Various Artists - Tropical Nights (1998)

Criado en Argentina, Bernardo Rubaja estudió piano formalmente cuando era niño, actuó en grupos de pop locales durante su adolescencia y avanzó a la Academia Nacional de Bellas Artes de Argentina. Varios años de estudio de música en el clima multicultural de París contribuyeron a sus grandes habilidades como intérprete y compositor. Bernardo Rubaja, que ahora vive en el sur de California, lanzó su segundo álbum como miembro del sello Narada. Bernardo Rubaja transmite alegría en su música cálida, que esconde mensajes de amor y naturaleza tanto en sus títulos como en sus varios ritmos sudamericanos, ricos en percusiones y en pequeños detalles que agradan al oído con elementos folclóricos de estupendo acabado. 

Various Artists - Tropical Nights (1998)

01. Nancy Rumbel - Passing Fancy
02. Bernardo Rubaja - Painted Birds
03. The Michael Pluznick Group - Mozambique
04. Bernardo Rubaja - Americana
05. The Michael Pluznick Group- Rumbacito
06. The Michael Pluznick Group - Le Boléro Haïtien
07. Bernardo Rubaja - Song of the Américas
08. Bernardo Rubaja - Far Away
09. Bernardo Rubaja - Orange Trees In Bloom
10. Bernardo Rubaja - From the Heart
11. Bernardo Rubaja - The Hill of Seven Colors

Duración total: 49:08 min.

Comentarios

  1. La única paz que encontrarás en la cima de las montañas es la que tú mismo lleves allí.
    -Proverbio budista

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  2. 🦅 La montaña del silencio

    Hoy no emprendí el vuelo para descubrir un nuevo valle.

    Ni para encontrar alimento.

    Ni siquiera para contemplar el amanecer.

    Hoy partí con un propósito mucho más difícil:

    descubrir si la paz vive en las montañas... o dentro de mí.

    Antes de que el sol iluminara las cumbres, desplegué mis alas y ascendí siguiendo una corriente fría que nacía entre los pehuenes.

    Desde arriba, el Neuquén parecía un inmenso océano de piedra.

    Los lagos reflejaban el cielo como si ambos mundos quisieran confundirse.

    Pensé que, si existía un lugar donde pudiera encontrar la paz absoluta, debía ser la cumbre más alta.

    Así que seguí subiendo.

    Cada metro me alejaba del ruido de los ríos, del canto de las aves y del murmullo del bosque.

    Solo quedábamos el viento...

    y yo.

    Al llegar a la cima, el horizonte parecía infinito.

    Las montañas se extendían como olas inmóviles hasta perderse en la distancia.

    Todo era perfecto.

    Todo era silencio.

    Sin embargo...

    mi corazón seguía inquieto.

    Comprendí entonces que el silencio del mundo no puede callar los pensamientos que uno lleva dentro.

    Podía elevarme sobre todas las montañas de la Patagonia...

    pero no sobre mis propias dudas.

    Cerré los ojos.

    No para dormir.

    Sino para escuchar.

    Respiré el aire helado.

    Sentí el calor del sol sobre mis plumas.

    El viento rozó mi rostro sin intentar decirme nada.

    Y por primera vez entendí que la montaña nunca había prometido regalarme la paz.

    Solo me había ofrecido un lugar donde pudiera encontrarme conmigo mismo.

    Permanecí allí largo rato.

    Sin buscar respuestas.

    Sin hacer preguntas.

    Solo siendo un cóndor suspendido entre el cielo y la tierra.

    Cuando abrí nuevamente los ojos, el paisaje seguía siendo el mismo.

    Las montañas no habían cambiado.

    El viento tampoco.

    El único que había cambiado...

    era yo.

    Emprendí el regreso.

    Ya no buscaba la paz entre las nubes.

    La llevaba volando bajo mis alas.

    Cada corriente de aire parecía más ligera.

    Cada valle tenía un color nuevo.

    Incluso las sombras parecían menos oscuras.

    Comprendí que el mundo no había cambiado de rostro.

    Había cambiado mi manera de mirarlo.

    Al atardecer regresé a mi roca favorita.

    Mientras el último rayo de sol desaparecía detrás de la cordillera, sonreí para mis adentros.

    Había pasado todo el día buscando un tesoro escondido en la montaña.

    Y descubrí que había despegado con él desde el principio.

    🌄

    Muchos creen que la paz se encuentra al llegar a un lugar especial.

    Pero las montañas solo reflejan lo que llevamos en el corazón.

    Quien asciende cargando miedo encontrará más miedo.

    Quien asciende con gratitud descubrirá un paisaje que siempre estuvo allí, esperando ser contemplado.

    Hoy comprendí que no existen montañas capaces de regalarnos serenidad.

    Solo existen caminos que nos ayudan a recordar que la paz nunca vivió en la cima.

    Siempre estuvo esperando, en silencio, dentro de nosotros. 🦅

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