“A Symphony of Mantras” de Sacred Circles, lanzado en 2025 por Nandana Records, se despliega como un viaje sonoro hacia el interior del ser. Sus diez pistas, que suman cerca de 51 minutos, entrelazan mantras ancestrales como “Namah Shivaya (Shanti Om)” y “Om Mani Peme Hum” con interpretaciones orquestales que parecen resonar más allá del tiempo y el espacio. Voces etéreas de Phillip Kanakis, Holly Fischer y Dimitris Nezis se mezclan con los coros del Macedonian PRO ARS Choir y la FAMES Macedonian Symphony Orchestra, creando un tejido de sonido que envuelve el alma. Cada nota invita a la introspección, cada armonía despierta la calma profunda y la conexión con una energía universal, haciendo de este álbum un portal místico hacia la paz interior.
Sacred Circles - A Symphony of Mantras (2025)
01. A Symphony of Mantras (Intro)
02. Namah Shivaya (Shanti Om)
03. Diva Tapati
04. Om Mani Peme Hum
05. Effulgence
06. Jayo Munindassa
07. Tisarana
08. Interlude
09. Om Shanti Om
10. Prayer For Peace - Orchestra Version
Duración total: 51:47 min.
01. A Symphony of Mantras (Intro)
02. Namah Shivaya (Shanti Om)
03. Diva Tapati
04. Om Mani Peme Hum
05. Effulgence
06. Jayo Munindassa
07. Tisarana
08. Interlude
09. Om Shanti Om
10. Prayer For Peace - Orchestra Version
Duración total: 51:47 min.
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“Mantras del Viento Interior: Un Viaje desde Aluminé hacia la Confianza del Ser”
ResponderEliminarBajo el cielo amplio de Aluminé, donde el viento corre como un antiguo mensajero y el silencio guarda más historias que cualquier biblioteca, aprendí que el espíritu también tiene senderos. Senderos invisibles, sinuosos, que se revelan solo cuando uno decide caminar hacia adentro. Quizás por eso, cuando escuché por primera vez “A Symphony of Mantras” de Sacred Circles, sentí que no era únicamente música: era un puente. Un puente hacia un territorio donde la palabra de Goethe —“Confía en ti mismo, y sabrás cómo tienes que vivir”— deja de ser consejo para convertirse en brújula.
En esta tierra que huele a piñones tostados y a lluvia sobre lajas frías, he aprendido a escuchar. Y escuchar no es oír: es abrir la piel del alma para que entre la vibración del mundo. Algo similar ocurre con las diez pistas del álbum. Los mantras —“Namah Shivaya (Shanti Om)”, “Om Mani Peme Hum”— se deslizan como un río que no pregunta, no exige, solo avanza. Y en su avance, pulen las aristas que uno guarda por miedo, por costumbre o por olvido. Las voces de Phillip Kanakis, Holly Fischer y Dimitris Nezis parecen provenir de un espacio intermedio, ese umbral donde se encuentran el susurro del bosque y la memoria de lo sagrado. Los coros macedonios elevan el sonido hacia una altura donde la duda pierde su forma. Y entonces queda lo esencial: lo que somos cuando nadie nos mira.
A veces, mientras cae el crepúsculo sobre el lago Ruca Choroy, me siento parte de ese mismo tejido. Cada armonía del álbum despierta en mí la latencia de algo antiguo, algo que mis abuelos nombraban como “el espíritu del camino”. Y en esa resonancia descubro que confiar en uno mismo no es un acto de valentía repentina, sino una práctica diaria: la práctica de regresar al centro cuando todo afuera parece empujarnos hacia los bordes.
“A Symphony of Mantras” se convierte así en un recordatorio. Nos guía a través de un viaje hacia el interior, donde la paz no es ausencia de ruido, sino presencia de sentido. Porque cuando uno se sumerge en estos sonidos, el tiempo se dilata y el cuerpo deja de ser frontera. El espíritu se expande, y con él, nuestra capacidad de ver lo invisible: la intención pura, la fuerza silenciosa, la verdad íntima que siempre estuvo esperando.
En Aluminé, donde el cielo nocturno se enciende con miles de ojos luminosos, comprendí que cada ser humano es también una constelación. No siempre reconocemos nuestro propio dibujo. No siempre entendemos cómo unir los puntos que nos han formado. Pero la música —sobre todo la música que toca lo sagrado— ilumina esos puntos con paciencia. Nos muestra que la historia que creemos rota puede ser un mapa. Y que el mapa más importante es el que nos devuelve a nuestra propia esencia.
Escuchar este álbum es como dejar que el alma respire. Como permitir que el viento arrastre las viejas sombras y que, en su lugar, brote una claridad nueva. Es un portal, sí, pero también un espejo que nos invita a mirar sin miedo. A reconocer que confiando en nosotros mismos —incluso en los días grises, incluso en las noches densas— ya estamos viviendo de acuerdo con la verdad más profunda.
Aquí, entre montañas y mantras, entre ríos y resonancias, descubro que el viaje más enigmático es siempre interior. Y en ese viaje, cada uno encuentra —o recuerda— que la luz nunca estuvo lejos: estaba esperando dentro, silenciosa, paciente, eterna.