Bradley Joseph - Paint The Sky (2013)

El teclista y compositor profesional Bradley Joseph actuó con los artistas Yanni y Sheena Easton durante más de una década, consolidando una trayectoria sólida dentro de la música contemporánea instrumental. Bradley fue un destacado tecladista en el Yanni's Ethnicity 2003 World Tour, que fue clasificada como la cuarta gira más grande del año, llevándolo a escenarios internacionales de gran relevancia. Ha trabajado junto a Yanni durante más de seis años y se presentó en el emblemático CD Live At The Acropolis. Bradley viajó con Sheena Easton durante cinco años como su director musical, participando además en The Tonight Show. Actualmente, Bradley produce, interpreta y distribuye sus propias composiciones, incluyendo numerosos CD y libros de piano a nivel mundial.

 

Bradley Joseph - Paint The Sky (2013)

01. Inside The Stars
02. Secrets Of The Sun
03. Into The Big Blue
04. Your Eyes Say Goodbye
05. In Dreams Awake
06. Rainbow Fields
07. Ill Wait For You
08. What A Time It Was
09. The Edge Of My Heart
10. Brave New Day
11. Light Through The Trees
12. Spirit Of The Calm
13. Remembering

Duración total: 54:10 min.

Comentarios

  1. LOS DIEZ ERRORES METAFÍSICOS MÁS COMUNES

    8. CREER QUE UNO PUEDE GUIAR A OTROS O QUE PUEDE SER GUIADO

    Sentir que gracias a uno otras personas se iluminan o, al revés, que la presencia de otros nos devuelve la luz es pura ilusión del ego. La verdadera Guía es Interna, es tu Intuición, la Voz de tu Espíritu. Muchas veces esa voz coincidirá con lo que escuchas de afuera y pensarás que alguien te está guiando. Pero, apenas aceptes a alguien como tu ídolo, comenzarás a fabricar tu propia decepción. Ocurre lo mismo si alguien te ha entronizado y te ha tomado como líder; en algún momento los problemas de tu vida personal lo decepcionarán.

    Todos aprendemos y enseñamos al mismo tiempo. Por tal motivo, es conveniente mantener una actitud receptiva hacia las señales que recibimos de nuestro entorno y ver qué resonancia producen en nuestro interior.

    No eres el salvador ni la guía de nadie. Ninguna vida depende de tus conocimientos ni de tus esfuerzos. Esto es cierto también al revés. Nadie te rescatará ni te salvará, excepto tú mismo.

    El mejor Guía con que contamos está dentro de Nosotros. Nos habla con voz suave y paciente, sin obligarnos a nada; nos indica siempre el camino más corto y más feliz, nos da la idea más adecuada y la respuesta que racionalmente no podemos encontrar.

    Por eso, es conveniente practicar meditación y ejercicios de relajación para poder escuchar esa voz. Si vives de prisa, tenso, angustiado y con un ritmo acelerado, seguramente no oirás la “voz de tu intuición” y buscarás guías externas.

    Hay personas que son muy positivas y estimulantes, y podrán ayudarte en un principio. Evita idolatrarlas y evita también ser idolatrado. Recuerda siempre que la “Guía más válida y acertada está siempre dentro de ti”.

    ResponderEliminar
  2. 🍁 El susurro que no necesita nombre

    Esta mañana en Aluminé el sol ha decidido quedarse, aunque el frío aún conserve su reino. Desde el jardín de casa, los colores del otoño parecen multiplicarse en infinitas variaciones, como si cada hoja estuviera intentando decir algo distinto… o tal vez lo mismo, pero en otro idioma. Hay una quietud luminosa, una de esas que no se imponen, sino que se ofrecen.

    En medio de este paisaje que parece pintado desde adentro hacia afuera, me descubro pensando en esa idea tan sutil y tan profundamente arraigada: la de guiar o ser guiado. Cuántas veces creemos que alguien nos ha mostrado el camino… o peor aún, cuántas veces creemos ser faro para otros. Y sin embargo, aquí, entre el crujir leve de las hojas y el aire frío que despierta la piel, algo en mí se acomoda en otra verdad.

    Nadie lleva a nadie.

    Lo que ocurre —si ocurre algo verdadero— es más silencioso. Más íntimo. Como este sol que no empuja a la escarcha a desaparecer, sino que simplemente está… y en su presencia, todo encuentra su propio ritmo para transformarse.

    He comprendido, o tal vez apenas intuido, que toda palabra externa es apenas un eco. Una sugerencia. Un reflejo momentáneo de algo que ya estaba latiendo en algún rincón profundo de uno mismo. Y cuando ese eco coincide con nuestra propia vibración interna, lo confundimos con guía. Pero no… es reconocimiento.

    El verdadero movimiento ocurre hacia adentro.

    Es curioso cómo el ego se disfraza incluso de luz. Nos hace creer que podemos iluminar caminos ajenos o que necesitamos de otros para no perdernos. Pero esa creencia, tan humana, tan comprensible, encierra una trampa sutil: la de alejarnos de nuestra propia fuente.

    Porque la voz verdadera no grita, no convence, no promete. Apenas susurra.

    Y para escucharla, hace falta algo que hoy, en este jardín, parece tan evidente: detenerse. No como una técnica, no como una disciplina… sino como una entrega. Como cuando uno deja de buscar colores y simplemente permite que el paisaje lo atraviese.

    Esa voz —la interna— no tiene urgencia. No se impone ni se ofende si no la escuchamos. Espera. Siempre espera. Y cuando finalmente logramos aquietar el ruido, aparece… no como respuesta, sino como certeza.

    Tal vez por eso las decepciones son inevitables cuando colocamos en otros aquello que nos pertenece. Porque nadie puede sostener el peso de ser nuestra brújula. Ni nosotros la de serlo para alguien más. Cada alma tiene su propio pulso, su propio mapa invisible, su propia forma de recordar.

    Y en ese recordar, todos somos, al mismo tiempo, aprendices y espejos.

    Hoy, mientras el sol juega entre las ramas y el frío insiste en quedarse un poco más, siento que no hay nada que enseñar… ni nada que buscar afuera. Solo estar lo suficientemente presente como para reconocer cuándo algo resuena, y lo suficientemente honesto como para no apropiarse de esa resonancia.

    Porque lo más sagrado no es encontrar respuestas, sino afinar la escucha.

    Y en esa escucha, descubrir que nunca hubo un guía externo… solo encuentros que nos devolvían, una y otra vez, hacia ese centro silencioso donde todo ya estaba esperando.

    El susurro sigue ahí.

    No tiene nombre.
    Pero sabe exactamente quién soy.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario