Through The Moving Windows de Juan Martín es una obra que revela la amplitud expresiva de un guitarrista que trasciende el flamenco tradicional para dialogar con el jazz, el new age y la fusión contemporánea. En este álbum, la guitarra no solo ejecuta, sino que pinta paisajes sonoros en constante desplazamiento, como sugiere su título. Composiciones como “Knights of the Desert” o “Andean River Flow” evocan geografías diversas, mientras la pieza central despliega una narrativa casi cinematográfica, inspirada en la sensación de viaje continuo. La colaboración con músicos como Mark Isham y Todd Cochran aporta texturas atmosféricas que expanden el lenguaje flamenco hacia territorios más introspectivos y universales, logrando una obra envolvente, contemplativa y profundamente evocadora.
Juan Martin - Through The Moving Windows (1988)
01. The Cats
02. Knights Of The Desert
03. Andean River Flow
04. My Aquarian
05. La Bahia
06. Palomino
07. Through The Moving Window
08. Fiesta en Sevilla
09. Sailing Home
Duración total: 46:52 min.
01. The Cats
02. Knights Of The Desert
03. Andean River Flow
04. My Aquarian
05. La Bahia
06. Palomino
07. Through The Moving Window
08. Fiesta en Sevilla
09. Sailing Home
Duración total: 46:52 min.
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🍂 Reflejos en el té de otoño
ResponderEliminarHoy, desde mi rincón en Aluminé, Neuquén, sostengo una taza de té con limón que humea suavemente frente a mí. Tras tres días engripado, el cuerpo aún tiembla con la memoria de la fiebre, mientras el otoño comienza a transformar el paisaje: los sauces liberan hojas doradas, y el viento trae un aroma a tierra húmeda que parece querer contarnos secretos antiguos.
Escucho Through The Moving Windows de Juan Martín y me sorprende cómo su guitarra dibuja horizontes que mi mirada aún no alcanza. Hay algo en esos desplazamientos sonoros que me recuerda que la vida no es un evento fijo: es un flujo, un diálogo constante entre lo que nos ocurre y cómo respondemos. Lou Holtz lo resumió con precisión: “La vida se compone en un diez por ciento de lo que te ocurre y en un noventa por ciento de tu respuesta a ello.”
Me doy cuenta de que estos días de gripe fueron apenas el 10%. Lo importante ha sido cómo los enfrenté: con paciencia, introspección, y el silencio que el otoño impone. Como la guitarra de Martín, mi cuerpo y mi mente se mueven entre tonos, a veces melancólicos, a veces luminosos, pintando un paisaje que solo puedo habitar si permito que cada nota y cada respiro me transforme.
Hay algo en la combinación del té tibio, el limón ácido y la cadencia de la guitarra que me hace sentir viajero en un territorio invisible. Knights of the Desert me lleva por dunas de mi memoria, mientras Andean River Flow me arrastra suavemente hacia la corriente de mis emociones. No hay prisa, no hay urgencia: solo la sensación de un tiempo que se dilata, donde cada decisión, por pequeña que sea, traza la dirección de mi espíritu.
Al caer la tarde, comprendo que responder con conciencia es un arte similar al de la guitarra de Juan Martín: no se trata de evitar lo inesperado, sino de acompañarlo, de convertirlo en un puente hacia algo más grande, más profundo, que nos trasciende. La gripe, el viento, el otoño y hasta el limón en mi té se convierten en pinceladas de un lienzo que solo puedo contemplar si me permito sentir y escuchar.
En este instante, me siento en equilibrio entre lo que fue, lo que soy y lo que puedo llegar a ser. La vida, como la música que resuena en la habitación, se despliega en ventanas móviles: a veces claras, a veces difusas, siempre invitándonos a mirar más allá del crepúsculo, hacia los rincones insospechados donde el espíritu se encuentra con la eternidad.