The Alan Parsons Project - Eye In The Sky (1982)

Tras consolidar su prestigio con joyas como “I Robot” o “Pyramid”, The Alan Parsons Project alcanzó la cima global gracias a “Eye In The Sky”. Este LP de 1982 equilibra el pop-rock accesible con sofisticadas texturas experimentales. El álbum destaca por piezas como “Children Of The Moon”, un medio tiempo elevado por la voz de David Paton y arreglos corales, y la hipnótica pieza “Mammagamma”, cuya herencia de Pink Floyd se fusiona con ritmos funk. La icónica “Sirius” aporta una energía épica que recuerda a The Who, mientras que “Old And Wise” cierra el disco como una balada orquestal conmovedora. Finalmente, el tema homónimo, inspirado por la vigilancia de George Orwell y cantado por Eric Woolfson, se erige como un clásico imperecedero de la música contemporánea.

The Alan Parsons Project - Eye In The Sky (1982)

01. Sirius
02. Eye In The Sky

03. Children Of The Moon
04. Gemini
05. Silence And I
06. You're Gonna Get Your Fingers Burned
07. Psychobabble
08. Mammagamma
09. Step By Step
10. Old And Wise

Duración total: 42:31 min.

Comentarios

  1. "La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días."
    -Benjamin Franklin

    ResponderEliminar
  2. Hola, Neto:
    Estoy intentando ver todos los discos que actualizas diariamente, pero, cuando pincho en el enlace, me aparece esta misma página y, por contra, no puedo ver todos esos discos que actualizas.
    Como sabes, aprecio mucho la labor de recopilación y actualización que haces, pero pienso que cosas como ésta la lastran un poquito. No pienso parar de escuchar todos los trabajos que cuelgas (llamémoslos así propiamente, porque, si no todos, la mayoría son obras maestras sonoras). Siempre que puedo, recomiendo este blog porque es una manera amena de acercar cultura de la buena y auténtica a la gente. Lo único que ahora te pido es sólo eso: que se pueda ver todo lo que actualizas sin tener que hacer una búsqueda densa (tienes un catálogo tan amplio que ya supera al de algunas bibliotecas, jejeje).
    Un saludo desde España

    ResponderEliminar
  3. Hola Robysmiles! Sí, efectivamente es como vos decís, ocurre eso. Vas a tener que continuar con la lista de entradas antiguas hasta que vayas encontrando los discos que quieras descargar. Gracias por tus palabras sobre el blog, si, tal cual, se ha completado un gran catálogo de música New Age y seguramente seguiremos por unos cuantos años más! Fuerte abrazo desde Argentina!

    ResponderEliminar
  4. 🌙 Donde la música respira en lo pequeño

    Hay algo en este frío de otoño en Aluminé que no se puede explicar del todo, como una melodía que no termina de resolverse pero tampoco lo necesita. La luna —casi llena, apenas insinuada sobre el horizonte— parece observar en silencio, como si supiera algo que uno todavía está aprendiendo. Y yo acá, con Kayquén apoyando su cabeza tibia contra mi pierna, dejando que el momento me atraviese mientras una pieza magistral suena, flotando entre los árboles y el aire helado.

    Pienso en esa frase de Franklin… en lo simple que suena, y lo difícil que resulta creerla del todo hasta que uno la vive. Porque sí, uno imagina la felicidad como un relámpago: un golpe de suerte, un instante extraordinario que cambia todo. Pero no. La verdadera trama de la vida se teje con estos hilos mínimos: el vapor que sale de la boca en el frío, una canción que parece escrita para este preciso segundo, el roce suave de un animal que confía en vos sin preguntas.

    Quizás por eso discos como ese —ese que alguna vez escuchamos entero, dejándonos llevar— logran quedarse. No por una sola canción, sino por ese equilibrio misterioso entre lo accesible y lo profundo. Como la vida misma. Hay temas que avanzan con ritmo, casi juguetones, y otros que te obligan a detenerte, a escuchar con otra parte del alma. Y en ese contraste aparece algo parecido a la verdad.

    Hoy releía aquel comentario de hace años… Robysmiles, desde España, intentando seguir el rastro de cada disco, como quien sigue migas de pan en un bosque infinito. Y mi respuesta, simple, casi resignada: “vas a tener que seguir buscando entre las entradas antiguas”. Qué curioso… porque eso también es la vida. No hay un índice perfecto. No hay atajos. Hay que perderse un poco para encontrar lo que realmente importa.

    Y sin embargo, ahí estaba también lo esencial: el reconocimiento de que este espacio —este rincón medio oculto, medio caótico— había logrado construir algo. Un catálogo, sí, pero más que eso: un refugio. Una especie de mapa emocional donde cada quien encuentra su propia coordenada.

    Hoy, justo hoy, caigo en la cuenta de que aquella entrada era del 10 de agosto. Mi cumpleaños. 55 vueltas alrededor del sol. Y no lo había notado antes. Como si el tiempo, en su forma más amable, me guiñara un ojo desde el pasado.

    Weeee… 55 años. Dicho así suena a número. Pero vivido así, en este instante, es otra cosa. Es estar acá, respirando este aire frío, cantando bajito sin importarme afinar o no, sintiendo que no hace falta más. Que la felicidad —esa que uno buscó tantas veces en lo extraordinario— estaba escondida en esta suma de pequeñas escenas: un comentario sincero, una respuesta compartida, una canción en el momento justo, una perruna fiel, una luna que asoma.

    Quizás no se trata de alcanzar la cima global de nada, ni de dejar una obra perfecta. Tal vez se trata de esto: de sostener en el tiempo esos pequeños rituales que nos devuelven a nosotros mismos. Como quien escucha una y otra vez un disco querido, no para descubrir algo nuevo, sino para recordar lo que ya sabe, pero a veces olvida.

    La música sigue sonando. Kayquén suspira. La noche avanza despacio.

    Y yo entiendo —sin necesidad de palabras grandilocuentes— que la felicidad, en efecto, no hizo ruido al llegar.

    Simplemente… estaba acá.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario