Back To Earth - The Dawn Of A New World (2011)

"El Amanecer de un Mundo Nuevo" es una maravillosa recopilación de música instrumental, muy romántica y hermosa. También es muy bueno escucharlo después de una sesión de yoga, durante el tiempo de relajación y enfriamiento. Back to Earth está formado por los dos hermanos Thomas y Bruno Hasler del Principado Liechtenstein. Los dos hermanos tocan música desde que eran niños y comenzaron el proyecto fundand0 en 1985.  Las canciones transmiten un estado de ánimo tranquilo y armonioso, ideal para desconectar, soñar y relajarse. Música que despierta sentimientos ocultos y no nos suelta. Bálsamo para el alma estresada, relajación para la mente inquieta y edificante para el realista sobrio, invitan a soñar. Sonidos instrumentales que encantan.

Back To Earth - The Dawn Of A New World (2011)

01. The Lakes Of Killarney
02. I Wanna Make You Stay
03. Follow The Rainbow
04. Slowly Floating Spirit
05. Dreams That We Share
06. The Dawn Of A New World
07. In Your Healing Grace
08. Last Call For Transition
09. Walk Through Autumn Leaves
10. Waves Of Passion
11. More Than We'll Ever Know
12. The Unsent Message
13. A True Mother's Love
14. Lights Of Hope
15. Back In Your Arms

Duración total: 74:21 min.

Comentarios

  1. Tu visión será clara cuando puedas mirar en tu propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.

    —Carl G. Jung

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  2. 🔥 El espejo del corazón

    El atardecer en Aluminé tiene una manera muy particular de hablarle al alma. El sol se inclina lentamente detrás de los cerros, y los bosques de pehuenes comienzan a oscurecerse con una calma que parece venir de tiempos antiguos. El río sigue su camino sin prisa, como si supiera algo que nosotros aún estamos intentando comprender.

    Hoy, mientras la luz se vuelve ámbar sobre la Patagonia, no puedo evitar pensar en lo lejos que parece el mundo… y al mismo tiempo lo cerca que está.

    Allá, del otro lado del planeta, el ruido de la guerra vuelve a levantarse sobre la tierra del Medio Oriente. Viejas heridas, viejos temores, viejas historias que se repiten como ecos en un valle demasiado profundo. Y sin embargo, aquí, en este rincón del sur del mundo, el viento sigue moviendo las ramas con la misma serenidad de siempre.

    Esa distancia me hace recordar una frase de Carl G. Jung:
    "Tu visión será clara cuando puedas mirar en tu propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta."

    Tal vez la humanidad aún esté soñando.

    Soñando con enemigos.
    Soñando con fronteras absolutas.
    Soñando con la idea de que la fuerza puede resolver lo que el alma no ha comprendido.

    Los pueblos originarios de esta tierra —los mapuche— suelen decir que todo está conectado. Que el equilibrio no es algo que se impone, sino algo que se escucha. El bosque escucha al río, el río escucha a la montaña, y el ser humano, si recuerda cómo hacerlo, también puede escuchar a la tierra.

    Pero cuando dejamos de escuchar, comenzamos a proyectar.

    Y entonces lo que no queremos ver dentro de nosotros aparece afuera, convertido en conflicto.

    Jung lo sabía bien: el enemigo muchas veces es una sombra que no hemos querido reconocer en nuestro propio corazón.

    Mientras el cielo de Aluminé se vuelve violeta, pienso que tal vez la paz no sea simplemente la ausencia de guerra. Tal vez sea algo mucho más profundo y más difícil: el coraje de mirar hacia adentro.

    Porque mirar hacia adentro significa encontrarse con nuestras propias sombras. Con nuestros miedos. Con nuestras heridas antiguas. Con esa parte de nosotros que también podría levantar muros si tuviera suficiente miedo.

    Sin embargo, cuando uno se queda en silencio frente a estas montañas, algo cambia.

    El paisaje no discute.
    No acusa.
    No toma partido.

    Simplemente está.

    Y en esa presencia silenciosa uno comienza a comprender que la conciencia humana también puede ser así: vasta, profunda, capaz de contener muchas diferencias sin destruirse a sí misma.

    Quizás despertar, como decía Jung, no sea otra cosa que recordar esa amplitud interior.

    Recordar que dentro de cada ser humano existe un espacio más grande que cualquier guerra.

    Un espacio donde la vida no se divide en bandos, sino que respira como un solo misterio.

    La noche ya comienza a caer sobre Aluminé. Algunas primeras estrellas aparecen sobre el cielo patagónico, tan claras que parecen mirarnos desde otro tiempo.

    Y mientras las observo, me pregunto si algún día la humanidad aprenderá lo que las estrellas parecen saber desde siempre:

    que la verdadera claridad no llega cuando conquistamos el mundo exterior…

    sino cuando, finalmente, nos atrevemos a despertar dentro del propio corazón. ✨

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