"Dreams From Afar (Sueños Lejanos)" es el cuarto álbum del pianista y compositor Michael Logozar. Había planeado lanzar un álbum de canciones populares, pero aceptó el reto de escribir, grabar y compartir siete canciones en siete días. El resultado fueron un montón de canciones muy melódicas y accesibles. Hay un muy buen equilibrio emocional con el álbum en el que algunas de las canciones están llenas de anhelos, mientras que otras canciones son un poco más ligeras. "Homeland Song (Canción de la Patria)" cierra el álbum con un original optimismo que Logozar escribió como si fuera una canción popular. Alegre y muy melódica, es un fuerte final para un álbum excepcional. Este trabajo es uno de los discos del año!
Michael Logozar - Dreams from Afar (2014)
01. Carousel
02. Firefly Dance
03. Your Smile
04. Musette
05. Finding Hope
06. First Wings
07. The Water Is Wide
08. The Skipping Path
09. Snow Angel
10. The Long Night
11. From Afar
12. Homeland Song
Duración total: 42:39 min.
01. Carousel
02. Firefly Dance
03. Your Smile
04. Musette
05. Finding Hope
06. First Wings
07. The Water Is Wide
08. The Skipping Path
09. Snow Angel
10. The Long Night
11. From Afar
12. Homeland Song
Duración total: 42:39 min.

Con esta hermosa melodía de piano nos vamos a Córdoba en busca de nuestra amiga Susana que hace rato que no aparece por acá y la extrañamos mucho!
ResponderEliminarVilla Carlos Paz es una ciudad de ensueño... una vez, en mayo de 1995, participe de un encuentro nacional de profesores de Geografía en la que hicimos buenos amigos y la pasamos muy bien! Recuerdos aquellos que vienen bien rememorar...
Con esta canción terminamos de armar el compilado volumen 45 que saldrá a la medianoche... con una carátula de lo más enigmática... a no perdérselo!
Dulce María Loynaz (entrega 4)
ResponderEliminarPoema LVIII
Estoy doblada sobre tu recuerdo como la mujer que vi
esta tarde lavando en el río.
Horas y horas de rodillas, doblada por la cintura sobre
este río negro de tu ausencia.
Poema LXI
En el valle profundo de mis tristezas, tú te alzas
inconmovible y silencioso como una columna de oro.
Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso
a resinas silvestres.
Eres de la raza del sol, y a sol me huele tu carne quemada,
tu cabello tibio, tu boca oscura y caliente aún
como brasa recién apagada por el viento.
Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes,
muérdeme con tus dientes de fiera joven,
arranca mis tristezas y mis orgullos,
arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos.
¡Y enséñame de una vez -ya que no lo sé todavía-
a vivir o a morir entre tus garras!
Poema CI
La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
criatura distinta. Más leve, más sutil,
más sensitiva.
Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
deja un hueco en el viento; si es niño, juega
a veces con un petrel, con una nube...
La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
rodea y al que no la rodea.
Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
amansan en su pecho, duermen a su calor
como palomas.
Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir
volando...
Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
le estremece la yema de las alas...
Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
lo menos tierra de la Tierra.
Poema CXXII
¿ Qué loco sembrador anda en la noche,
aventando luceros que no han de germinar nunca en la tierra?
¿ Qué loco labrador rotura día a día la tierra para surco de luceros?
Precio
Toda la vida estaba
en tus pálidos labios...
Toda la noche estaba
en mi trémulo vaso...
Y yo cerca de ti,
con el vino en la mano,
ni bebí ni bese...
Eso pude: Eso valgo.
Quiéreme entera...
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!
si me quieres, no me recortes:
¡quiéreme toda... o no me quieras!
Selva
Selva de mi silencio,
apretada de olor, fría de menta.
Selva de mi silencio, en ti se mellan
todas las hachas; se despuntan
todas las flechas;
se quiebran
todos los vientos.
Selva de mi silencio, ceniza de la voz
sin boca, ya sin eco; crispadura de yemas
que acechan el sol,
tras la espera
maraña verde... ¿qué nieblas
se te revuelven en un remolino?
¿Qué ala pasa cerca
que no se vea
succionada en el negro remolino?
(La selva se cierra
sobre el ala que pasa y que rueda.)
Selva de mi silencio,
verde sin primavera,
tú tienes la tristeza
vegetal y el instinto vertical
del árbol. En ti empiezan
todas las noches de la tierra;
en ti concluyen todos los caminos.
Selva apretada de olor, fría de menta.
Selva con tu casita de azúcar
y su lobo vestido de abuela;
trenzadura de hoja y de piedra,
masa hinchada, sembrada, crecida toda
para aplastar aquella,
tan pequeña,
palabra de amor...
Si dices una palabra más...
Si dices una palabra más,
me moriré de tu voz,
que ya me está hincando el pecho,
que puede traspasarme el pecho
como una aguda, larga, exquisita espada.
Si dices una palabra más
con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte;
con esa voz que es como una cosa tangible
que yo podría acariciar, estrujar, morder;
si dices una palabra más
con esa voz que me pones de punta en el pecho,
yo caería atravesada, muerta
por una espada invisible,
dueña del camino más recto a mi corazón.
Que hermosa melodía para recordar y añorar la bella Córdoba....donde tuve la dicha de vivir nueve felices años ♥♥ muchos recuerdos hermosos ! GRACIAS Neto♥♥
ResponderEliminarEsperaré con el ♥ contento el nuevo compi !
Que viajecito de las Cataratas a Carlos Paz....me quedo tomando fotografías para armar el book del viaje-.....uiiiiiiiiiiiiii
Claro... no recordaba Sandy que vos también viviste en Córdoba! Que suerte que la pegamos con el destino de este día... Mucho viaje pero que valió la pena! A sacar fotos y a comer alfajores cordobeses. Si la ves a Susana decile que se me acabó la menta peperina para ponerle al mate!
ResponderEliminarDestinos: Villa Carlos Paz
El lago San Roque baña sus costas y es ideal para realizar actividades recreativas al aire libre y deportes náuticos...
Te dejo que me voy a dar una vueltita en lancha por el lago San Roque...
Uuuu esperame,quiero ir en lanchita yo tambien....llevas salvavidas patito? ,,,jajajajaj
ResponderEliminarjajaja... la verdad que no... el agua está muy fría... pero ya estoy disfrutando del maravilloso día que comienza en Bariloche... apurate, no te quedes rezagada! Este es un viaje alrededor del mundo en 50 días! jajaja
ResponderEliminarUyyyyyyyyyy esperameeeee, me encanta Bariloche..... fui.....uy ya no recuerdo las veces ...pero muchas jajajajajaj, bucee en el Lago Mascardi..... que hermoso♥♥
ResponderEliminarJajajaja... vos siempre en las profundidades marinas! Que bueno! Te felicito! Tengo un amigo que hace parapente! Que lindo volar... que lindo bucear... (y uno ni sale a andar en bici... jajajaja) Te felicito!
ResponderEliminarNo te canses mucho en Bariloche... que mañana venimos más cerca... para la Megakilobombo Festichola Cumpleañera!!!
Ohhhhh siii ....volar...bucear...navegar.... ver al mundo de distintas maneras...y siempre con ojos de niño..... admirando la belleza en cada momento....... y hablando de niño...... mañana es tu dia niño Neto!!!!!!!! jijijiji
ResponderEliminarEntonces que mejor que en el día de hoy. FELIZ DIA DEL NIÑO!!! (claro... nunca un DIA DE LA NIÑA... pero bueno,hgamos de cuenta que es el día para los dos! ¿no? jajaja)
ResponderEliminaracepto la mocion.....٩(●̮̮̃•̃)۶ jajjajajajajj
ResponderEliminar٩(●̮̮̃•̃)۶ claro! seguro que si!
ResponderEliminar🌙 Los que aprendieron a caminar entre las sombras
ResponderEliminarEl anochecer de este final de mayo ha descendido sobre Aluminé con la delicadeza de una hoja de ñire que se desprende sin hacer ruido. Desde mi ventana, los últimos colores del otoño se desvanecen lentamente sobre las montañas, mientras el viento frío comienza a recorrer los caminos vacíos, los patios silenciosos y las orillas oscuras del lago.
Hay noches que parecen venir de muy lejos.
Noches que no pertenecen únicamente al presente.
Noches que traen consigo ecos de conversaciones olvidadas, melodías antiguas y nombres que creíamos perdidos en la niebla del tiempo.
Esta es una de ellas.
Mientras escuchaba las delicadas notas de Dreams From Afar (Sueños Lejanos), del pianista Michael Logozar, sentí que cada melodía parecía surgir desde alguna región secreta del alma. Quizás porque este álbum nació de un desafío improbable: siete canciones escritas, grabadas y compartidas en apenas siete días. Sin embargo, lejos de la prisa, sus composiciones poseen la serenidad de quien ha aprendido a escuchar.
Hay en esas piezas algo que me recuerda a los senderos patagónicos en otoño.
Algunas melodías están llenas de anhelos, como si buscaran horizontes invisibles más allá de las montañas.
Otras son luminosas y ligeras, semejantes a esos instantes inesperados en que el sol atraviesa las nubes después de una tormenta.
Y cuando llega Homeland Song, con su optimismo sereno y su espíritu de canción popular, uno comprende que ciertos viajes no terminan donde creíamos, sino donde recién comienzan.
