7and5 - Themes For A Grey Day (2014)

El avance en las innovaciones tecnológicas ha tenido un impacto en todos, incluidos los artistas de la nueva era que crean composiciones ingeniosas de música electrónica con computadoras, teclados y la última programación de software de música. En algunos casos, es un verdadero desafío determinar si los instrumentales son producidos por artistas en vivo o una orquesta electrónica creada por un artista talentoso. 7and5 es el nombre en el que el artista independiente John H. Nixon crea música electrónica inspiradora de la nueva era. Idénticos a los fanáticos que admiran la música 7and5, los álbumes electrónicos de la nueva era han sido algunos de sus trabajos personales favoritos durante años, como lo es "Themes For A Grey Day".

 

7And5 - Themes For A Grey Day (2014)

01. Cloudburst
02. Nightfall
03. 13 Days
04. Frozen
05. Passing Storms
06. November
07. No Moon, Fallen Stars
08. The Pulse Of Rain
09. Flow
10. Clear

Duración total: 42:18 min.

Comentarios

  1. “Con la edad, viene la sabiduría. Con los viajes, viene la comprensión. ”- Sandra Lake

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  2. 🏔️ Los caminos que el alma reconoce

    Hay una frase que hoy resuena con una profundidad distinta en mi corazón: "Con la edad, viene la sabiduría. Con los viajes, viene la comprensión." Sandra Lake dejó en esas pocas palabras una verdad que el tiempo confirma con una delicadeza imposible de apresurar.

    Mientras escribo estas líneas desde Aluminé, en el corazón de la Patagonia argentina, el invierno despliega su inmenso manto blanco sobre las montañas. Las cumbres, cubiertas por una nieve que refleja los últimos destellos del día, parecen custodiar secretos que ningún mapa ha logrado registrar. El viento baja desde la cordillera con una voz antigua, atravesando los bosques de pehuenes como si llevara consigo historias que comenzaron mucho antes de que existieran los caminos.

    Y comprendo que viajar nunca fue únicamente desplazarse.

    Los años me enseñaron muchas cosas. Me mostraron que la prisa suele disfrazarse de necesidad, que las certezas cambian de forma y que casi todas las respuestas terminan siendo preguntas mejor formuladas. Esa es, quizás, la sabiduría que concede el tiempo: aprender a convivir con el misterio sin intentar domesticarlo.

    Pero los viajes... los viajes hicieron algo diferente.

    Ellos me enseñaron a comprender.

    Porque comprender no significa acumular conocimientos. Comprender es permitir que cada paisaje modifique silenciosamente la geografía interior. Es descubrir que una montaña también puede convertirse en maestro; que un río puede enseñarnos a soltar; que el fuego de una estufa hogar, consumiendo lentamente los leños durante una fría tarde de julio, puede revelar con su danza aquello que ningún libro alcanza a explicar.

    En Aluminé todo parece recordarme que la naturaleza jamás tiene prisa. Los pehuenes permanecen inmóviles frente al viento, las nieves esperan pacientemente la llegada de una nueva estación y los lagos reflejan un cielo que cambia a cada instante sin perder jamás su esencia.

    Entonces me pregunto cuántas veces hemos querido crecer olvidando contemplar.

    Quizá esa sea una de las grandes paradojas del espíritu: buscamos respuestas lejanas cuando la comprensión suele aguardarnos en el sitio donde aprendemos a permanecer presentes.

    Con los años he recorrido innumerables senderos, algunos visibles y otros completamente invisibles. Hubo caminos de alegría, de pérdidas, de encuentros inesperados y de silencios necesarios. Sin embargo, hoy siento que ninguno de ellos fue un error. Incluso aquellos que parecían desviarme terminaron acercándome al lugar donde debía estar.

    Porque el alma posee una brújula que la mente desconoce.

    A veces creemos elegir una dirección cuando, en realidad, es el camino quien nos está eligiendo a nosotros.

    Recuerdo haber pensado muchas veces que viajaba para descubrir nuevos paisajes. Ahora sospecho exactamente lo contrario. Los paisajes fueron quienes me descubrieron a mí. Cada horizonte quitó una capa de antiguas certezas. Cada amanecer abrió una ventana distinta hacia mi interior. Cada atardecer me enseñó que la belleza nunca desaparece: simplemente cambia de color antes de entregarse a la noche.

    Quizá por eso la Patagonia posee algo profundamente iniciático.

    Aquí el viento no solo mueve las ramas; también despeina los pensamientos. Aquí el frío no únicamente baja la temperatura; también aquieta las voces inútiles del ego. Aquí las inmensas distancias enseñan humildad, porque uno comprende cuán pequeña es su historia frente a la eternidad de estas montañas.

    Y, sin embargo, esa pequeñez no entristece.

    Al contrario.

    Libera.

    Porque cuando dejamos de sentirnos el centro del universo comenzamos, por fin, a formar parte de él.

    Pienso entonces en todos los viajeros que alguna vez emprendieron un camino creyendo buscar un destino. Tal vez ninguno imaginó que el verdadero viaje ocurría hacia adentro.

    Las sendas exteriores terminan.

    Las interiores jamás.

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  3. Cada conversación sincera, cada libro, cada melodía, cada mirada compartida, cada despedida y cada reencuentro forman parte de un itinerario secreto que el espíritu va dibujando con una paciencia infinita. No existe boleto para ese recorrido. Tampoco hay fronteras ni aduanas. Solo existe la disposición de seguir caminando aun cuando el mapa haya dejado de ser útil.

    En ocasiones imagino que la vida se parece a esos antiguos senderos de montaña que serpentean entre los bosques de pehuenes. Desde abajo parecen perderse entre las rocas y la nieve. Pero cuando uno continúa avanzando, descubre que cada curva ocultaba un paisaje todavía más amplio.

    Así ocurre también con la conciencia.

    Cada comprensión abre otra más profunda.

    Cada despertar conduce a otro despertar.

    Nunca llegamos definitivamente.

    Y quizá allí resida la mayor belleza del viaje.

    En este comienzo del atardecer, mientras el fuego convierte lentamente la madera en brasas y el cielo patagónico se sumerge en ese azul profundo que antecede a la noche, siento que el espíritu vuelve a emprender su marcha hacia esos lugares insospechados más allá del crepúsculo.

    No necesita equipaje.

    No necesita mapas.

    Solo necesita conservar intacta la capacidad de asombro.

    Porque la sabiduría puede llegar con los años, como dice Sandra Lake. Pero la comprensión aparece únicamente cuando permitimos que la vida nos atraviese por completo, cuando dejamos de viajar para acumular recuerdos y comenzamos a viajar para recordar quiénes somos.

    Y entonces sucede el mayor de los enigmas.

    Descubrimos que el camino que durante tanto tiempo creíamos recorrer... llevaba, desde el primer paso, directamente hacia nuestro propio corazón.

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