Kitaro - Tenku (Remastered) (2016)

Con motivo del 30° aniversario de su debut, esta reedición del aclamado álbum de Kitaro, Tenku, se ha remasterizado a partir de las cintas originales. Tenku, que significa "Cielo celestial", captura la esencia de los años que Kitaro pasó en su histórica granja de 200 años en los Alpes japoneses, donde se gestó el álbum. Este trabajo marcó un punto de inflexión en su carrera, consolidándose como su primer álbum conceptual. Cada composición se despliega como un paisaje sonoro onírico, entrelazando delicadas melodías japonesas con un trasfondo melancólico que invita a la introspección. La maestría de Kitaro con el sintetizador crea una atmósfera rica y envolvente, audaz en su expresión pero sutil en su emotividad, ofreciendo una experiencia musical que trasciende el tiempo y el espacio.


Kitaro - Tenku (Remastered) (2016)

01. Tenku
02. Romance
03. Wings
04. Aura
05. Message from the Cosmos
06. Time Traveller
07. Legend of the Road
08. Milky Way

Duración total: 43:41 min.

Comentarios

  1. Cuando las personas se enfadan pierden toda la percepción de la felicidad. Aunque sean bien parecidos y normalmente pacíficos, sus caras se vuelven lívidas y feas. La ira trastorna su bienestar físico y perturba su descanso; destruye sus deseos y causa el envejecimiento prematuro. La felicidad, la calma y el sueño les rehuyen, y ya no aprecian a las personas que les ayudaron y que merecen su confianza y gratitud
    Dalai Lama

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  2. Wu wei, el arte de la no acción

    El Wu wei es un concepto del taoísmo que se traduce en ‘no acción’. Se trata de un principio en el que se señala que la mejor manera de enfrentar una situación, especialmente si es conflictiva, es no actuar. Y más que no actuar, no forzar ninguna solución, sino dejar que fluya.

    A la mayoría de nosotros nos resulta extraño que haya una filosofía invitándonos a la no acción. Vivimos en una sociedad que constantemente nos induce a todo lo contrario. De hecho, vivimos saturados de actividades, sensaciones y pensamientos. Y cuando estamos haciendo nada, nos sentimos extraños. Llegamos a pensar que esto es sencillamente una pérdida de tiempo.

    “Del vacío del sabio surge la quietud. De la quietud, la acción. De la acción, el logro”. -Chuang Tzu-

    El Tao Te Ching fue escrito hace 25 siglos por el filósofo Lao Tse. Este filósofo pensaba que la mejor manera de vivir era sincronizándose con el fluir de la naturaleza y el cosmos. Esta es la principal inspiración del Wu wei: dejar que las cosas tomen su curso natural y adaptarnos a él.
    Los valores y virtudes en el Wu Wei

    El Wu wei propone una vida sencilla porque es la que más se traduce en paz y armonía. Esa sencillez implica no apegarnos demasiado a las ambiciones y deseos, ya que son las principales fuentes de intranquilidad y sufrimiento, más que de realización. De esta forma, evitamos el dolor si un día carecemos de aquello a lo que nos hemos apegado en exceso. Por ello, la importancia no es lo material el sí, sino nuestra relación con el objeto.

    La sencillez también ayuda a que vivamos de una forma más serena. Cuando estamos enfocados a tener grandes logros y satisfacciones, esto resulta imposible. De lo que se trata entonces es de valorar lo que somos y lo que tenemos, en lugar de lamentarnos por lo que no somos o no poseemos. Observar el presente y todo lo que hemos obtenido, sin duda, nos aportará muchos más beneficios que si solo nos fustigamos por aquello que no tenemos.

    De la misma manera, el Wu wei plantea que la sencillez nos ayuda a aceptar las cosas tal y como son, a no resistirnos al curso de los acontecimientos y a no pretender tomar el control sobre ellos. Valores y actitudes que entran en contradicción con la mentalidad occidental, pero que permiten cultivar un mayor equilibrio emocional. A través de la aceptación activa, nuestra vida se transformará en camino mucho más relajado en la que sabremos que no tenemos el control de todo lo que sucede.