Entonces recordé una frase que apareció esta tarde entre mis lecturas:
"Quien todo sabe sufrir, a todo puede atreverse."
La escribió el moralista francés Marqués de Vauvenargues hace casi tres siglos.
Sin embargo, esta noche parece escrita para nosotros.
Vivimos en una época que busca evitar el sufrimiento a cualquier precio.
Queremos respuestas inmediatas.
Caminos despejados.
Éxitos sin tropiezos.
Amores sin despedidas.
Pero la vida, sabia y misteriosa, rara vez funciona de ese modo.
Los antiguos árboles de estos bosques no crecieron gracias a los días fáciles.
Las raíces más profundas nacieron precisamente durante los inviernos más duros.
Tal vez ocurre lo mismo con nosotros.
Pienso entonces en aquellos viejos comentarios compartidos hace tantos años en el blog.
Las conversaciones con Sandy.
Los viajes imaginarios desde las Cataratas hasta Villa Carlos Paz.
Las bromas sobre la menta peperina.
Las fotografías inexistentes de lugares soñados.
Las lanchas sobre el lago San Roque.
Las carreras para no quedarse atrás en aquella vuelta al mundo inventada entre amigos.
Qué extraño poder tiene la memoria.
Lo que en aquel momento parecía una simple charla hoy se transforma en un pequeño tesoro.
Porque la verdadera riqueza nunca estuvo en los destinos.
Estuvo en los encuentros.
En las palabras compartidas.
En la alegría sencilla de coincidir en un mismo instante del camino.
Quizás por eso también regresaron esta noche los versos de Dulce María Loynaz.
Sus poemas parecen escritos con la misma materia de los sueños y las ausencias.
Hablan del amor.
De la nostalgia.
De la fragilidad.
Pero también de algo más profundo: la aceptación de nuestra condición humana.
Todos llevamos una selva interior.
Todos conocemos alguna vez ese río oscuro de la ausencia.
Todos hemos permanecido inmóviles frente a una oportunidad perdida, como en aquellos versos de Precio:
"Y yo cerca de ti,
con el vino en la mano,
ni bebí ni besé..."
¿Cuántas veces la vida nos encuentra así?
Con el corazón lleno de posibilidades y las manos vacías de coraje.
Sin embargo, los años enseñan algo curioso.
No son las heridas las que nos debilitan.
Son las heridas las que nos transforman.
Quien ha sufrido de verdad descubre dimensiones desconocidas de sí mismo.
Aprende a mirar con más profundidad.
Aprende a escuchar silencios.
Aprende a reconocer el dolor ajeno.
Y, sobre todo, aprende que puede seguir caminando incluso cuando todo parece perdido.
Tal vez eso quiso decir Vauvenargues.
No glorificar el sufrimiento.
ResponderEliminarSino revelar el secreto oculto detrás de él.
Cada tristeza atravesada amplía nuestra alma.
Cada pérdida aceptada ensancha nuestra mirada.
Cada noche superada nos prepara para contemplar amaneceres que antes no habríamos sabido apreciar.
Mientras la oscuridad termina de instalarse sobre Aluminé, imagino que todas las personas que alguna vez compartieron este viaje siguen presentes de alguna manera.
Los amigos cercanos.
Los amigos lejanos.
Los que llegaron.
Los que partieron.
Los que dejaron comentarios.
Los que simplemente pasaron en silencio.
Todos forman parte de esta inmensa travesía que llamamos existencia.
Quizás por eso las melodías de Michael Logozar resuenan esta noche con tanta fuerza.
Porque nos recuerdan que los sueños lejanos nunca desaparecen realmente.
Simplemente esperan.
Esperan el momento adecuado para volver a visitarnos.
Y cuando regresan, traen consigo una enseñanza silenciosa.
Que la vida no se mide por las certezas acumuladas.
Se mide por los misterios que nos animamos a atravesar.
Por las montañas que decidimos subir.
Por los amores que nos atrevimos a sentir.
Por las despedidas que fuimos capaces de aceptar.
Por los sueños que seguimos persiguiendo incluso cuando el horizonte parece inalcanzable.
El viento continúa soplando afuera.
Las hojas secas recorren las calles oscuras de este Aluminé otoñal.
Y mientras las últimas notas imaginarias de un piano se pierden entre las estrellas, comprendo algo que quizá los antiguos sabían desde siempre:
No son los que nunca sufrieron quienes llegan más lejos.
Son aquellos que aprendieron a caminar entre las sombras sin olvidar la dirección de la luz.
Y tal vez, sólo tal vez, allí comience el verdadero viaje con el espíritu.
Mucho más allá del crepúsculo.