José Luis Encinas - Best Of Narada New Flamenco Guitar (2003)

El flamenco se ha vuelto más visible últimamente, aumentando su estatus internacional, lo que podría ser, en parte, gracias al éxito mundial de los Gipsy Kings, aunque es el flamenco el que ha sido el centro de atención. Esta colección va para el lado más suave y menos abrasivo de la guitarra flamenca, sacando pistas de artistas talentosos en la lista del sello discográfico Narada como Jesse Cook, Oscar López y Willie & Lobo. Al mismo tiempo, es imposible no entusiasmarse con ellos: son el equivalente flamenco del jazz suave. Incluso artistas como José Luis Encinas y Miguel de la Bastideno acelerarán los corazones de los puristas lo suficientemente agradable para la música de fondo, pero a nivel artístico, es todo lo que puede ser.


02. Oscar Lopez - The Flight Of The Flamingo
03. Jos Luis Encinas - Huracán Rumba 
04. Jesse Cook - Paloma
05. Chuscales - Gloria Bendita
06. Willie & Lobo - Seven Veils
07. Jose Luis Encinas - Luna De Fiesta
08. Oscar Lopez - The Flavor
09. Jesse Cook - Rattle And Burn
10. Miguel De La Bastide - Torrecillo Del Leal
11. Chuscales - Rumba Peligrosa (Dangerous Rumba)
12. Jesse Cook - Mario Takes A Walk
13. Oscar Lopez - Rosa Rose
 
Duración total: 55:22 min.

Comentarios

  1. "El viaje y el cambio de lugar imparten un nuevo vigor a la mente". - Séneca

    Cuando viajo, puedo darle a mi mente algo nuevo y emocionante para enfocarme. Los estudios dicen que debemos seguir aprendiendo para que nuestras mentes prosperen.

    ResponderEliminar
  2. 🧭 El humo que también viaja

    Vivo en Aluminé, donde los días parecen suspendidos entre montañas antiguas y cielos que no terminan nunca. Esta tarde, mientras fumo mi pipa y observo cómo el humo se deshace en figuras caprichosas, recuerdo la sentencia de Séneca: “El viaje y el cambio de lugar imparten un nuevo vigor a la mente.”

    Y me pregunto: ¿cuántos viajes caben en un solo instante?

    Hay quienes creen que viajar es trasladar el cuerpo de un punto a otro del mapa. Cambiar de paisaje. Sellar un pasaporte. Pero aquí, en la quietud patagónica, he aprendido que el verdadero viaje comienza cuando algo dentro de nosotros se desplaza. Cuando una idea nueva irrumpe como viento fresco entre pensamientos repetidos. Cuando el alma se atreve a mirar lo cotidiano con ojos recién nacidos.

    El humo de mi pipa asciende como si también quisiera explorar otras alturas. Se enrosca, duda, se disuelve. Ninguna bocanada es igual a la anterior. Tal vez ahí radique el secreto: todo cambia, incluso lo que parece idéntico. El viaje no siempre exige distancia; exige conciencia.

    Dicen los estudios que debemos seguir aprendiendo para que nuestras mentes prosperen. Que el cerebro necesita desafíos, estímulos, rutas nuevas. Pero más allá de la ciencia —que honra el misterio desde su propio lenguaje— hay una intuición antigua: la mente se marchita cuando se aferra a certezas rígidas. Se expande cuando se expone al asombro.

    Viajar, entonces, puede ser leer un libro que contradiga nuestras convicciones. Escuchar una música que nos descoloque. Conversar con alguien que mire el mundo desde otra orilla. O simplemente caminar por un sendero distinto al habitual, permitiendo que el paisaje nos enseñe lo que no sabíamos que ignorábamos.

    Desde Aluminé he partido muchas veces, y siempre regreso distinto. Pero también he descubierto que, aun sin moverme, puedo emprender travesías interiores. La memoria es un territorio vasto. La imaginación, un océano sin cartografía. La introspección, una cordillera más desafiante que cualquier montaña visible.

    En MusiK EnigmatiK, este viaje con el espíritu nos invita a ir más allá del crepúsculo, hacia esos lugares insospechados donde la mente se renueva y el corazón se ensancha. Porque cambiar de lugar no es sólo modificar coordenadas: es permitir que el entorno nos transforme.

    El humo ya se ha disipado. La brasa late en silencio. Y comprendo que cada pensamiento nuevo es un pequeño viaje; cada pregunta sincera, una frontera cruzada. La vida misma es tránsito: de la ignorancia al entendimiento, del temor a la confianza, de la rigidez a la apertura.

    Quizás el mayor peligro no sea quedarnos en el mismo sitio, sino permanecer inmóviles por dentro. Repetir las mismas rutas mentales hasta que se vuelvan cárceles invisibles. Por eso viajo. Por eso aprendo. Por eso me permito dudar.

    El mundo es vasto, sí. Pero más vasto aún es el territorio interior que se revela cuando nos atrevemos a cambiar de perspectiva. Como el humo que se eleva y desaparece, nosotros también estamos hechos de movimiento.

    Y mientras cae la tarde sobre Aluminé, comprendo que el vigor del que hablaba Séneca no proviene sólo de los caminos recorridos, sino de la disposición a transformarnos con cada paso. Viajar es, en última instancia, recordar que no somos estatuas, sino peregrinos de conciencia.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario