Two Steps From Hell - Dragon (2019)

"Dragon" es el décimo lanzamiento principal de los maestros de la música épica, Two Steps From Hell; una de las productoras más famosas de este tipo de música, que muchos llaman "música épica" o "música de tráiler", y algunos de los temas más populares entre los internautas son "Heart of courage", "To glory", "Protectors of the Earth", entre otros. Two Steps from Hell (en español: A dos pasos del infierno) es una productora musical ubicada en Los Ángeles, California. Fundada por Nick Phoenix y Thomas J. Bergersen el 14 de febrero de 2006,​ la compañía produce música para tráilers de películas y para el top ten de los álbumes clásicos. El álbum "Dragon" sobrecargará tus sentidos y te dejará sin aliento.

 

Two Steps From Hell - Dragon (2019)

01. Unbreakable
02. First Contact
03. Bravestone
04. Dragon
05. Emerald Princes
06. At The Wall
07. Race To Durango
08. Untold
09. Dragonwing
10. Riders Of The Apocalypse
11. Skulls & Trombones
12. Lonely Are The Brave
13. Letters To God
14. Gift Of The Gods
15. Nighthawk
16. Snowball Fight
17. Cathedral
18. Believe
19. Take Me With You

Duración total:  81:48 min.

Comentarios

  1. Frases espirituales poderosas 7:

    “Es a través de la gratitud por el momento presente que se abre la dimensión espiritual de la vida.” Eckhart Tolle.

    La dimensión espiritual de la vida siempre está presente pero no siempre somos capaces de verla. Debemos ser plenamente conscientes del momento presente y estar agradecidos por ello. Necesitamos abrazar los dones de la vida y buscar satisfacción.

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  2. ✨ El Umbral Invisible del Ahora

    Hoy no pasó nada extraordinario… y, sin embargo, algo se abrió.

    No hubo señales evidentes, ni revelaciones estruendosas, ni momentos que pudieran destacarse como “importantes”. El día fue, en apariencia, uno más. Pero en algún punto —difícil de precisar— algo cambió en la forma en que lo estaba habitando.

    Quizá fue un instante mínimo.

    Un respiro más consciente.
    Una pausa que no estaba en los planes.
    Una mirada que dejó de buscar y empezó, simplemente, a ver.

    Y ahí entendí —o mejor dicho, sentí— algo que tantas veces había pasado por alto: la dimensión espiritual de la vida no es algo que aparece… es algo que se revela cuando dejo de estar ausente.

    Las palabras de Eckhart Tolle resuenan distinto cuando no se quedan en la mente. Porque no se trata de entender la gratitud, sino de encarnarla. De permitir que ese “gracias” silencioso surja sin esfuerzo, como una respuesta natural a estar aquí, ahora, sin necesidad de que nada sea diferente.

    Pero no siempre es fácil.

    La mente tiene una habilidad casi perfecta para escapar del presente. Se adelanta, se retrasa, compara, proyecta… y en ese movimiento constante, lo esencial queda fuera de foco. Vivimos rodeados de momentos que podrían abrirnos algo profundo, pero pasan desapercibidos porque estamos en otra parte.

    Como si la vida ocurriera… pero sin nosotros.

    Y, sin embargo, basta un pequeño giro.

    Un acto de presencia.

    No tiene que ser perfecto ni sostenido. A veces alcanza con unos segundos reales, sin distracción, sin juicio. Y en ese breve espacio, algo se alinea. No porque el mundo cambie, sino porque dejo de resistirme a lo que es.

    Ahí aparece la gratitud.

    No como una obligación ni como un ejercicio mental, sino como una sensación que brota sola cuando reconozco el milagro silencioso de estar vivo. De respirar. De sentir. De ser parte de este instante irrepetible.

    Y entonces lo cotidiano se transforma.

    El sonido del viento deja de ser ruido.
    La luz que entra por la ventana ya no es rutina.
    Incluso el cansancio, la incertidumbre o la quietud adquieren otra textura.

    Todo empieza a tener profundidad.

    Quizá la dimensión espiritual siempre estuvo ahí, esperando no ser encontrada, sino reconocida. Como una puerta abierta que no vemos porque estamos demasiado ocupados buscando otra salida.

    Hoy no quiero buscar más.

    Quiero estar.

    Quiero aprender a permanecer en este ahora que no se repite, que no se acumula, que no se puede guardar. Y desde ahí, dejar que la gratitud haga su trabajo silencioso, expandiendo algo que no necesita explicación.

    Porque cuando realmente habito el presente, aunque sea por un instante…

    ya no estoy separado de la vida.

    Y en ese punto —tan simple y tan profundo—

    todo, absolutamente todo,
    se vuelve suficiente.

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