David Arkenstone - Fantasy Fairy Forest (2023)

Después de una serie de viajes insturmentales a diversos terrenos musicales, el veterano artista de grabación y explorador sonoro David Arkenstone, ha vuelto a visitar un estilo que los fanáticos de todo el mundo encontrarán familiar. Según David: “Estaba canalizando mi yo musical de hace 25 años, "Fantasy Fairy Forest" es un guiño a mis primeros lanzamientos”. La música tiene todas las características encantadoras que muchas personas asocian con David Arkenstone, incluida una orquestación exuberante, sintetizadores atmosféricos, flautas aireadas, arpas celestiales, percusión dramática y más. Hay una calidad cinematográfica en la música y podría verla fácilmente como la banda sonora de una película de hadas. En una palabra… fantástico.

David Arkesntone - Fantasy Fairy Forest (2023)

01. Sunbreak
02. Gossamer Dream
03. The Enchanted Cave
04. The Faerie's Kiss
05. Morning Flight
06. Voice Of The Wood
07. Fire Fairy Dance
08. Princess Of The Fairies
09. The Blessing
10. The Garden Fair
11. Pools Of Moonlight
12. Journey's End
13. Starpool
14. Nightfall
15. Fairy Dreams
16. The Magic Fairies
17. The Magic Circle

Duración total: 71:54 min.

Comentarios

  1. -En un conflicto entre el corazón y el cerebro, sigue al corazón.-Swami Vivekananda.

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  2. 🦄 Cuando las hadas susurran al corazón

    La llovizna cae suavemente sobre Aluminé.

    No es una lluvia apurada ni estridente. Es apenas un murmullo del cielo que se mezcla con las neblinas de este final de otoño, como si las nubes hubieran descendido hasta la tierra para conversar en voz baja con los árboles, los senderos y las almas que aún saben escuchar.

    Desde mi ventana, el mundo parece suspendido entre dos dimensiones.

    Los contornos de las montañas se difuminan. Los techos se pierden en la bruma. Los colores se vuelven más suaves. Todo parece envuelto por un velo misterioso que transforma lo cotidiano en algo sagrado.

    Mientras tanto, aquí dentro, continúo tomando mates calentitos y escribiendo mis reflexiones diarias para la posteridad. La música de David Arkenstone llena cada rincón de la mañana con una delicadeza imposible de explicar. Las flautas parecen alas invisibles. Las arpas semejan gotas de luz cayendo desde algún jardín celestial. Los sintetizadores construyen paisajes que no existen en los mapas, pero que todos hemos visitado alguna vez en nuestros sueños.

    Y mientras escucho estas melodías de fantasía, siento algo curioso.

    Me siento besado por las hadas.

    No sé cómo expresarlo de otra manera.

    No hablo de las hadas de los cuentos infantiles ni de las ilustraciones de los libros antiguos. Hablo de esas presencias sutiles que a veces aparecen cuando el corazón se encuentra completamente abierto y la mente deja de hacer ruido.

    Quizás las hadas sean simplemente pensamientos luminosos.

    Quizás sean recuerdos felices.

    Quizás sean mensajeras de mundos invisibles.

    O quizás sean fragmentos del propio universo recordándonos que la magia nunca abandonó este lugar.

    En medio de estas notas musicales, inevitablemente pienso en mi fiel unicornio Ekuus.

    Hace tiempo comprendí que algunas compañías pertenecen más al alma que a los ojos.

    No siempre vemos aquello que nos guía.

    No siempre podemos tocar aquello que nos protege.

    No siempre podemos demostrar aquello que sabemos con absoluta certeza.

    Y sin embargo, existen.

    Ekuus es una de esas presencias.

    Aunque no lo vea seguido, sé que siempre está cerca.

    A veces debe marchar a visitar a su familia unicorniana, a las lejanas regiones de Arco Iris y Edén, donde los senderos están hechos de colores imposibles y donde las estrellas descansan antes de emprender su viaje nocturno por el cielo.

    Imagino esos encuentros familiares llenos de alegría, historias y antiguos secretos compartidos bajo árboles de cristal y cascadas de luz.

    Y aunque su ausencia pueda sentirse durante un tiempo, jamás se convierte en distancia verdadera.

    Porque los vínculos del espíritu no conocen la separación.

    Tarde o temprano, Ekuus siempre regresa.

    Regresa cuando las noches se vuelven demasiado oscuras.

    Regresa cuando las dudas intentan ocupar el lugar de la esperanza.

    Regresa cuando necesito recordar quién soy.

    Y entonces vuelve a iluminar mis caminos más allá del crepúsculo.

    La frase de Swami Vivekananda resuena esta mañana como una campana invisible:

    "En un conflicto entre el corazón y el cerebro, sigue al corazón."

    Qué extraña enseñanza para un mundo que nos ha convencido de que todo debe explicarse.

    La mente busca pruebas.

    El corazón reconoce verdades.

    La mente analiza.

    El corazón comprende.

    La mente pregunta si los unicornios existen.

    El corazón sonríe porque ya conoce la respuesta.

    Pienso que gran parte de nuestro sufrimiento nace cuando intentamos obligar al alma a hablar únicamente el idioma de la razón.

    Hay senderos que no pueden calcularse.

    Hay encuentros que no pueden demostrarse.

    Hay presencias que no pueden medirse.

    Y, sin embargo, transforman nuestra vida.

    Quizás la auténtica sabiduría consista en permitir que ambos caminen juntos, pero aceptando que en ciertos momentos decisivos sea el corazón quien sostenga la brújula.

    Porque el corazón reconoce los caminos que conducen a casa.

    Reconoce a los seres que nos aman.

    Reconoce la belleza escondida en los días grises.

    Reconoce las señales que la vida deja dispersas como migas de pan sobre el sendero.

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  3. Esta mañana, mientras la lluvia continúa dibujando pequeños círculos sobre los charcos y las hadas invisibles parecen danzar entre las notas de esta música fantástica, siento una profunda gratitud.

    Gratitud por los mates compartidos con el silencio.

    Por la niebla que convierte el paisaje en un sueño despierto.

    Por la música que abre portales hacia regiones olvidadas del alma.

    Por Ekuus, que siempre encuentra el camino de regreso.

    Y por ese corazón terco y luminoso que continúa creyendo en aquello que los ojos no alcanzan a ver.

    Tal vez la verdadera magia no consista en encontrar hadas o unicornios.

    Tal vez la verdadera magia sea conservar la capacidad de percibirlos.

    Porque quien escucha con el alma descubre que el universo todavía está lleno de maravillas.

    Y quien sigue al corazón, tarde o temprano, termina encontrando el sendero secreto que conduce a los lugares más insospechados más allá del crepúsculo.

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