
El álbum "Into Silence" ofrece una compilación relajante de algunos de los cantos y mantras más meditativos de Deva Premal para ayudarnos a despertar el anhelo en nuestro corazón en medio del bendito espacio del silencio. Los devotos de la cantante de New Age, nacida en Alemania, disfrutarán de esta atractiva recopilación de algunos de sus cantos de mantra más sensibles. Particularmente conmovedora es la canción "Add guray", un antiguo mantra sánscrito. El canto es una herramienta devocional que puede transformar nuestra conciencia al desencadenar asociaciones y aprovechar el poder del arrastre, la respiración y la intención. Es un ingrediente en las tradiciones cristianas, judías, budistas, nativas, hindúes y de la Diosa Tierra.
Deva Premal - Into Silence (2008)
01. Aad Guray
02. Om Namo
03. Gate Gate
04. Om Ram Ramaya
05. Om Hraum Mitraya
06. Om Mani Padme Hum
07. Om Asatoma
08. Guru Rinpoche Mantra
09. Moola Mantra (Incantation)
Duración total: 58:18 min.
“Viajar hace que uno sea modesto. Ya ves qué pequeño lugar ocupas en el mundo ". - Gustave Flaubert
ResponderEliminarFlaubert continuó la sabia observación de Radmacher en esta perspicaz cita de viaje. Definitivamente solía pensar que mi vida y mi país desempeñaban un papel más importante en el mundo hasta que empaqué y salí a la carretera.
🌄 La pequeña inmensidad de partir
ResponderEliminarEl sol de marzo cae manso sobre Aluminé, como si también él estuviera aprendiendo a viajar sin prisa. El mate entibia las manos y el silencio se abre, profundo, apenas interrumpido por el susurro del viento entre los árboles que comienzan a dorarse. Kayquen descansa cerca, pero su mirada atenta parece ir más lejos que cualquier camino visible.
Pienso en la frase de Flaubert, en esa certeza que llega solo cuando uno se aleja: “Viajar hace que uno sea modesto. Ya ves qué pequeño lugar ocupas en el mundo.” Y sin embargo, aquí, en esta aparente quietud, comprendo que el viaje no siempre requiere distancia… sino profundidad.
Durante mucho tiempo creí que el mundo era aquello que podía nombrar, ubicar, explicar. Que mi historia tenía un centro claro, un lugar definido en el mapa de lo importante. Pero hay un momento —inevitable y sutil— en que el alma se desacomoda. Algo nos empuja a salir, no solo hacia afuera, sino hacia adentro.
Y entonces, todo cambia de escala.
Viajar no reduce… revela. Nos muestra que no somos el centro, pero tampoco estamos fuera. Somos apenas un punto en una trama vasta, sí, pero un punto vivo, vibrante, necesario en su misterio. Como una nota en una melodía que no comprendemos del todo, pero que sin ella ya no sería la misma.
Aquí, en la Patagonia, esa lección se siente con claridad. Las montañas no compiten, los lagos no se imponen, el cielo no busca ser más que nadie… y sin embargo, todo es inmenso. Todo es presencia. Todo es viaje en estado puro.
Quizás la verdadera modestia no sea achicarse, sino comprender la proporción. Saber que lo que somos no necesita ocupar más espacio del que le corresponde. Que hay una belleza silenciosa en ser parte, en integrarse, en dejar de resistir la vastedad.
Recuerdo entonces mis propios caminos, reales e invisibles. Los lugares que creí lejanos y las distancias que resultaron ser interiores. Porque hay viajes que no se miden en kilómetros, sino en comprensiones. En desprendimientos. En esa extraña sensación de volverse más liviano a medida que uno se reconoce más pequeño.
Kayquen se levanta, recorre unos pasos y se detiene, como si siguiera un rastro que no alcanzo a ver. Tal vez eso sea viajar también: seguir lo que no se entiende del todo, confiar en una intuición que no necesita mapas.
Y en ese andar, algo se acomoda.
El mundo deja de girar alrededor de uno… y uno comienza a girar con el mundo.
Tal vez ahí comienza el verdadero viaje: cuando dejamos de buscarnos como centro y empezamos a encontrarnos como parte. Cuando entendemos que la grandeza no está en ocupar más espacio, sino en habitar plenamente el que nos fue dado.
El mate se enfría, el sol asciende, y el día continúa su camino sin esfuerzo.
Yo también.
Más pequeño, quizás.
Pero infinitamente más abierto.