Kenio Fuke - Piano E Natureza Vol. 4 (2014)

"Piano E Natureza Vol. 4" es el álbum del pianista y compositor Kenio Fuke, con la propuesta de que el acto de la música es como una herramienta para ayudar a la integración entre el hombre y la naturaleza, a la vista de un equilibrio entre la mente y el cuerpo. A través de los grandes amigos y las influencias de los músicos de su propia familia, el pianista Kenio Fuke comenzó desde niño, a tener sus primeros contactos con el universo de la música. Comenzó sus estudios formales en la armónica, pronto continuó estudiando la guitarra, el piano y otros instrumentos orquestales. Así, de esta manera, los estudios del pianista continúan intensamente y sus grandes composiciones musicales se llenan de gran sensibilidad y alma.

Kenio Fuke - Piano & Natureza Vol. 4 (2014)

01. Lindo Dia
02. Sempre Ao Seu Lado
03. Essência Do Amor
04. Caminhos Secretos
05. Paz Interior
06. Folhas Ao Vento
07. Minutos Atras
08. Canto Das Flores
09. Fenix
10. Pétalas De Rosa

Duración total: 48:46 min.

Comentarios

  1. Una mañana de invierno soleada en compañía de nuestros amigos los pájaros. Una pieza al buen estilo Kenio Fuke; una nostálgica canción cargada de primavera aún por venir... El canto de las flores, una poesía hecha música.

    Y como dice el escritor inglés William Ernest Henley: “No importa que tan fuerte sea la reja, cuán cargado de castigo sea el decreto. Soy el amo de mi destino; Soy el capitán de mi alma.”

    ResponderEliminar
  2. ❄️ El capitán bajo el cielo de invierno

    Vivo en Aluminé, donde el invierno no es una estación sino un maestro silencioso. Esta mañana el sol se derrama con timidez sobre los cerros nevados de Neuquén, como si pidiera permiso para entrar en el reino blanco del frío. El aire es tan puro que parece recién creado, y los pájaros —mis viejos amigos alados— celebran la luz con un canto que perfora la escarcha.

    Hay algo profundamente enigmático en una mañana de invierno soleada. Todo parece quieto, pero la vida palpita debajo. Bajo la tierra endurecida, las raíces sueñan con la primavera aún por venir. Bajo el silencio, la savia prepara su ascenso. Y en el corazón humano, incluso cuando el paisaje parece austero, germina una música secreta.

    Mientras escucho una pieza al estilo de Kenio Fuke, nostálgica y cargada de promesas invisibles, siento que las notas flotan como vapor tibio en el aire helado. Es el canto de las flores antes de nacer, una poesía hecha música que anticipa colores donde hoy sólo vemos blanco. La melodía no lucha contra el invierno; lo abraza, lo atraviesa, lo ilumina desde dentro.

    Entonces recuerdo los versos del poeta inglés William Ernest Henley: “No importa qué tan fuerte sea la reja, cuán cargado de castigo sea el decreto. Soy el amo de mi destino; Soy el capitán de mi alma.” Y comprendo que el invierno también puede ser una reja, un decreto frío que parece limitar nuestros pasos. Sin embargo, la verdadera frontera no está en la nieve ni en el viento, sino en la rendición interior.

    Ser capitán del alma no significa dominar las tormentas, sino elegir cómo navegarlas. Aquí, en Aluminé, cuando el termómetro desciende y la soledad se vuelve más audible, uno aprende que el destino no es una línea recta sino una travesía. El frío moldea el carácter como el viento esculpe la roca. Cada amanecer soleado en medio del invierno es un recordatorio de que la luz no desaparece: se transforma.

    Los pájaros lo saben. Cantan aunque los árboles estén desnudos. No esperan a que la primavera sea visible para celebrarla; la anuncian. Tal vez esa sea la verdadera maestría espiritual: sostener la esperanza cuando aún no hay brotes, sentir la flor en potencia cuando todo parece dormido.

    En MusiK EnigmatiK, este viaje con el espíritu nos invita a escuchar lo que no suena, a ver lo que aún no florece. Más allá del crepúsculo, donde la lógica se disuelve, entendemos que cada invierno encierra un jardín invisible y que cada alma posee un timón secreto.

    Hoy, bajo este cielo límpido y helado, respiro hondo. El sol toca mi rostro como una promesa discreta. No puedo decidir la intensidad del invierno, pero sí la música con la que lo atravieso. No puedo ordenar a las estaciones, pero puedo gobernar mi actitud ante ellas.

    Soy habitante de esta tierra austral, aprendiz del silencio y del viento. Y mientras los pájaros trazan círculos sobre el valle, siento que también yo ensayo un vuelo interior. La reja puede ser fuerte. El decreto puede ser severo. Pero dentro de mí hay un capitán despierto, firme en la cubierta de su propia conciencia.

    Y así, en esta mañana de invierno soleada, descubro que la primavera no es sólo una estación futura: es una decisión del alma.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario