Karl Jenkins - Adiemus III: Dances Of Time (1998)

Karl Jenkins y los cantantes de Adiemus dirigidos por la vocalista Mariam Stockley son conocidos por sus arreglos vocales originales que son vagamente litúrgicos y presentan arreglos de cuerdas de banda sonora. Jenkins explora diferentes culturas y períodos musicales en este álbum. Hay un bolero y un baile cuadrado, un baile folclórico alpino y estilos de baile de los siglos XVI y XVII. Las notas para cada pista señalan las derivaciones históricas de cada pieza original, a veces con el ritmo único detallado en un ejemplo anotado. Lanzado en 1998, este álbum es un homenaje a la interrelación entre música y danza a lo largo de la historia. Como tal, la mayoría de las pistas están compuestas en un estilo tradicional de baile, incluido el metro.

 

Karl Jenkins - Adiemus III, Dances of Time (1998)

01. Corrente (Courante)
02. Un Bolero Azul (Blue Bolero)
03. La La La Koora (Landler)
04. Dawn Dancing
05. Kaya Kakooya (Rumba)
06. Intrada & Pavan
07. Minuet
08. Rain Dance
09. African Tango
10. Zarabanda (Saraband)
11. Ein Weiner Walzer (A Viennese Waltz)
12. Hymn to the Dance
13. Dos A Dos (Square Dance)

Duración total: 64:23 min.

Comentarios

  1. Disneyland nunca estará terminado. Seguirá creciendo mientras exista la imaginación. - Walt Disney

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  2. 🎠 El Juego Infinito de la Imaginación

    Acá estoy… en Aluminé, con el mate en la mano y el sol de abril acomodándose despacio entre los árboles. Segunda ronda… como debe ser. El aire tiene esa mezcla justa de frescura y tibieza que invita a quedarse, a no apurarse.

    Y mientras cebo, Kayquén entra en escena.

    Aparece con su pelotita, como si fuera el objeto más importante del universo. Me mira fijo… espera. Se la tiro. Corre. Vuelve. Y otra vez. Y otra.

    Y en ese juego tan simple… hay algo que se abre.

    Porque mientras la observo, sin preocuparse por el tiempo, sin pensar en nada más que en ese instante… entiendo algo que venía rondando desde temprano, como una melodía suave:

    “Disneyland nunca estará terminado. Seguirá creciendo mientras exista la imaginación.”

    Y sonrío.

    No por Disneyland… sino por lo que representa.

    Ese espacio que nunca se termina… que siempre se expande… que vive mientras alguien lo imagine.

    Y entonces lo veo claro:

    no es un lugar.

    Es un estado.

    Kayquén no necesita saberlo… pero lo habita. Cada vez que corre detrás de la pelotita, cada vez que vuelve con esa alegría intacta, está entrando —sin saberlo— en ese territorio donde todo es posible porque nada está cerrado.

    Y me pregunto… ¿en qué momento nosotros dejamos de jugar así?

    ¿En qué momento empezamos a creer que todo tiene que estar terminado, resuelto, definido?

    El mate se enfría un poco… pero no importa. Lo vuelvo a cebar.

    Y la música —esa que siempre anda dando vueltas por acá— empieza a tomar otro sentido. Porque el New Age, en el fondo, también es eso: una invitación a expandirse, a no quedarse en una sola forma, a dejar que cada sonido abra una puerta distinta.

    No busca un final… busca un viaje.

    Como este blog.

    Que tampoco está terminado.

    Y ojalá que nunca lo esté.

    Porque cada tema que aparece, cada comentario, cada regreso inesperado… es una nueva atracción en este parque invisible que fuimos creando sin planos, sin mapas, pero con algo mucho más importante:

    imaginación.

    Y presencia.

    Kayquén vuelve otra vez… deja la pelotita a mis pies. Insiste.

    Y entiendo.

    No se trata de pensar el juego… se trata de jugar.

    Así también con la vida.

    Así también con lo que creamos.

    A veces uno quiere que todo tenga sentido, que todo encaje, que todo llegue a algún lado… pero quizás la clave no está en terminar… sino en seguir creando.

    En permitir que las cosas cambien, crezcan, se transformen.

    En no cerrar lo que todavía puede sorprender.

    Porque cuando la imaginación sigue viva… nada se agota.

    Ni la música.
    Ni los vínculos.
    Ni los recuerdos.
    Ni este mismo instante.

    Termino el mate… aunque ya sé que viene otro.

    Miro alrededor… el sol, las hojas cayendo, Kayquén esperando una vez más.

    Y siento que todo esto… tan simple, tan cotidiano… es también parte de algo más grande.

    Un parque sin límites.
    Un juego sin final.
    Una melodía que todavía no terminó de sonar.

    Y entonces, casi sin darme cuenta, me digo:

    que no se termine.

    Que siga creciendo.
    Que siga cambiando.
    Que siga sorprendiendo.

    Como la imaginación.
    Como la música.
    Como este viaje enigmático…

    que siempre encuentra una nueva forma de empezar.

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