vuelve siempre, incluso cuando nadie lo mira. Esa constancia silenciosa me enseña que la lealtad no hace ruido: simplemente permanece. Como el latido que no vemos, pero sin el cual nada vive.
Camino por la orilla a primera hora. La arena está fría y el viento trae preguntas antiguas. Pienso en cuántas veces he sido desleal conmigo mismo, traicionando intuiciones por comodidad, silencios por miedo, verdades por aceptación. La lealtad, comprendo, no es rigidez; es coherencia. Es no abandonarse cuando el camino se vuelve incierto. Es seguir escuchando al corazón incluso cuando la mente duda.
El mar une sin tocar. Dos corazones también. No hace falta posesión, solo presencia. En esa cercanía sin invasión descubro que la lealtad acorta distancias porque elimina máscaras. No hay atajos falsos. Cuando uno es leal, no necesita explicarse demasiado. El vínculo se vuelve directo, casi sagrado. Como un hilo invisible que no se ve, pero sostiene.
Aguas Verdes, con sus calles tranquilas y su cielo amplio, invita a ese tipo de lealtad esencial. No exige nada. No promete nada. Y justamente por eso, entrega mucho. Me enseña que ser leal no es aferrarse, sino elegir permanecer sin obligación. Es quedarse cuando uno podría irse. Es escuchar cuando sería más fácil hablar. Es cuidar incluso cuando no hay testigos.
Al caer la tarde, el mar cambia de color. Sin embargo, sigue siendo el mismo. Entiendo entonces que la lealtad no impide la transformación; la acompaña. Dos corazones leales no se congelan en una promesa: caminan juntos, incluso cuando cambian. La lealtad es el acuerdo silencioso de no abandonarse en el proceso.
Aquí, al comienzo del verano, descubro que la lealtad es un acto espiritual. Un gesto invisible que acerca sin aprisionar. Un puente que no se ve, pero se siente. Y como el mar de Aguas Verdes, su mayor fuerza está en su constancia. Porque cuando hay lealtad, el camino entre dos corazones no solo es corto: es verdadero.