Rumillajta - Wiracocha (1987)

Rumillajta es un quinteto musical boliviano que se convirtió en uno de los progenitores más importantes de la música andina. Su música tiene que ver con temas populares y la naturaleza, así como temas más políticos como la coca, la explotación extranjera y los derechos indígenas. "Wiracocha", también llamado el dios de los báculos o de las varas, es una divinidad del cielo que abarca la idea andina de un "dios creador", que sería originaria de la gran cultura Caral,​ es también figura central de la Puerta del Sol de Tiahuanaco, venerado posteriormente como dios supremo dentro del Imperio incaico. Figura como el creador del mundo, del sol y de la luna. Se le atribuye también la creación de la substancia de la cual se originan todas las cosas.  

Rumillajta - Wiracocha (1987)

01. Tempestad (The storm)
02. Mujeres y ninos (Mothers and children)
03. El condor vuelve (The condor returns)
04. Hermano Chay
05. Caldeiras
06. Wiracocha (The mythical creator of all things)
07. Encuentros (Encounters)
08. La deuda externa (The foreign debt)
09. Quebradeno
10. Kayza

Duración total: 39:26 min.

Comentarios

  1. Estás buscando el silencio de la montaña, pero lo buscas en el exterior. El silencio es accesible para ti ahora mismo, dentro de tu propio ser.
    -Ramana Maharshi

    ResponderEliminar
  2. 🦅 La cueva donde el viento no entra

    Hoy desperté antes que el alba.

    La luna aún colgaba sobre la cordillera cuando abrí los ojos. Todo parecía invitar al silencio, pero dentro de mí había un ruido extraño. No era el viento. No era el río. Era una inquietud que revoloteaba como un ave sin rumbo.

    Pensé que necesitaba alejarme.

    Quizá existiera una montaña tan remota que ni el viento se atreviera a visitarla.

    Quizá allí encontraría la calma.

    Y emprendí el vuelo.

    Atravesé los valles del Neuquén mientras la primera luz pintaba de oro las cumbres. Sobrevolé lagos inmóviles, volcanes dormidos y bosques de pehuenes que parecían custodiar secretos antiguos.

    Cuanto más lejos iba...

    más me acompañaban mis pensamientos.

    No importaba la altura.

    No importaba el paisaje.

    La inquietud seguía volando conmigo.

    Al caer la tarde descubrí una caverna escondida entre las paredes de una montaña.

    Su entrada era estrecha.

    Desde afuera parecía imposible que un cóndor pudiera entrar.

    Pero algo me llamó.

    Plegué mis alas y avancé lentamente entre las rocas.

    Dentro no había viento.

    No llegaban los ecos del valle.

    Ni siquiera el sonido de mi respiración parecía querer romper aquel lugar.

    Era el silencio más profundo que había conocido.

    Sin embargo...

    mi mente seguía hablando.

    Entonces comprendí algo.

    La montaña había hecho todo lo posible.

    Había apagado el mundo.

    Pero el único ruido que quedaba...

    era el que yo mismo llevaba.

    Permanecí inmóvil.

    No luché contra mis pensamientos.

    No intenté espantarlos como si fueran nubes de tormenta.

    Simplemente los observé pasar.

    Uno tras otro.

    Como las sombras que cruzan un lago cuando las nubes siguen su camino.

    Y ocurrió algo inesperado.

    Al dejar de perseguir el silencio...

    el silencio apareció.

    No llegó desde la cueva.

    No descendió de la montaña.

    Nació suavemente en mi interior.

    Era un silencio vivo.

    Un silencio que no dependía del lugar donde estuviera.

    Salí nuevamente al exterior.

    El viento había regresado.

    Los árboles murmuraban.

    El río cantaba entre las piedras.

    Las águilas cruzaban el cielo.

    Todo hacía ruido.

    Y, sin embargo...

    por primera vez, nada interrumpía mi paz.

    Regresé volando mientras el crepúsculo abrazaba la cordillera.

    Sonreí.

    Había recorrido cientos de kilómetros para descubrir que el lugar que buscaba nunca estuvo lejos.

    Siempre viajó conmigo.

    🌌

    Durante años creí que debía encontrar el sitio perfecto para descansar el alma.

    Hoy comprendí que ningún paisaje puede silenciar una mente inquieta.

    Las montañas enseñan.

    Los lagos inspiran.

    El viento purifica.

    Pero el verdadero refugio comienza cuando dejamos de huir de nosotros mismos.

    Desde ese instante, cualquier sendero se convierte en un templo.

    Cualquier roca en un altar.

    Y cualquier vuelo...

    en un regreso al hogar.

    🦅 Porque el silencio que transforma no nace en la inmensidad de la cordillera, sino en el instante en que el corazón deja de buscar afuera aquello que siempre llevó dentro.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario