Mannheim Steamroller - A Candle Light Christmas (2008)

En la temporada navideña de 2008, Mannheim Steamroller lanzó una colección de los favoritos del genial artista  Chip Davis seleccionados específicamente para el mercado basado en la fe en el exclusivo álbum "A Candle Light Christmas". Las pistas incluyen The First Noel y "Away in a Manger", así como algunos originales seleccionados de Chip Davis. Mannheim Steamroller es la marca más grande de música navideña y ha vendido 26 millones de álbumes navideños, ¡más que cualquier otro artista en la historia de la música! El compilado "A Candle Light Christmas" solo está disponible en el mercado cristiano y no tradicional. Esta producción incluye las canciones navideñas más tradicionales de Mannheim Steamroller.

Mannheim Steamroller - A Candle Light Christmas (2008)

01. Veni Veni (O Come O Come Emanuel)
02. O' Little Town of Bethlehem
03. Christmas Lullaby
04. Lo How a Rose E'er Blooming
05. Joseph Dear oh Joseph Mine
06. The First Noel
07. The Holly and The Ivy
08. Coventry Carol
09. Herbei, Oh Ihr Glaubigen (O Come All Ye Faithful)
10. Away in a Manger

Duración total: 34:31 min.

Comentarios

  1. "Espero que la Navidad te devuelva las ilusiones de la infancia, los placeres de la juventud y la tranquilidad del hogar".

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  2. 🌌 El susurro del viento entre lengas

    Vivo en Aluminé, donde el viento parece conocer nuestros nombres y el lago guarda secretos más antiguos que la memoria. Aquí, en la Patagonia profunda, la Navidad no llega envuelta en luces estridentes sino en silencios azules, en horizontes abiertos y en el crujir de la leña que arde mientras la noche se expande sobre las montañas.

    “Espero que la Navidad te devuelva las ilusiones de la infancia, los placeres de la juventud y la tranquilidad del hogar.”
    Esa frase me encontró una tarde de diciembre, cuando el cielo ardía en un crepúsculo naranja detrás de los picos y el río Aluminé murmuraba su canción eterna. Pensé entonces que tal vez la Navidad no sea una fecha, sino un umbral.

    La infancia… aquí la recuerdo en los perfumes del bosque, en la resina tibia de las araucarias y en el asombro intacto ante la primera nevada. Cuando éramos niños, el mundo no estaba fragmentado; todo era un misterio vivo. Cada piedra tenía un rostro, cada nube una intención. Creíamos sin esfuerzo. Tal vez esa sea la ilusión que necesitamos recuperar: la certeza de que lo invisible también nos sostiene.

    La juventud, en cambio, fue fuego. Como los atardeceres patagónicos que incendian el cielo antes de rendirse a la noche. Juventud fue movimiento, búsqueda, deseo de tocar lo infinito con manos todavía temblorosas. Fue amar sin mapas, equivocarse sin miedo, creer que el horizonte era una promesa personal. Hoy comprendo que aquellos placeres no eran simples impulsos, sino señales: el espíritu queriendo expandirse, probar sus alas, recordar que la vida es un viaje y no una jaula.

    Y el hogar… el hogar no siempre es una casa. A veces es el sonido del viento atravesando los álamos, el mate compartido en silencio, la risa que resuena entre paredes de madera. Hogar es ese espacio interior donde, por un instante, todo encaja. Aquí en Aluminé, cuando la noche cae y las estrellas se multiplican como brasas en el cielo, siento que el universo mismo es una casa abierta. Una casa inmensa donde cada uno de nosotros es una chispa consciente.

    La Navidad, entonces, podría ser el momento en que las tres dimensiones del alma se abrazan: el niño que aún cree en lo invisible, el joven que se atreve a buscarlo y el adulto que aprende a descansar en su propia luz. No se trata de volver atrás, sino de integrar. De permitir que el asombro, la pasión y la serenidad conversen en nuestro interior como viejos amigos que se reconocen.

    Desde este rincón del mundo, donde la tierra parece latir con un pulso antiguo, entiendo que el verdadero regalo no es algo que se recibe, sino algo que despierta. Es una memoria sutil que nos dice: “Aún eres aquel que soñaba bajo el cielo infinito. Aún puedes amar con la intensidad del primer día. Aún puedes habitar tu vida como un hogar sagrado.”

    Quizás eso sea la Navidad en su forma más pura: un recordatorio de que, más allá del crepúsculo, siempre hay una luz que no se apaga. Una música invisible —como la que vibra en MusiK EnigmatiK— que nos transporta a lugares insospechados del espíritu.

    Y mientras el viento patagónico susurra entre las lengas, cierro los ojos y agradezco. Porque cada diciembre trae la oportunidad de regresar, no a un tiempo pasado, sino a la esencia eterna que nos habita.

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