Seay - Love Is The Ocean (EP) (2015)

Edificante y universal, tan rara y única como un copo de nieve, son algunas de las descripciones que intentan capturar la evocadora voz y la música de Seay. Sus interpretaciones destacan por voces sugerentes y originales, acompañadas de una cuidada producción y composiciones que abordan temas universales y celestiales. La belleza de su voz y la profundidad de su música logran cautivar e inspirar a oyentes de todo el mundo. Ha lanzado internacionalmente tres álbumes dentro del género New Age, consolidando su estilo distintivo. Además, ha colaborado en proyectos con reconocidos artistas como Annie Lennox, Elaine Paige y Clay Walker. Su álbum debut fue reconocido entre los mejores del año; además su voz también ha formado parte de épicas producciones cinematográficas.

 

Seay - Love Is The Ocean (EP) (2015)

01. Love Is The Ocean
02. Love Is The Ocean (Reprise)
03. Love Is The Ocean (Instrumental)

Duración total: 13:06 min.

Comentarios

  1. Acá continuamos actualizando y revisitando el blog y nos topamos con esta sorprendente voz de Seay. Una bella canción con contenido. Me gusta!

    “Lo que se puede enseñar no vale gran cosa, lo que vale es lo que tú tienes que aprender.”
    Eduardo Chillida

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  2. 🍂 Lo que el arroyo no dice, pero enseña

    Volví de caminar con Kayquén hace apenas un rato. El sol de otoño caía con esa tibieza perfecta sobre las chacras de Aluminé, y el murmullo del arroyo Poi Pucón parecía decirlo todo… y nada a la vez. Hay mañanas así, en las que el mundo no necesita explicarse, porque simplemente se revela.

    Mientras avanzábamos entre hojas crujientes y aromas húmedos de tierra viva, recordé una frase de Eduardo Chillida: “Lo que se puede enseñar no vale gran cosa, lo que vale es lo que tú tienes que aprender.” Y algo en mí se detuvo, como si el tiempo hubiera decidido sentarse a mi lado a contemplar.

    Pensé en cuántas veces buscamos respuestas afuera, en palabras, libros, voces ajenas… como si la verdad pudiera ser entregada envuelta, lista para usar. Pero el arroyo no enseña con discursos. No traduce su lenguaje. No explica su fluir. Simplemente es. Y en ese ser constante, en esa entrega sin resistencia, hay una sabiduría que no puede transmitirse: solo experimentarse.

    Kayquén corría libre, ajena a mis pensamientos, pero profundamente conectada a lo esencial. No necesita aprender lo que ya habita en ella. Y tal vez ahí radique el misterio: no se trata de acumular enseñanzas, sino de recordar. De despejar el ruido hasta que lo que somos —eso que nunca se fue— vuelva a pronunciarse en silencio.

    El viento entre los álamos no me dijo qué hacer con mi vida. El agua no me ofreció certezas. Sin embargo, algo en mí comprendió. No con palabras, sino con una especie de resonancia interna, como si una parte olvidada se hubiese despertado al escuchar su propio eco en la naturaleza.

    Quizás lo valioso no puede ser enseñado porque no pertenece al mundo de las formas. No cabe en definiciones ni en instrucciones. Es un descubrimiento íntimo, casi secreto, que ocurre cuando dejamos de buscar afuera y nos disponemos a escuchar lo que siempre estuvo susurrando dentro.

    Esta mañana no aprendí nada nuevo. Y, sin embargo, siento que algo en mí se ordenó, como si las piezas hubieran encontrado su lugar sin esfuerzo. Tal vez eso sea aprender de verdad: no sumar, sino revelar.

    Al final del camino, el arroyo siguió su curso, indiferente a mi pequeña epifanía. Y yo, en cambio, regresé distinto. No porque alguien me haya enseñado algo… sino porque, por un instante, estuve disponible para aprender lo que no puede ser dicho.

    Y eso —como el agua, como el otoño, como el silencio— vale más que cualquier enseñanza.

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