Bruce Mitchell - Dancing On The Edge (1989)

El artista Bruce Mitchell es uno de los grandiosos tesoros musicales de Canadá. Su música es sincera y sorprendente como un hermoso tapiz de sonido y color. La inspiración de la música que ofrece es fuera de este mundo transportándonos inmediatamente a un estado de ánimo maravilloso. "Dancing On The Edge" es el segundo lanzamiento para el sello Narada Mystique del artista Bruce Mitchell y que presenta la calidad cálida y humana de su música electrónica. Bruce Mitchell siempre tiene un poco de pop en su trabajo, y eso es especialmente evidente en cortes como el tema seleccionado de este álbum "Vista". A esta pista se le unen una serie de instrumentos acústicos, incluidos los trabajos del violín distintivo del artista Alasdair Fraser.

 

Bruce Mitchell - Dancing on the Edge (1989)

01. South Winds
02. Another World
03. Golden Heart
04. Dancing on the Edge
05. Into the Fire
06. Vista
07. Across the Border
08. Timbuktu
09. Dream Journal
10. The Returning

Duración total: 46:24 min.

Comentarios

  1. Gloria Celeste González Junyent 10 de agosto de 2012 20:05
    Está muy bueno hacerte un lindo regalo de cumpleaños, sé que lo estás pasando muy bien y está bueno disfrutar un día especial con música que nos gusta y nos hace recordar buenos momentos de nuestra vida, felicidades y a por más que sos muy joven, cariños

    Neto 10 de agosto de 2012 20:53
    Gracias Glo por todas las palabras lindas que me decis en mi dia! Claro que soy jóven! voy por la mitad de camino! jaja Beso

    Sandy 12 de agosto de 2012 22:36
    feliz cumpleaños NETO! màs vale tarde que nunca, y ademàs debemos hacer de cada dìa de nuestra vida un dìa de cumpleaños,un dia especial! y como el "presente" es un regalo,te deseo que vivas tu presente, tu aquì y ahora, con toda el alma y cada minuto como algo irrepetibl,como el regalo que es!
    Abrazo de luz!

    Neto 12 de agosto de 2012 22:53
    Si es verdad lo que me decís entonces no me queda otra que... Feliz Cumpleaños Sandy! para vos también! y ya que estamos aún en domingo: Feliz Día del Niño Interior que todos llevamos dentro!
    Gracias por comentar! Otro gran abrazo de luz para vos!

    Sandy 12 de agosto de 2012 23:15
    jaja gracias Neto!feliz dìa del niño para vos tambien! ya entendi lo del "mundito"! y veo "Bernal"!! que lindo! ver como todos estamos conectados! para las almas que vibran en la misma frecuencia no hay tiempo ni distancia que las separe! TODOS SOMOS UNO!!
    Abrazo de luz!

    Neto 12 de agosto de 2012 23:45
    Gracias Sandy! cada vez que aparezca Bernal sabré que estás vos conectada! En unos minutos aparecerá el nuevo tema del día! que lo disfrutes! Buenas noches y que descanses! TODOS SOMOS LUZ! (y me acordé de la película Cocoon!, tengo el disco, quizás lo incluya en alguna próxima entrada).

    Sandy 13 de agosto de 2012 14:56
    que linda pelicula "Cocoon"! estaràn todavìa las piscinas rejuvenecedoreas ? jaja, por las dudas sigo con spinning, pilates yoga y meditacion,que mantienen joven el cuerpo y el Alma!
    beso y abrazo de luz! espero el tema de Cocoon!!

    Neto 13 de agosto de 2012 16:24
    ok Sandy! ya agendo el tema para la semana que viene! A mi también me gustó la película y su música es espectacular, en especial el tema final de cierre! Besos

    Neto 27 de noviembre de 2012 10:36
    Bueno, hoy es mi cumpleaños y me doy un regalo a mí mismo y a mis oídos. Del álbum "Danzando en el Borde", el tema "Vista" lo usé para musicalizar un video de unas vacaciones al Parque Nacional El Palmar de Colón en Entre Ríos, Argentina. Me hace acordar la mitad de mi vida, ya que en ese entonces tenía 23 años y era fanático del sello Narada entre otros. Un fuerte abrazo fraternal a todos en este día tan especial!

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  2. Que buen tema seleccionado para pasar mi cumpleaños! Y que buenos comentarios! Aparece la gestación del tema de la película Cocoon! Y sobre ese tema... tengo la banda sonora de la segunda película Cocoon II ! A ver si la podemos compartir en el día aniversario de haber compartido el primer tema... pero necesito una brújula... ¿alguien que tenga una podría indicarnos cuándo se cumple o cumplió el aniversario del tema de Cocoon?

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  3. sábado, 1 de septiembre de 2012...... ese fue el dia que compartiste el tema!!! cómo hacemos Neto? Nos metemos en el tunel del tiempo con caravana y todo? jajajajja

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  4. mmmm no sé... quizás debamos esperar a su segundo aniversario... no sé... Gracias por recordar el día que compartimos la banda sonora de esa hermosa película!

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  5. “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.”
    José Saramago

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  6. 🌒 "Más allá del Crepúsculo: el Viaje que No Termina"

    El invierno en Aluminé tiene una forma peculiar de hablarle al alma. No grita, no exige. Susurra. Es un idioma de viento entre los coihues, de nieve que cae sin pedir permiso, de humo que se eleva de las chimeneas como plegarias silenciosas. Aquí, donde el mundo parece detenerse para escucharse a sí mismo, los días se alargan hacia adentro y el tiempo se mide más por la hondura de un pensamiento que por el movimiento del reloj.

    Esta tarde, mientras las montañas se visten de un azul profundo y la luna asoma tímida sobre el río, cumplo años. No sé si celebro el paso del tiempo o su disolución. Quizás ambas cosas. Hay algo en el aire que me recuerda las palabras de Saramago: “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración...”

    Cada año que pasa no es una estación que se cierra, sino una puerta que se abre hacia otro sendero. He aprendido que el fin de un camino es solo la pausa del caminante para cambiar la respiración. El alma —esa viajera incansable— nunca se detiene del todo. Aun cuando el cuerpo se cansa, ella sigue explorando, buscando nuevos paisajes en los rincones invisibles del ser.

    Aquí, en la soledad sonora del invierno patagónico, cada sonido se vuelve símbolo: el crujir de la leña, el ladrido lejano de un perro, el roce del viento entre los pinos. Todo parece hablar de permanencia y transformación al mismo tiempo. La nieve cubre, pero también revela. El silencio oculta, pero también enseña.

    Vivir en Aluminé es entender que la belleza no siempre grita desde los colores. A veces se disfraza de gris, de neblina, de espera. La gente de aquí lo sabe: el invierno no es enemigo, es un espejo. Te enfrenta con tus sombras, con tus miedos, pero también con tu fuego. Te obliga a mirar hacia adentro, donde aún arde esa chispa que te empuja a seguir viajando, aun cuando crees que todo se ha detenido.

    Hoy, mientras soplo las velas frente al resplandor tenue del hogar, no pido deseos. Escucho. Escucho el eco de todos los viajes que me trajeron hasta aquí: los caminos polvorientos del verano, las tardes junto al lago Ruca Choroy, las noches en que la música —esa compañera invisible— me recordó que hay melodías que solo el alma puede oír. Y comprendo que el verdadero viaje nunca fue hacia afuera, sino hacia adentro.

    Quizás de eso hablaba Saramago. Que el fin no es el punto, sino la conciencia del trayecto. Que morir —o envejecer, o cambiar— no es dejar de viajar, sino transformarse en paisaje, en memoria, en narración. Somos relatos en movimiento, tejidos con hilos de viento y de tiempo.

    Y así, en esta tarde fría, entre mates humeantes y notas suaves de guitarra, siento que cada instante contiene una semilla de eternidad. Que incluso el invierno es solo una pausa luminosa antes del próximo amanecer.

    Porque el viaje, al final, no termina.
    Solo se vuelve más sutil.
    Más interno.
    Más nuestro.

    MusiK EnigmatiK
    Un viaje con el espíritu que nos transporta a lugares insospechados más allá del crepúsculo.

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  7. 🌠 Los Caminantes del Umbral Infinito

    Hay viajes que comienzan con un paso…
    y otros que empiezan mucho antes, en regiones invisibles del alma donde algo inexplicable despierta y nos susurra que aún no hemos llegado realmente a ningún lugar.

    Tal vez por eso existen personas incapaces de permanecer quietas.

    No hablo solamente de quienes cruzan océanos o recorren ciudades desconocidas.
    Hablo de esos espíritus inquietos que sienten dentro de sí una nostalgia imposible de nombrar.
    Una sensación extraña de estar buscando algo que no pertenece completamente a este mundo.

    José Saramago escribió: “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.”

    Y cuando leí esas palabras por primera vez, sentí que alguien había abierto una puerta secreta detrás del tiempo.

    Porque quizá la existencia entera sea eso: un viaje infinito atravesando múltiples formas, recuerdos y dimensiones invisibles.

    Nos enseñaron a pensar que los viajes tienen destinos finales.
    Llegadas definitivas.
    Conclusiones.

    Pero el universo jamás funciona de ese modo.

    Las estrellas mueren para convertirse en otras estrellas.
    Las estaciones terminan únicamente para comenzar otra vez.
    Los ríos nunca conservan la misma agua.
    Y el alma humana…
    el alma humana parece condenada maravillosamente a transformarse eternamente.

    Nada permanece.

    Ni siquiera nosotros.

    A veces pienso que cada persona que conocemos representa una estación temporal dentro de nuestro recorrido espiritual.
    Algunas llegan para iluminarnos.
    Otras para destruir antiguas versiones de quienes éramos.
    Y ciertas almas aparecen apenas un instante, pero dejan marcas capaces de atravesar décadas enteras.

    Curiosamente, muchas veces no comprendemos el sentido de un viaje mientras estamos dentro de él.

    Sólo más tarde, cuando el tiempo se vuelve memoria, descubrimos que ciertos caminos aparentemente caóticos nos condujeron exactamente hacia donde necesitábamos despertar.

    Porque el espíritu entiende rutas que la mente todavía desconoce.

    He sentido eso en innumerables ocasiones.

    En despedidas que parecían finales absolutos y terminaron convirtiéndose en comienzos invisibles.
    En ciudades donde creí perderme y terminé encontrándome.
    En personas que llegaron como simples encuentros pasajeros y terminaron alterando para siempre mi forma de mirar el universo.

    Quizá por eso las almas sensibles sienten una extraña melancolía incluso durante los momentos felices.

    En el fondo saben que todo es transitorio.

    Cada abrazo.
    Cada noche.
    Cada conversación bajo las estrellas.
    Cada canción escuchada en el instante exacto.
    Todo se desvanece tarde o temprano hacia regiones donde sólo sobrevive el eco.

    Pero hay algo profundamente sagrado en esa fragilidad.

    Porque precisamente lo efímero convierte cada experiencia en un portal espiritual.

    Nada podría conmovernos tanto si fuera eterno.

    La belleza existe porque desaparece.

    Y tal vez nosotros también somos eso: viajeros fugaces atravesando un universo inmenso mientras intentamos comprender por qué sentimos dentro del pecho una sed infinita de significado.

    A veces imagino que el alma no pertenece completamente a esta realidad.

    Que viene de lugares remotos más allá del tiempo humano.
    Y que cada vida es apenas una escala dentro de un recorrido mucho más antiguo y misterioso.

    Quizá por eso ciertos lugares nos resultan familiares aunque nunca hayamos estado allí.
    Quizá por eso algunas músicas despiertan recuerdos imposibles.
    Quizá por eso ciertas miradas parecen reconocernos desde antes de existir.

    Hay caminos que no recorremos con los pies.

    Se atraviesan con el espíritu.

    Y esos viajes interiores suelen ser los más peligrosos y transformadores.

    Porque implican abandonar versiones antiguas de nosotros mismos.

    Cada despertar espiritual exige una muerte simbólica.
    Una despedida silenciosa.
    Un derrumbe interno.

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  8. El problema es que muchas personas desean evolucionar sin perder nada en el proceso.
    Pero el universo jamás concede transformación sin renuncia.

    Para iniciar un nuevo viaje, algo dentro de nosotros debe terminar primero.

    Y eso duele.

    Duele dejar atrás certezas.
    Rutinas.
    Identidades.
    Amores que ya no vibran con nuestra frecuencia.
    Versiones de nosotros mismos que alguna vez creímos definitivas.

    Sin embargo, el alma continúa avanzando.

    Siempre.

    Incluso cuando el cuerpo se detiene.
    Incluso cuando creemos haber llegado al final de todo.

    Porque quizá los viajeros terminan… pero el viaje jamás concluye.

    Las historias sobreviven.
    Las emociones permanecen suspendidas en la memoria de quienes nos amaron.
    Las palabras continúan viajando de conciencia en conciencia como antiguas señales cósmicas atravesando la oscuridad.

    Y tal vez eso sea la eternidad.

    No permanecer intactos, sino transformarnos continuamente en recuerdo, energía y narración.

    Pienso en todas las personas que ya no están físicamente y aun así siguen caminando dentro de nosotros.
    Sus voces aparecen en ciertos silencios.
    Sus enseñanzas resurgen inesperadamente.
    Sus gestos sobreviven ocultos en nuestra forma de mirar el mundo.

    De alguna manera, continúan viajando.

    Quizás nadie desaparece completamente mientras exista alguien capaz de recordar.

    Y quizá el universo entero sea una gigantesca memoria viva donde cada alma deja fragmentos luminosos de su recorrido.

    Qué misteriosa resulta entonces la existencia.

    Pasamos años persiguiendo metas creyendo que al alcanzarlas finalmente descansaremos…
    pero cada llegada abre nuevas puertas.
    Nuevos abismos.
    Nuevas preguntas.

    Porque el objetivo de un viaje nunca fue el final.

    Era la transformación ocurrida durante el trayecto.

    Era convertirnos en alguien capaz de ver lo invisible.

    Alguien capaz de comprender que los mapas verdaderos no están hechos de caminos físicos, sino de experiencias que alteran para siempre nuestra conciencia.

    Y tal vez ahí resida el secreto más profundo del espíritu:

    Entender que no hemos venido al mundo para permanecer inmóviles.
    Hemos venido para atravesar dimensiones internas y externas, perder certezas, encontrar señales, amar intensamente, despedirnos una y otra vez… y seguir avanzando.

    Siempre avanzando.

    Como caminantes eternos atravesando la niebla del universo mientras una música invisible nos guía hacia lugares insospechados…
    más allá del crepúsculo.

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