Roni Benise, mejor conocido como Benise, es un guitarrista estadounidense que describe su estilo como "guitarra española" o "flamenco nouveau". El éxito inicial de Benise al producir entretenimiento con sabor latino llevó a Nights of Fire!, producción que ha sido transmitida en PBS a nivel nacional. Se grabó en el estilo colonial español de Arlington en Santa Barbara, California. La idea para Noches de Fuego! surgió de sus conciertos de producción propia, a los que llamó Viva Spanish Nights. Con espectáculos de circo, bailarines de samba y bateristas africanos, el espectáculo llenó lugares para 2.000 personas. Aquí se presenta junto al genial y legendario compositor David Arkenstone , cautivando a toda la audiencia.
Benise & David Arkenstone - Barcelona Lounge No.1 (2013)
01. Ole Ole
02. L'O'V'E' Pt.1
03. Eyes Behind the Veil
04. U-Phoria
05. Tu Eres Mi Vida (U R My Life)
06. Bliss
07. Quiver
08. Slipping Into U
09. U-Phoria [remix]
Duración total: 49:39 min.

“Solemos decir que no estuvo en nuestras manos la elección de nuestros padres, pero depende de nuestra voluntad nacer a nosotros mismos.” (Séneca)
ResponderEliminar🔥 El libro que nadie puede leer
ResponderEliminarEl amanecer ha llegado lentamente a Aluminé.
Después de una noche de lloviznas intermitentes, el mundo parece haber despertado cubierto por un delicado velo de silencio. Las montañas conservan aún la humedad de la oscuridad, los árboles dejan caer pequeñas gotas como si terminaran de soñar, y el cielo patagónico comienza a abrir sus primeros claros entre las nubes del final del otoño.
Hay mañanas en las que uno siente que la naturaleza intenta decir algo.
Pero no con palabras.
Con presencias.
Con señales.
Con enigmas.
Mientras escuchaba la apasionada guitarra de Benise dialogando con las atmósferas inmensas creadas por David Arkenstone, pensé en uno de los misterios más fascinantes que existen: el Manuscrito Voynich.
Un libro antiguo.
Un lenguaje desconocido.
Símbolos que nadie puede comprender.
Plantas que no pertenecen a ningún jardín conocido.
Constelaciones imposibles.
Figuras que parecen haber surgido de algún rincón olvidado entre el sueño y la vigilia.
Durante siglos, estudiosos, lingüistas y científicos han intentado descifrarlo.
Y sin embargo permanece cerrado.
No porque esté escondido.
Sino porque quizás aún no hemos aprendido a leerlo.
Entonces recordé las palabras de Séneca:
"Solemos decir que no estuvo en nuestras manos la elección de nuestros padres, pero depende de nuestra voluntad nacer a nosotros mismos."
Y de pronto el antiguo manuscrito adquirió otro significado.
Tal vez todos llevamos un Voynich en nuestro interior.
Un libro secreto.
Un lenguaje que aún no comprendemos.
Una historia escrita antes de que pudiéramos elegir quiénes seríamos.
Nacemos dentro de circunstancias que no hemos creado.
Recibimos nombres.
Herencias.
Miedos.
Creencias.
Historias familiares.
Alegrías y heridas.
Como páginas ya escritas antes de nuestra llegada.
Pero llega un momento en el que el alma comienza a preguntarse:
¿Quién soy realmente?
¿Soy solamente aquello que heredé?
¿O existe una escritura más profunda aguardando ser descubierta?
Quizás ese sea el verdadero nacimiento del que hablaba Séneca.
No el del cuerpo.
Sino el del espíritu.
Mientras las cuerdas flamencas de Benise parecían encender pequeñas hogueras invisibles en la quietud de esta mañana patagónica, imaginé que cada ser humano recibe al llegar a este mundo un manuscrito incompleto.
Los primeros capítulos vienen escritos.
No los elegimos.
Pero las páginas restantes permanecen vacías.
Esperando.
Silenciosas.
Disponibles.
Y es allí donde aparece la voluntad.
No como una fuerza de control.
Sino como una forma de creación.
Porque nacer a uno mismo significa convertirse en autor de aquello que antes parecía destino.
El Manuscrito Voynich sigue siendo un misterio porque buscamos descifrarlo desde afuera.
Pero quizás nuestra propia vida se parece mucho a él.
Muchas veces intentamos comprendernos mediante explicaciones ajenas.
Etiquetas.
Definiciones.
Opiniones.
Sin advertir que la clave podría encontrarse en otra parte.
En la escucha interior.
En el silencio.
En esos momentos donde el ruido del mundo disminuye y algo más antiguo comienza a hablar.
Hay una pregunta que me acompaña esta mañana:
¿Y si el propósito de ciertos enigmas no fuera ser resueltos?
¿Y si algunos misterios existieran para despertarnos?
El universo parece lleno de puertas que no conducen a respuestas sino a estados de conciencia.
Las estrellas.
Los sueños.
La música.
El amor.
La muerte.
Y también esos libros imposibles que sobreviven al tiempo sin revelar completamente sus secretos.
Quizás porque el misterio es un maestro.
Nos obliga a permanecer humildes.
Nos recuerda que la realidad es más vasta de lo que creemos.
Nos enseña que el conocimiento no siempre consiste en acumular certezas.
A veces consiste en aprender a convivir con lo desconocido.
Escuchando a Benise y a David Arkenstone comprendí que algo similar ocurre con la música.
No entendemos una melodía mediante conceptos.
La entendemos sintiéndola.
No desciframos una emoción.
La atravesamos.
No resolvemos el alma.
La habitamos.
ResponderEliminarY tal vez el universo entero funcione de esa manera.
Como una composición inmensa donde cada existencia aporta una nota irrepetible.
Esta mañana de finales de otoño, mientras las últimas gotas resbalan desde las ramas y el día comienza a desplegarse sobre los paisajes de Neuquén, siento que el verdadero enigma no es el Manuscrito Voynich.
El verdadero enigma somos nosotros.
Esa conciencia que habita detrás de nuestros pensamientos.
Ese viajero silencioso que observa nuestra vida desde algún lugar profundo.
Ese ser que lentamente intenta nacer a sí mismo a través de cada experiencia.
Quizás por eso seguimos buscando misterios.
Porque cada uno de ellos refleja una parte olvidada de nuestra propia búsqueda.
Y tal vez algún día, cuando aprendamos finalmente a leer el lenguaje secreto del corazón, descubramos que todos los enigmas del mundo estaban intentando decirnos la misma cosa.
Que no hemos venido aquí para encontrar todas las respuestas.
Hemos venido para convertirnos en la pregunta correcta.
Y desde allí, continuar viajando con el espíritu hacia esos lugares insospechados que existen más allá del crepúsculo.