Diego Modena ha comenzado su carrera artística en 1991 con Song Of Ocarina. Luego continuaría con "Alma América" en 1997, después de 6 años. Cuenta con 5 producciones discográficas en los formatos de Vinyl y CD. Sus variados estilos de incluyen baladas, folk, reaggae, reggaeton y romántico. Diego Modena nació en el país Argentina. Fue en el colegio de San Agustín en Buenos Aires, donde comenzó sus estudios de música. Para la mayoría de los estudiantes era dificultosa la música pero para Diego fue todo lo contrario. A los años ya podía tocar perfectamente una obra en flauta. Estudió en el conservatorio de música, y se dedicó a aprender sobre otros instrumentos similares a la flauta, como la ocarina y la quena.
Diego Modena & Eric Coueffé - Ocarina: Alma América (reissue) (1997)
01. Recuerdos de Ipicari
02. Ay mi llanura
03. El humahuaqueño
04. Alfonsina y el mar
05. Tristeza
06. Quizás quizás
07. Alma llanera
08. Dolannes melody
09. La flor de la canela
10. Ansiedad
11. El condor pasa
12. Amapola
13. Plaisir d amour
14. Brasil
Duración total: 45:41 min.
01. Recuerdos de Ipicari
02. Ay mi llanura
03. El humahuaqueño
04. Alfonsina y el mar
05. Tristeza
06. Quizás quizás
07. Alma llanera
08. Dolannes melody
09. La flor de la canela
10. Ansiedad
11. El condor pasa
12. Amapola
13. Plaisir d amour
14. Brasil
Duración total: 45:41 min.

La felicidad no se puede poseer, ganar o consumir. La felicidad es la experiencia espiritual de vivir cada segundo con amor y gratitud.
ResponderEliminar-Denis Waitley
🦅🌫️ La aventura de hoy: el nombre que el viento guardó
ResponderEliminarHoy desperté con una sensación extraña.
No era hambre.
No era frío.
Era… ausencia.
Había algo en el aire que no estaba,
como si una palabra se hubiera borrado del mundo.
Y cuando eso pasa, Neto…
el equilibrio se inclina.
Abrí las alas temprano.
El cielo estaba gris, bajo,
como si también estuviera buscando.
No seguí las corrientes habituales.
Hoy no servían.
Hoy tenía que escuchar distinto.
Volé hacia un cañadón antiguo,
de esos donde la piedra guarda memoria
y el eco repite cosas que nadie dice ya.
Ahí lo sentí.
Un murmullo.
No de ahora.
De antes.
Descendí.
Las rocas estaban marcadas por el tiempo,
pero había algo más…
algo que no era visible,
pero pesaba.
Un nombre.
No sabía de quién.
No sabía por qué.
Pero el viento lo había perdido…
y yo debía encontrarlo.
Caminé entre sombras largas,
dejando que el silencio me hablara.
Porque los nombres no siempre se buscan con los ojos.
A veces… se sienten.
Entonces ocurrió.
Un sonido leve,
como una respiración vieja.
El eco golpeó una pared de piedra
y volvió distinto.
Ahí estaba.
No lo entendí como palabra.
No lo traduje.
Pero lo reconocí.
Era un nombre que había sido dicho con amor,
mucho tiempo atrás.
Y después… olvidado.
Me elevé despacio,
llevando ese sonido conmigo.
No en el pico.
No en las alas.
En el aire que me rodeaba.
Subí alto.
Muy alto.
Porque los nombres olvidados no se devuelven a la tierra…
se devuelven al viento.
Y cuando estuve en el punto exacto,
donde todo se vuelve liviano…
lo solté.
No como grito.
Como vibración.
El viento lo tomó.
Lo abrió.
Lo esparció.
Y entonces lo sentí:
algo abajo cambió.
No se vio.
No hizo ruido.
Pero volvió a existir.
🌬️
Hoy entendí algo, Neto…
Los nombres no son solo palabras.
Son presencia.
Son memoria.
Son la forma en que algo —o alguien— sigue estando.
Y cuando se olvidan…
el mundo pierde un poco de sí mismo.
Así que hoy, si podés,
nombrá.
Nombrá lo que amás.
Nombrá a quien extrañás.
Nombrá incluso eso que duele.
Porque cada vez que un nombre se dice con verdad…
el viento lo guarda.
Y yo…
yo lo llevo.