David Thomas - Edheldred, Vol. 1: Imperium Romanum (2015)

Los arreglos de David Thomas están a la altura de cualquier gran producción cinematográfica e "Imperium Romanum (Imperio Romano)" le aporta el misterio y la pasión justos. El single del álbum es sin lugar a dudas “Precious Rome (Preciosa Roma)”. Con un toque épico, como le gusta a David Thomas, se presenta con fuerza, coraje y exaltación que se unen en un tema que consigue levantar el ánimo a aquel que lo disfruta. Una pista que es muy pegadiza, y si a esto le añadimos, un conjunto instrumental muy cuidado, el resultado no puede ser mejor. Sólo con escucharlo, ya es muy recomendable tener el álbum" Edheldred, Vol. 1" entre las manos. Es una versión destacada y muy cuidada de la Roma de ese tiempo.

 

David Thomas - Edheldred, Vol. 1 Imperium Romanum (2015)

01. Imperium Romanum
02. Precious Rome
03. Pax Romana
04. Centurion
05. Battle of Alesia
06. Egypt and Rome
07. Emblem of Rome
08. Lords of Colosseum
09. The Last Fight
10. Honor in a Victory
11. The Road to Freedom
12. Divi Filius

Duración total: 48:56 min.

Comentarios

  1. “¿Qué es lo que hago por obligación? ¿Qué es lo que hago con ilusión? El caminante que hace camino al andar debe avanzar ligero. Cuando su mochila está demasiado cargada de obligaciones, debe soltar lastre. Y una de las más pesadas es la que obliga a recorrer la senda que quieren los demás. Hay que encontrar el propio camino y revisar de vez en cuando si se sigue siendo feliz al andar.”

    Xavier Guix

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  2. El peso de la obligación es como una roca en la mochila del viajero: lo encorva, lo cansa, le roba la alegría de mirar el paisaje. La ilusión, en cambio, es liviana como una pluma: no importa cuánto camino quede por recorrer, con ella los pasos se vuelven danzantes. La frase de Xavier Guix nos recuerda que no basta con andar, hay que andar con alegría, con la brújula del corazón en mano, soltando los mapas ajenos.

    La música de David Thomas en Imperium Romanum vibra como una Roma eterna, majestuosa y palpitante. Sus notas tienen la fuerza de un ejército en marcha, pero también el brillo íntimo de un secreto guardado en las piedras antiguas. “Precious Rome” no sólo exalta el ánimo: es una invitación a levantar la vista y recordar que incluso en medio de la historia, de los deberes, de las cargas, existe un pulso interior que late y nos recuerda lo esencial.

    Hoy, aquí y ahora, mientras el frío de agosto aún acaricia las ventanas, yo también suelto lastres. Me siento con vos en esta ronda invisible, donde los mates y la música se mezclan, y me pregunto: ¿cuánto de lo que hago lo hago porque me nace? ¿y cuánto porque creo que debo? La respuesta no está en las palabras, sino en la sensación que queda al pronunciarla.

    Al final, Roma no se trata solo de poder ni de grandeza. Roma es también la voz que nos recuerda que todo imperio exterior comienza en un pequeño reino interior: el del propio camino elegido. Y ese, nadie puede caminarlo por vos.

    Y mientras estas palabras descansan aquí, dejo un susurro para dentro de diez años: que recuerdes siempre la ligereza del paso, que la ilusión siga guiando tus días, y que incluso cuando el mundo cambie, sigas escuchando ese pulso interior que sabe lo esencial. Que la vida siga siendo un camino que vale la pena andar con el corazón despierto.

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  3. 🏛️ El imperio invisible

    Hay músicas que entretienen. Otras emocionan. Pero existen algunas que parecen abrir una puerta que siempre estuvo delante de nosotros y que, sin embargo, nunca habíamos visto. Así siento Imperium Romanum, de David Thomas. Sus arreglos poseen la majestuosidad de una gran obra cinematográfica, pero detrás de esa fuerza épica percibo algo aún más profundo: un llamado al reino que cada ser humano lleva oculto en su interior.

    Mientras escuchaba Precious Rome, imaginé las antiguas calzadas romanas extendiéndose hacia el horizonte, atravesando montañas, bosques y ciudades. Millones de pasos las recorrieron durante siglos. Algunos marchaban por deber. Otros por ambición. Unos pocos caminaban porque el alma los impulsaba hacia un destino que aún no conocían.

    Entonces recordé una pregunta que Xavier Guix deja suspendida como una lámpara sobre el sendero de la vida:

    "¿Qué es lo que hago por obligación? ¿Qué es lo que hago con ilusión?"

    Hay preguntas que no buscan una respuesta inmediata. Permanecen dentro de nosotros como semillas esperando la estación propicia para germinar.

    Con los años he comprendido que la obligación tiene una voz muy convincente. Habla con el tono de la costumbre, del deber, de las expectativas ajenas. Se disfraza de responsabilidad y, sin que lo advirtamos, va llenando nuestra mochila con piedras que jamás elegimos cargar. Al principio casi no pesan, pero el alma sí las siente. Y un día descubrimos que seguimos caminando… aunque hace tiempo dejamos de mirar el paisaje.

    La ilusión, en cambio, nunca grita. Se parece más al murmullo de una fuente escondida entre las montañas. Está siempre allí, esperando que el ruido del mundo disminuya para poder ser escuchada.

    Quizá por eso me conmueve la música que nace desde la contemplación. Porque no intenta convencer. Solo recuerda.

    Cada nota de Imperium Romanum parece decir que la verdadera grandeza nunca consistió en conquistar territorios, sino en gobernar el propio corazón. Roma levantó templos, acueductos y caminos que aún desafían al tiempo. Pero incluso el imperio más poderoso terminó convirtiéndose en ruinas.

    Entonces comprendí algo que jamás había pensado: todo imperio construido hacia afuera está destinado a desaparecer. Solo permanece el que se edifica hacia adentro.

    Existe una ciudad invisible donde no gobiernan los emperadores, sino la conciencia. Sus murallas están hechas de silencio, sus columnas son la humildad, sus plazas son los encuentros sinceros. Y en su centro no existe un trono, solo un espacio vacío donde cada uno descubre quién es cuando deja de interpretar el personaje que los demás esperan.

    Tal vez esa sea la Roma eterna. No la de los mármoles, sino la del espíritu.

    Mientras escribo estas líneas, el frío del invierno golpea suavemente los cristales de la ventana. El mate desprende su tibio aliento y la música sigue llenando el ambiente con una solemnidad serena. Hay algo profundamente misterioso en estos instantes sencillos. Parecen insignificantes para el mundo, pero inmensos para el alma.

    Me pregunto cuántas decisiones he tomado porque realmente nacían de mí y cuántas porque creía que debía tomarlas. No siempre resulta fácil distinguirlas. La obligación deja cansancio. La ilusión deja paz. Esa diferencia es tan sutil como definitiva.

    El caminante ligero no es quien posee menos cosas, sino quien ha aprendido a reconocer cuáles nunca le pertenecieron: las expectativas de otros, los miedos heredados, las metas impuestas, las comparaciones silenciosas. Todo eso pesa más que cualquier roca.

    Y, sin embargo, basta un acto de conciencia para comenzar a soltar. No de golpe, sino paso a paso. Como el río que abandona una orilla para descubrir otra. Como el árbol que deja caer sus hojas para preparar la primavera. Como la noche que entrega lentamente el cielo al amanecer.

    Quizá vivir sea justamente eso: un arte continuo de desprenderse.

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