Logos - Ultimate: Best Of Logos CD2 (2010)

"Ultimate: Best of Logos" es un álbum doble compuesto por los 28 mejores temas de su carrera. Una gran forma de agradecer a los fans su fidelidad e invitar a los amantes del género New Age a descubrir al artista de la mejor forma posible. La caja de 2 CD reúne las mejores obras de Logos, especialista desde 1987 en música para el bienestar, el despertar y la relajación. Descubre un universo musical lleno de belleza, suavidad y serenidad y emprende la conquista de nuevos paisajes sonoros. Se presentan obras de los álbumes: Evolution, Elevation, Interior Space, Biosphera, Sephira, The Way of the Heart... En la colección de Logos, si solo tienes uno, es este, y si ya tienes los demás, entonces este Best Of se vuelve imprescindible. 

Logos - Ultimate Best Of Logos CD2 (2010)

01. Le Tibetain
02. Elevation
03. Contemplation
04. Evolution
05. Message Des Etoiles
06. Clemence Infinie
07. Le Souffle De La Terre
08. Le Moine De Shamballah
09. Beaute Eternelle
10. Nouvelle Conscience
11. Le Temple De L'Orchidee
12. Le Sommeil De Chronos
13. Vers Un Autre Monde

Duración total: 75:05 min.

Comentarios

  1. Un amigo es un regalo que te haces a ti mismo.
    —Robert Louis Stevenson

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  2. 🌊 Donde la amistad florece como un eco entre mares y memorias

    Hoy, en este primer día de mayo otoñal en Aluminé, sostengo la brujumatiK como quien sostiene algo más que un objeto: una intención. El aire fresco me roza la piel con esa melancolía suave que solo el otoño sabe pronunciar, y sin embargo, hay en mí una alegría silenciosa… como si algo estuviera a punto de revelarse.

    No viajo solo.

    Nunca lo hice.

    Activo el portal, y no hay destello ni estruendo, sino una transición sutil, como cuando una melodía cambia de tono sin que lo notemos. El bosque patagónico se disuelve lentamente, y en su lugar aparece la luz distinta del Mediterráneo. Estoy en Castelló de la Plana, donde el mar no solo define el horizonte, sino también el ritmo del alma.

    Aquí, la vida tiene otra cadencia.

    Las calles respiran historia, pero también cercanía. Hay algo profundamente humano en este lugar: en sus plazas donde la conversación se estira sin apuro, en el aroma de la cocina que se escapa por las ventanas, en las tradiciones que no se conservan por obligación, sino por amor. Las fiestas, los encuentros, los gestos cotidianos… todo parece estar tejido por un hilo invisible que une a las personas más allá del tiempo.

    Y entonces lo entiendo.

    Un amigo es un regalo que uno se hace a sí mismo.

    No como posesión, sino como elección consciente. Como una melodía que decidimos volver a escuchar, una y otra vez, porque nos recuerda quiénes somos cuando estamos siendo verdaderos.

    Camino por una calle empedrada, y siento que cada paso activa recuerdos que no sabía que tenía. Risas compartidas, silencios cómplices, palabras que llegaron justo cuando debían. La amistad no es un accidente: es una forma de resonancia. Una afinación entre almas que, sin buscarse, se reconocen.

    Y en este paisaje valenciano, esa resonancia se amplifica.

    Porque aquí, todo invita a compartir. La mesa no es solo un lugar para comer, sino un espacio sagrado donde las historias se entrelazan. El mar no es solo un paisaje, sino un testigo de encuentros que dejan huella. Incluso el viento parece llevar consigo voces antiguas que celebran el vínculo humano como una de las formas más puras de trascendencia.

    Me detengo frente al horizonte.

    El agua se extiende infinita, pero no me habla de distancia, sino de conexión. Y en ese instante, una música comienza a surgir… no desde afuera, sino desde dentro. Es suave, envolvente, como esas composiciones que no buscan impresionar, sino acompañar.

    Pienso en ese universo sonoro que reúne lo mejor de un recorrido, como un gesto de gratitud hacia quienes han estado presentes. Una recopilación no de éxitos, sino de momentos. De emociones. De instantes donde algo hizo clic en el corazón.

    ¿No es eso también la amistad?

    Un “best of” invisible de nuestra vida.

    Una colección de escenas donde alguien estuvo ahí, sin necesidad de protagonismo, pero con una presencia que transformó lo cotidiano en algo significativo. Y así como esas melodías que invitan al bienestar y la introspección, los amigos nos devuelven a un estado de calma esencial… nos recuerdan que no estamos solos en este viaje enigmático.

    Siento que la brujumatiK en mi mano ya no apunta hacia ningún lugar.

    Porque el portal no está adelante.

    Está en cada vínculo que elegimos cuidar.

    Castelló de la Plana se vuelve entonces más que un destino: se convierte en un símbolo. Un espacio donde la cultura, la tradición y la calidez humana se funden para recordarme que lo más valioso no se acumula, se comparte.

    Y mientras el sol comienza a descender suavemente sobre el Mediterráneo, entiendo que este viaje no fue solo geográfico.

    Fue emocional.

    Fue un regreso a esa parte de mí que sabe agradecer, que sabe reconocer, que sabe abrirse sin miedo. Porque en cada amigo hay un espejo, sí… pero también una puerta. Una invitación constante a expandirnos más allá de lo que creíamos posible.

    El portal permanece abierto.

    Pero ya no necesito cruzarlo.

    Porque ahora sé que cada vez que elijo la amistad, estoy viajando.

    Y que en ese viaje… siempre hay alguien esperando del otro lado.

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  3. Como un regalo.

    Como una melodía.

    Como un reflejo de lo mejor que aún está por florecer.

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