Marc Enfroy - Arising (2009)

Marc Maurice Enfroy es un compositor, músico y productor estadounidense que define su estilo como “piano cinemático”, una expresión que refleja la cualidad narrativa y emocional de sus obras, guiadas principalmente por el piano y acompañadas de arreglos envolventes. Criado en un entorno profundamente musical, es nieto de Bradley Kincaid, reconocido artista de radio e integrante del Salón de la Fama de los Compositores de Nashville, apodado “The Kentucky Mountain Boy”. A lo largo de su carrera ha publicado varios álbumes de estudio, consolidando una identidad sonora íntima y evocadora. Su quinto trabajo, Crossroads, alcanzó el puesto número 2 en las listas New Age en 2016. Su debut, Unbounded, fue premiado en 2008 como mejor álbum neoclásico del año.

 

Marc Enfroy - Arising (2009)

01. Always
02. The Heart Of Aurora
03. Before The Dawn
04. The Magic Garden
05. Along The Crystal Shore
06. Above The Clouds
07. The Promise
08. Reflections In Deep Blue
09. Wistful Visions
10. Maiden Of The Morning Star
11. Finding Elysium

Duración total: 43:00 min.

Comentarios

  1. “Si la única oración que dices en toda tu vida es gracias, será suficiente.”
    Maestro Eckhart

    A veces las personas son muy conscientes espiritualmente sin adoptar necesariamente una pose oficial. Ser una persona compasiva y amorosa que sabe cómo estar agradecida por los regalos de la vida dice mucho sobre la conexión de una persona con su lado espiritual.

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  2. 🌞 El poder de un simple gracias

    Esta mañana soleada de marzo en Aluminé tiene una quietud que invita a respirar con atención. El aire tibio recorre el valle, acaricia las hojas que comienzan a dorarse y se mezcla con el aroma húmedo de la tierra otoñal. Tomo un mate, observo el río que refleja la luz del sol y siento que no hay necesidad de más ceremonias que este instante.

    Vuelven a mí las palabras del Maestro Eckhart: “Si la única oración que dices en toda tu vida es gracias, será suficiente.” Y pienso en cómo algo tan simple puede contener la totalidad de lo sagrado. No hace falta adoptar posturas ni rituales formales. La verdadera espiritualidad a veces se esconde en la vida cotidiana: en el gesto amable, en la sonrisa compartida, en la paciencia silenciosa.

    Agradecer, realmente agradecer, es reconocer la belleza y el misterio que nos rodea. Es aceptar que cada amanecer, cada sonido del viento entre los coihues, cada mate compartido, es un regalo. No se trata de palabras repetidas, sino de atención y presencia: de sentir y reconocer que todo lo que nos llega, grande o pequeño, nos conecta con algo más amplio que nosotros mismos.

    Ser agradecido no es pasividad; es apertura. Es estar dispuesto a recibir la vida tal como es y devolverle, con la misma honestidad, un corazón consciente. La compasión y el amor surgen de ese reconocimiento: cuando vemos la maravilla en lo cotidiano, nuestra relación con el mundo se transforma, y nuestra existencia se vuelve un acto sagrado.

    Mientras el sol se eleva y la luz acaricia los cerros, siento que este simple “gracias” es más que suficiente. Es un puente que une lo humano con lo divino, lo interior con lo exterior, el instante con la eternidad. Solo por hoy, en esta mañana de otoño, dejo que mi corazón hable con ese lenguaje invisible y eterno: el de la gratitud que no necesita más palabras para existir.

    Porque a veces, decir gracias es todo lo que necesitamos para estar completos.

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