Emil Montgomery es un músico uruguayo que ha sido fuertemente influenciado por Jean Michel Jarre. En los '90 hizo una serie de espectáculos llamados justamente “Esperando a Jarre”. A partir de entonces fue ganando reconocimiento, llegando a hacer el show con más espectadores hecho en Uruguay, un megaconcierto en las inmediaciones del Palacio Legislativo con proyecciones laser y una puesta en escena muy cuidada. Este es su segundo disco solista, editado en 1997. El álbum "Esencia" es una obra maestra de la fusión entre la música electrónica, coros e instrumentos indígenas. Montgomery había alcanzado el éxito internacional, y logrado posicionarse junto a los más grandes maestros que inspiraron sus primeros pasos.
Emil Montgomery - Esencia (1997)
01. 1110
02. Sin Memoria
03. Ecos
04. Lajun Chaan
05. Inti Jalsu
06. Cuculcan
07. El Viento Y La Montana
08. Paqariy
09. Quinto Sol
10. Sham
Duración total: 38:42 min.
01. 1110
02. Sin Memoria
03. Ecos
04. Lajun Chaan
05. Inti Jalsu
06. Cuculcan
07. El Viento Y La Montana
08. Paqariy
09. Quinto Sol
10. Sham
Duración total: 38:42 min.

Tu vida es la suma de tus elecciones.
ResponderEliminar—Albert Camus
🦅🌬️ El cóndor y el cielo que no se deja tocar
ResponderEliminarNo nací sabiendo volar.
Nací temblando.
Entre piedras frías, donde el viento no pide permiso,
abrí los ojos por primera vez…
y el mundo ya era inmenso.
Mi madre no me enseñó con palabras.
Acá nadie habla.
Acá se aprende mirando…
esperando…
resistiendo.
Desde el borde del nido veía todo:
los lagos quietos como secretos,
los árboles apretados contra el frío,
las montañas… esas que parecen eternas,
pero también saben romperse.
Y entendí algo, sin entenderlo del todo:
el que mira lejos, vive.
El día que salté…
no fue valentía.
Fue necesidad.
El aire me golpeó como un animal salvaje,
me sacudió los huesos,
me hizo dudar de todo lo que era.
Pero en ese mismo golpe…
había algo más.
Algo que no se puede explicar,
pero se siente en el pecho como un fuego callado:
la libertad.
Después aprendí.
A no pelear con el viento,
sino a escucharlo.
A subir sin esfuerzo,
a girar con el aire,
a dejarme llevar… sin perderme.
Ahí me hice rey.
No porque mandara,
sino porque entendí.
Vi otros ojos allá abajo:
los que corren, los que cazan,
los que temen.
Y también vi al hombre.
Ese que camina distinto,
que cambia las cosas,
que a veces mira…
y a veces rompe.
No lo odié.
Pero aprendí a no confiar.
El frío, el hambre, la soledad…
no son enemigos.
Son maestros.
Te sacan lo que sobra
hasta dejarte solo con lo esencial.
Y un día, sin darme cuenta,
ya no fui el que temblaba en la piedra.
Era el que giraba alto,
el que cruzaba cielos sin dejar huella,
el que no necesitaba nada…
más que el aire.
🌄
Ahora vuelo.
Y desde acá arriba, Neto…
te digo algo que el viento me enseñó:
No se trata de dominar la vida,
ni de ganar.
Se trata de encontrar tu corriente,
esa que no se ve…
pero te sostiene.
Y cuando la encuentres,
no luches.
Abrí las alas…
y confiá.