Pam Asberry - Unraveling (2022)

"Unraveling" es el 8° álbum de la pianista y compositora Pam Asberry, y los solos de piano originales son una expresión de sus propias experiencias navegando a través de la crisis del coronavirus. No sorprende que la música sea algo melancólica y bastante oscura, pero la profundidad de la emoción expresada en la música es catártica, muy parecida a una conversación profunda con un amigo cercano. Dice Pam: "Más bien, estoy decidida a recordar las lecciones que aprendí durante estos tiempos difíciles y emerger en los días venideros con nuevos conocimientos, belleza y poder". Aquí se ha creado una gran cantidad de buena música extraordinaria en los últimos años, pero esta es una historia muy personal con la que todos pueden identificarse.

Pam Asberry - Unraveling (2022)

01. Storm Clouds Gather
02. Unraveling
03. Bluebird
04. Tattered Lace
05. Dark Places
06. Goodbye Again
07. Labyrinth
08. Saudade
09. Polaris
10. This Time with You
11. Metamorphosis

Duración total: 37:23 min.

Comentarios

  1. Feliz lunes de pascua Neto ! Peace for you and family and your blog ! Hava a nice day ! Peace !

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  2. Thanks a lot, David! Happy Easter to you and your whole family! Also for all of France!! (I have a niece living in your country, so as soon as I can I'll be visiting there). Greetings and peace!

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  3. La empatía consiste en encontrar ecos de otra persona en ti mismo.

    —Mohsin Hamid

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  4. 🪞 Los ecos invisibles del alma

    Hay momentos en la vida en los que uno descubre algo inquietante: las personas que pasan por nuestro camino no son tan ajenas como parecen. Algo de ellas resuena dentro de nosotros, como si existiera una especie de espejo invisible entre las almas.

    Hace tiempo leí una frase del escritor Mohsin Hamid que me dejó pensando durante días: “La empatía consiste en encontrar ecos de otra persona en ti mismo.”

    La palabra eco es curiosa.
    Un eco no crea un sonido nuevo.
    Simplemente devuelve algo que ya estaba allí.

    Quizás por eso la empatía es tan profunda… y también tan incómoda.

    Porque comprender verdaderamente a alguien implica reconocer que dentro de nosotros existen las mismas luces y las mismas sombras. Aquello que admiramos en otros tal vez vive silenciosamente en nuestro interior. Pero también aquello que nos incomoda, nos desconcierta o incluso nos duele.

    Es fácil sentir empatía cuando la historia del otro es luminosa.
    Lo difícil es cuando refleja algo que preferimos no mirar.

    Sin embargo, ahí es donde ocurre la verdadera transformación.

    A veces creemos que estamos separados por historias, idiomas, países o circunstancias. Pero si uno observa con atención —con esa calma que solo aparece en los momentos de introspección— empieza a notar que las emociones humanas se repiten como melodías antiguas.

    La alegría.
    El miedo.
    La esperanza.
    La pérdida.

    Son notas universales que todos, en algún momento, hemos escuchado dentro de nosotros.

    Tal vez por eso la empatía tiene algo de musical. Es como reconocer una canción que creíamos olvidada cuando alguien más la canta. De pronto entendemos su ritmo, su silencio, su intensidad.

    No porque la hayamos vivido exactamente igual.

    Sino porque algo dentro de nosotros vibra con la misma frecuencia.

    En ese instante ocurre algo misterioso: la distancia entre dos personas se reduce. No desaparecen las diferencias —porque cada historia es única— pero aparece un puente invisible.

    Un puente hecho de reconocimiento.

    Y cuando ese puente existe, el mundo cambia sutilmente.

    Las palabras pesan menos.
    Los juicios se vuelven más suaves.
    La escucha se vuelve más profunda.

    Quizás la empatía no sea simplemente comprender al otro.
    Quizás sea recordar algo esencial sobre nosotros mismos.

    Que, en el fondo, todos estamos hechos de la misma materia emocional. Que nuestras vidas son como canciones distintas interpretadas con instrumentos diferentes… pero tocando acordes sorprendentemente parecidos.

    Por eso, cuando encontramos un eco de alguien en nuestro interior, no estamos perdiendo nuestra identidad.

    Estamos ampliándola.

    En MusiK EnigmatiK siempre he sentido que la música y el espíritu comparten ese mismo misterio: ambos nos recuerdan que la experiencia humana es una gran resonancia colectiva.

    Cada encuentro deja una vibración.
    Cada historia deja una nota.
    Cada alma deja un eco.

    Y quizá la verdadera sabiduría consista en aprender a escuchar esos ecos con atención, incluso cuando llegan desde lugares inesperados.

    Porque tal vez el secreto de la empatía sea este:

    cuando reconoces al otro dentro de ti, el universo deja de ser un lugar lleno de extraños… y empieza a parecerse un poco más a un hogar compartido. 🌌

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