William Aura - Every Act Of Love (1992)

Antes de firmar con Higher Octave Records a finales de los 80, William Aura compuso música para las artes curativas basada en la investigación en la producción de audio psico-acústica. Mezcló cítaras y otros instrumentos acústicos con sintetizadores para crear un baño cálido y relajante de sonidos. Algunos remixes de la música temprana de William Aura para la curación vienen mezclados con sonidos tridimensionales de la naturaleza. Aunque "Every Act Of Love" se anuncia como una fusión global para la corriente principal contemporánea, en realidad tiene más que ver con la música New Age y el jazz ligero que con cualquier cosa étnica. Los timbres característicos del sintetizador de William Aura se ven realzados por el saxofón, el piano, la batería y la flauta.

William Aura - Every Act Of Love (1992)

01. Brighter Day
02. Let Yourself Go
03. Spirit Rising
04. Every Act Of Love
05. Spiritual Hunger
06. Maya
07. Stay With Me
08. Twilight Touch
09. Deep Within My Heart
10. Whispers From Eternity

Duración total: 47:17 min.

Comentarios

  1. No te preguntes qué necesita el mundo. Pregúntate qué es lo que te hace plenamente vivo, y hazlo. Porque lo que el mundo necesita es personas plenamente vivas. —Howard Thurman.

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  2. 🔥 Lo que enciende el alma

    En Aluminé hay momentos del día en que el mundo parece suspenderse. Suele ocurrir al caer la tarde, cuando el viento baja más suave desde la cordillera y el río comienza a murmurar como si contara historias que solo el espíritu sabe entender.

    A veces me siento afuera con el mate, dejando que el silencio patagónico haga su trabajo invisible. En esos instantes aparecen pensamientos que no nacen del ruido del mundo, sino de un lugar más profundo, como si brotaran desde la tierra misma.

    Hace un tiempo me encontré con una frase de Howard Thurman que me quedó dando vueltas en la cabeza como una melodía lejana:

    "No te preguntes qué necesita el mundo. Pregúntate qué es lo que te hace plenamente vivo… y hazlo."

    Al principio suena simple, pero cuando uno se queda un rato contemplando las montañas entiende que hay algo muy verdadero escondido allí.

    Porque el mundo está lleno de preguntas urgentes.
    Qué debemos hacer.
    Cómo debemos vivir.
    Qué camino es el correcto.

    Pero rara vez nos preguntamos qué es lo que realmente enciende nuestra vida.

    La naturaleza, en cambio, no parece tener ese problema. El río no duda en fluir. El viento no se cuestiona si debe soplar. Los árboles crecen hacia la luz sin pedir permiso al paisaje.

    Cada cosa simplemente es lo que es.

    Quizás el espíritu humano, en algún momento del camino, olvidó esa sencillez.

    Nos acostumbramos a pensar la vida como una lista de deberes, cuando tal vez se parece más a una melodía que necesita ser interpretada. Y cada uno lleva dentro una música distinta, una vibración secreta que no se parece a ninguna otra.

    Hay quienes la encuentran en el silencio.
    Otros en el arte.
    Otros en el simple gesto de compartir un mate mientras el sol se esconde detrás de los cerros.

    Y a veces la música misma nos lo recuerda.

    Ciertos sonidos parecen creados para abrir espacios interiores. Una cítara que vibra como un eco antiguo, un saxofón que respira lentamente, un piano que deja caer las notas con paciencia… y de pronto el aire se llena de una calma extraña, como si el tiempo se volviera más ancho.

    No es solo música.

    Es un pequeño recordatorio de que la vida también puede ser un acto de amor.

    Quizás por eso Thurman hablaba de estar “plenamente vivos”. No como una idea grandiosa, sino como una experiencia sencilla y profunda: vivir de acuerdo con aquello que hace vibrar nuestro interior.

    Porque cuando alguien vive desde ese lugar, algo cambia en el mundo.

    No necesariamente de forma ruidosa.

    A veces sucede como ocurre con el viento en estas tierras: nadie lo ve llegar, pero de pronto todo el paisaje empieza a moverse.

    Mientras el mate se enfría y el crepúsculo comienza a pintar de sombras los cerros de Aluminé, pienso que tal vez la pregunta más importante no sea qué espera el mundo de nosotros.

    Tal vez la verdadera pregunta sea otra, mucho más íntima:

    ¿qué fuego silencioso vive dentro de nosotros esperando ser encendido?

    Porque cuando alguien encuentra esa chispa y decide vivirla, el espíritu se vuelve ligero… y comienza a viajar.

    Como una melodía que se eleva suavemente hacia esos lugares misteriosos que empiezan, siempre, más allá del crepúsculo.

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