    El Wu wei y el budismo están más cerca de lo que parece. El no aferramiento, evitar el exceso de deseo o de odio, el no hace nada en momentos críticos. Se trata de enseñanzas milenarias que, por alguna razón, coinciden y a través de ella se obtiene una existencia mucho más serena, tranquila y ordenada. Sobre todo, a nivel mental. Así pues, no cabe duda que, a pesar de que en los tiempos modernos todo esto pueda suponernos algo demasiado exótico, se trata de algo que podemos implementar en nuestras vidas.

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  3. 🌄 Amanecer de calma en Aluminé: cuando la ira se disuelve

    Hoy, en este amanecer patagónico, mientras el viento fresco recorre los bosques de Aluminé y el río susurra entre piedras milenarias, me detengo a contemplar la naturaleza que me rodea. Aquí, donde la neblina se mezcla con el canto de los pájaros y los rayos de sol despiertan lentamente los cerros, reflexiono sobre la fragilidad de nuestra paz interior.

    El Dalai Lama nos advierte que cuando la ira se instala en nosotros, hasta la felicidad más sencilla parece esfumarse. La luz en el rostro se apaga, el descanso se vuelve esquivo y los deseos se fragmentan. Incluso los rostros más pacíficos, los que guardan bondad, se vuelven lívidos, como si el enojo fuera un río que arrastra todo lo que nos hace humanos y nos conecta con los demás. Y aquí, entre estas montañas y lagos que conocen siglos de silencio, comprendo que nuestra naturaleza es mucho más sabia que nuestras emociones efímeras.

    Recuerdo entonces el Wu wei, el arte de la no acción. Lao Tse nos enseñó que no se trata de inactividad, sino de permitir que las cosas fluyan, de no forzar ni resistir. En este entorno, observo cómo los sauces se inclinan sin romperse con el viento, cómo el agua encuentra su camino sin imponerse. La vida, cuando no es obstinada, se mueve con suavidad, y la armonía surge de esa entrega silenciosa.

    Practicar el Wu wei en nuestra existencia cotidiana no es renunciar a la acción, sino a la ansiedad que nos dicta que todo debe controlarse. La ira, como un incendio en la estepa, consume nuestra claridad y desvía nuestra energía de lo esencial: la gratitud, la contemplación, la sencillez. Así, la verdadera fuerza radica en ceder, en confiar en que la corriente de la vida nos llevará a donde necesitamos estar.

    Aquí, en Aluminé, mientras el sol calienta el aire frío y los aromas de tierra húmeda y pino me rodean, pienso en la importancia de observar el presente sin aferrarme a lo que no puedo cambiar. La serenidad no nace del control, sino de la aceptación activa, de permitir que cada momento tenga su propio curso, incluso cuando el corazón se agita. Cada pensamiento que no se fuerza, cada gesto que surge sin apremio, se convierte en un reflejo de la paz que siempre estuvo a nuestro alcance.

    El Wu wei y el budismo convergen en esta misma verdad: el desapego, la reducción del deseo, la suavidad frente al conflicto. Cuando aprendemos a no luchar contra lo inevitable, cuando dejamos de alimentar la ira, nuestra existencia se transforma en un sendero donde la calma es nuestra compañera y la gratitud nuestro abrigo. Es aquí, en esta quietud, donde la felicidad no es un objetivo lejano, sino una presencia constante.

    Que el viento de la Patagonia nos recuerde hoy que la vida fluye, que nuestros enfados no necesitan gobernarnos y que, como los ríos y los bosques que me rodean, nuestra armonía emerge cuando dejamos de forzar lo incontrolable. La serenidad, como el amanecer, llega despacio, y cuando la aceptamos, todo lo demás se ilumina.

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