"Still Waters Run Deep" es un álbum EP especial de cinco pistas, de 30 minutos aproximadamente, que incluye el nuevo instrumental de dos partes "The Age of Light", dos nuevos sencillos "Carefree" y "Still Waters" y el relanzamiento de un sencillo anterior, "Elven". Medwyn Goodall se ha convertido en una leyenda en el mundo de la música instrumental y new age que se ha ganado una reputación internacional por ser prolífico, producir en una variedad de estilos, pero sobre todo por componer y grabar música impresionante, melódica, emotiva y altamente expresiva. Su carrera ya abarca 30 años, comenzó con New World Music, progresó con el sello holandés Oreade Music hasta que finalmente se independizó lanzando su propio sello: MG Music en 2002.
Medwyn Goodall - Still Waters Run Deep (EP) (2023)
01. Carefree
02. The Age of Light - Part One
03. The Age of Light - Part Two
04. Still Waters
05. Elven
Duración total: 34:34 min.
01. Carefree
02. The Age of Light - Part One
03. The Age of Light - Part Two
04. Still Waters
05. Elven
Duración total: 34:34 min.
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Un mismo amor mueve las almas y las estrellas.
ResponderEliminar—José Vasconcelos
🍂 Atardecer de un mismo amor
ResponderEliminarEn Aluminé, cuando el otoño tiñe los bosques de araucarias y lengas con tonos que van del cobre al carmesí, el aire adquiere un perfume de hojas secas y tierra húmeda. Los ríos, espejos fluidos de la Patagonia, reflejan el cielo que se desliza lentamente hacia el crepúsculo, como si la naturaleza misma contuviera la respiración, esperando un susurro secreto.
Camino por los senderos que bordean el río Aluminé y siento que cada hoja que cae es un recordatorio: hay un amor que no distingue tiempo ni espacio, un amor que mueve las almas y también las estrellas. José Vasconcelos lo llamó con palabras simples, pero en este rincón del mundo entiendo que es un amor que conecta todo lo que existe, desde los pájaros que cruzan el cielo hasta las montañas que guardan historias ancestrales.
En las plazas donde los vecinos se saludan con un abrazo cálido, y en los mercados donde los aromas del té de hierbas patagónicas y los panes caseros se entremezclan, percibo el mismo latido que guía las constelaciones sobre el volcán Lanín o el lago Huechulafquen. Es un hilo invisible que nos une, que nos recuerda que cada gesto de cariño, cada mirada sincera, tiene el poder de mover el mundo de manera silenciosa pero profunda.
Mientras el sol se esconde detrás de los picos nevados, la luz dorada tiñe el agua y las montañas, y me doy cuenta de que este amor universal también es un espejo: nos invita a mirar dentro de nosotros mismos, a reconocer nuestra propia chispa, nuestra propia conexión con la tierra y con el cosmos. Cada niño jugando en la ribera, cada caminante que respira el viento fresco, cada anciano contando historias junto al fuego, todos compartimos esa misma danza invisible.
El otoño aquí no es solo un cambio de estación: es un recordatorio de que todo en la vida tiene su ciclo, y que el amor que mueve las almas es paciente, eterno y silencioso. Nos empuja suavemente a ser conscientes de que somos parte de algo más grande que nuestras preocupaciones cotidianas, algo que nos transporta a lugares insospechados más allá del crepúsculo, donde la luz de las estrellas y la música del viento se entrelazan en un susurro que solo el corazón entiende.
Cuando la noche finalmente se posa sobre Aluminé, y los últimos reflejos del sol acarician los volcanes y los lagos, cierro los ojos y siento que todo está en su lugar: los árboles, los ríos, los hombres y mujeres, los animales, las estrellas. Todo movido por un mismo amor, invisible y poderoso, que nos recuerda que somos uno con el universo y con este pedacito de Patagonia donde cada atardecer es un misterio que se despliega ante nosotros.
Y en ese instante, comprendo que lo que sentimos aquí, en este otoño, en este instante, es la misma fuerza que mueve el cosmos: un amor que trasciende nombres, rostros y fronteras, y que nos invita a ser parte de su danza infinita.