Winter Rose - Heidi Breyer - Moonlight In Empty Rooms (2018)

Este es un álbum de piano y violín neoclásico sin lugar a dudas por la premiada compositora y pianista Heidi Breyer. Su quinto álbum, "Moonlight in Empty Rooms", consta de doce temas, cada uno inspirado en las pinturas originales de su esposo, el pintor en óleo ruso-estadounidense, Alexander Volkov. Las actuaciones de violín en el álbum son de Charlie Bisharat, un gran violinista que ha tocado con Yanni, John Tesh, Elton John y muchos otros notables. Volkov describe su arte como "una historia de luz que viaja a través de la oscuridad". "La luz de la luna en las habitaciones vacías" es un magnífico reflejo e interpretación de esa historia. Un gran álbum que amamos. Altamente y definitivamente recomendado. 
 

Heidi Breyer - Moonlight in Empty Rooms (2018)

01. Unfinished Conversation
02. Autumn Snowfall
03. Autumn in Bruges
04. Christian's Workshop
05. Moonlight in Empty Rooms
06. Eastertide
07. Rainy Day
08. The Sound and the Fury
09. Winter Rose
10. Half Hour Before Spring
11. Faith
12. End of Summer

Duración total: 60:25 min.

Comentarios

  1. Donde quieras que estés, si estás leyendo esto entonces ya te encuentras en una mejor situación que los cientos de millones de personas que luchan por comer dos veces al día. Sé agradecido por tu situación actual.

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  2. Así es Neto! Seamos agradecidos por esto y por Nuestra Amada Tierra en su dia!!Ayudemos a ampliar la conciencia sobre su cuidado y preservación... porque es nuestro hogar, esta nave maravillosa que no siempre es respetada.

    Hoy ,dia 22 de abril Día de la Tierra!

    Namaste!

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  3. Feliz Día de la Tierra! Hoy y siempre!!! Gracias Sandy por recordarnos esta conmemoración tan importante para la vida! Abrazo de luz! Namaskar

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  4. 🍂✨ Cuando las Montañas Desaparecen

    Esta madrugada la lluvia llegó como llegan los viejos mensajeros: sin pedir permiso, golpeando suavemente el techo de chapa y recordándome que el otoño en Aluminé está llegando a su último suspiro. Desde mis ventanales no puedo ver las montañas. Han desaparecido detrás de un velo gris de nubes bajas, lluvia y misterio. Sin embargo, sé que están ahí.

    Y pienso que quizás la vida sea exactamente eso.

    Creer en aquello que no vemos.

    Confiar en la presencia de lo esencial aunque permanezca oculto.

    Mientras escribo estas líneas, Kayquén persigue una vez más su pelotita por la casa. La observo y sonrío. Tiene una capacidad admirable para habitar el presente. No le preocupa el invierno que se acerca dentro de una semana. No piensa en el paso de los años ni en los enigmas del universo. Juega. Vive. Celebra.

    Quizás por eso los animales conservan una sabiduría ancestral que nosotros hemos olvidado.

    Ayer compartí unos mates con un amigo. Hablamos de la vida, de la muerte, de las estrellas y de los libros. Conversaciones que no buscan respuestas definitivas, sino preguntas más profundas. Al despedirnos tuve la sensación de que algunos encuentros son pequeñas ceremonias invisibles donde el alma recuerda algo que había olvidado.

    Esta mañana, mientras la lluvia sigue cayendo sobre el valle del río Aluminé, siento gratitud.

    Gratitud por ese encuentro.

    Gratitud por este momento.

    Gratitud por el lanzamiento de MusiK EnigmatiK Vol. 280, que hoy emprende su propio viaje hacia los rincones desconocidos del mundo.

    Hay algo profundamente simbólico en enviar música al universo mientras la naturaleza se prepara para el invierno. Como si cada nota fuese una semilla espiritual que busca tierra fértil en corazones lejanos.

    Bajo el lema Harmonia Animi — Música que eleva el Alma, este nuevo compilado parece recordarme algo que hoy necesito escuchar: toda música es un puente. Algunas cruzan el tiempo. Otras cruzan el alma.

    Y quizás las más importantes sean aquellas que nos devuelven a nosotros mismos.

    Mientras escuchaba algunas de las atmósferas contemplativas de este volumen —pianos suspendidos en el aire, texturas ambientales que parecen surgir desde el fondo de los bosques patagónicos y melodías que se despliegan como niebla sobre los lagos— recordé una frase de Karen Walrond:

    "Jamás me disculparé por abrazar la alegría y la belleza —incluso cuando el mundo se desmorona— porque la alegría y la belleza son mi motor para el activismo."

    Qué poderosa declaración.

    Vivimos tiempos extraños. El mundo parece moverse entre revelaciones, incertidumbres y cambios profundos. Durante estos días he leído nuevamente sobre las declaraciones de David Grusch y las discusiones que continúan girando alrededor de los fenómenos anómalos no identificados, los secretos gubernamentales y la posibilidad de que existan realidades que todavía no comprendemos completamente. Las conversaciones sobre una eventual "revelación" siguen despertando preguntas sobre nuestro lugar en el cosmos y sobre cuánto de la verdad permanece aún oculto.

    Sin embargo, más allá de la existencia o no de visitantes de otros mundos, sospecho que el verdadero misterio sigue estando mucho más cerca.

    Dentro de nosotros.

    Porque incluso si mañana aparecieran respuestas definitivas sobre los enigmas del universo, seguiríamos enfrentando la pregunta esencial:

    ¿Quiénes somos realmente?

    Los antiguos habitantes de estas tierras sabían algo acerca de eso. Los bosques de pehuenes, los ríos que atraviesan la cordillera y las montañas que custodian Aluminé guardan secretos mucho más antiguos que cualquier archivo clasificado. Aquí, entre la lluvia y el silencio, uno puede percibir que la naturaleza habla un lenguaje olvidado.

    No con palabras.

    Con presencias.

    Con intuiciones.

    Con símbolos.

    Por eso me conmueve este amanecer. Porque las montañas no se ven, pero existen. Como existe la amistad aunque los amigos estén lejos. Como existe el amor aunque no pueda medirse. Como existe el espíritu aunque nadie haya logrado fotografiarlo.

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  5. Quizás todos los misterios compartan una misma raíz.

    No fueron creados para ser resueltos.

    Fueron creados para ser contemplados.

    El otoño muere lentamente afuera. Los árboles desnudos parecen monjes silenciosos esperando la llegada del invierno. El barro cubre los caminos. El cielo permanece cerrado.

    Y, sin embargo, siento alegría.

    No una alegría estridente.

    Sino esa alegría serena que nace cuando uno comprende que no necesita entenderlo todo para sentirse parte del milagro.

    Tal vez ese sea el gran mensaje de esta mañana.

    La belleza no es una distracción frente al misterio.

    La belleza es una forma de atravesarlo.

    Así que aquí estoy.

    Jubilado.

    Con un mate caliente entre las manos.

    Una perra feliz corriendo detrás de su pelotita.

    La lluvia cantando sobre el techo.

    Nuevos álbumes de música New Age esperando ser descubiertos.

    Un nuevo compilado viajando hacia el mundo.

    Y una certeza silenciosa habitando el corazón:

    Que los mayores enigmas no siempre llegan desde las estrellas.

    A veces aparecen en una conversación entre amigos.

    En una melodía.

    En el aroma de la tierra mojada.

    O en una montaña que no podemos ver, pero sabemos que sigue allí.

    Gracias infinitas por este encuentro.

    Y que los misterios de este día encuentren en nosotros un corazón dispuesto a escucharlos.

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