"Aerial Views", el álbum de Todd Mosby, presenta un paisaje musical etéreo que fusiona influencias del jazz contemporáneo, la música ambiental y la tradición india. Cada pieza está construida con gran sensibilidad melódica y una producción impecable que permite apreciar la claridad de su icónica guitarra Imrat. El disco invita a un viaje introspectivo, casi cinematográfico, donde las texturas se despliegan lentamente y generan una sensación de amplitud y serenidad. Mosby logra equilibrar virtuosismo y emoción, creando un sonido envolvente que conecta desde los primeros compases. "Aerial Views" se consolida así como una obra elegante, meditativa y profundamente inspiradora. Su propuesta destaca por un carácter contemplativo que invita a escuchar con atención cada matiz sonoro.
Todd Mosby - Aerial Views (2020)
01. Gliding
02. Across America
03. Aether
04. Earth & Sky
05. Into Starlight
06. Sylphs
07. Between the Clouds
08. Blue Horizons
09. To the Sky
10. Aerial Views
11. Solo Flight
12. Shining Lights
Duración total: 50:11 min.
01. Gliding
02. Across America
03. Aether
04. Earth & Sky
05. Into Starlight
06. Sylphs
07. Between the Clouds
08. Blue Horizons
09. To the Sky
10. Aerial Views
11. Solo Flight
12. Shining Lights
Duración total: 50:11 min.
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"Confía en ti mismo, y sabrás cómo tienes que vivir"
ResponderEliminarA finales de primavera, cuando los días en Aluminé se estiran como si quisieran rozar el verano y el aire huele a un verde recién despierto, me descubro caminando junto al río. El agua corre con un sonido que parece antiguo, como si recordara lo que nosotros olvidamos. En la superficie se reflejan fragmentos de cielo, nubes en constante viaje, y yo siento que algo de mí también quiere moverse, desprenderse, avanzar. Quizás por eso la frase de Goethe resuena tan fuerte estos días: “Confía en ti mismo, y sabrás cómo tienes que vivir.”
No siempre supe escucharme. La vida en la cordillera, con su silencio espeso y su viento obstinado, me enseñó que uno puede pasar años mirando hacia afuera, esperando señales, aprobaciones o mapas trazados por otros. Pero aquí, donde la naturaleza habla con voz firme, uno aprende a mirarse hacia adentro. A veces es incómodo: en el agua clara del río, el reflejo no solo muestra el rostro, sino también aquello que evitamos. Sin embargo, es en esa incomodidad donde germina la transformación.
Los mapuches dicen que cada ser posee un küme mongen, un buen vivir que brota cuando se honra lo propio. Y yo entiendo cada vez más que honrar lo propio no es un acto grandioso ni un logro que se cuelga en la pared. Es más bien un murmullo: una intuición suave, un impulso pequeño, la certeza que aparece en el pecho cuando todo alrededor guarda silencio. Esa certeza muchas veces contradice lo esperado, lo cómodo o lo que otros consideran correcto. Pero es auténtica, y por eso se vuelve guía.
Mientras observo las flores del notro descansar sobre las rocas, pienso en cuántas veces dudamos de nuestra propia voz porque no suena tan fuerte como quisiéramos. Pero la primavera demuestra que no hace falta gritar para renacer. Todo renace aquí en silencio: los brotes, los perfumes, los insectos diminutos que comienzan su ritual. Nada pide permiso; simplemente se despliega. Tal vez la confianza en uno mismo se parezca a eso: desplegarse sin pedir disculpas, sin esperar la circunstancia perfecta, sin negarse por miedo a equivocarse.
He aprendido que la duda es parte del camino, no su enemigo. La duda me acompaña cuando subo por los senderos que bordean el arroyo, cuando me detengo a escuchar el crujir del bosque, cuando siento que una decisión puede cambiar un destino entero. Pero también he aprendido que, si escucho con atención, aún por debajo de la duda existe un pulso. Ese pulso es mío, y confiar en mí mismo es, en esencia, seguirlo.
A veces lo siento como un fuego lento, otras como un susurro que se mezcla con el viento que baja del cerro. No importa la forma: siempre está. Incluso cuando creo haberlo perdido, regresa en las pequeñas cosas: en la calma que me invade después de elegir lo que realmente deseo, en la claridad que llega cuando dejo de complacer, en la libertad que aparece cuando acepto que mi vida es solo mía.
La cultura de estas tierras, tejida entre montañas y memoria ancestral, me recuerda que cada ser humano es un territorio sagrado. Nadie puede caminar tu sendero por ti; nadie puede escuchar la voz que te habla desde adentro. El viaje es personal, íntimo, a veces solitario… pero profundamente verdadero. Y cuando finalmente decides confiar, sucede algo extraordinario: comienzas a vivir con coherencia, con propósito, con una suavidad que abre puertas.
El crepúsculo llega a Aluminé con un destello rosado que tiñe el horizonte. Mientras el sol se esconde, siento que una parte de mí también se rinde: la parte que buscaba respuestas afuera. En su lugar aparece una paz simple, una certeza que no había reconocido antes. Quizás ahí está el misterio del que hablaba Goethe. No se trata de saberlo todo, sino de confiar lo suficiente como para seguir avanzando aunque el camino aún no esté iluminado.
Hoy, desde esta tierra donde la naturaleza parece hablar en enigmas, comprendo que vivir no es un destino, sino un escuchar constante. Y que, cuando confío en mí mismo, puedo sentir con claridad hacia dónde debo dirigirme, incluso más allá del crepúsculo.