Le damos una cálida bienvenida a "Memories", el esperado álbum debut del talentoso productor italiano Ezietto. Esta impresionante obra maestra se compone de pistas orquestales e instrumentales, meticulosamente diseñadas para cautivar los sentidos. El álbum desborda melodías pegadizas que se graban en la memoria, despertando emociones profundas y vibrantes en nuestro interior. A través de su escucha, seremos transportados en un viaje sonoro especial, repleto de piezas épicas y edificantes que logran capturar el corazón desde la primera nota. Desde la delicada belleza de composiciones como "Tender Love" hasta la majestuosidad de partituras cinematográficas como "Trinity", Ezietto nos ofrece una banda sonora perfecta para cada momento de nuestra vida.
Ezietto - Memories (2015)
01. Stars & Warriors
02. Celtic Flavour
03. Trinity
04. Faraway Land
05. Eternal Passion
06. Youre My Hope (feat Claudie Mackula) (Vocal Mix)
07. Enchantress
08. Tender Love (Album Mix)
09. History Of Empire (2015 Remastered)
10. Freedom (Album Mix)
11. Distant Moon (Orchestral Mix)
Duración total: 45:17 min.

“Ríete todo lo que quieras. Pero elige con cuidado. Tú eres lo que amas, ¿No? Tú eres, completa y únicamente, lo único por lo que morirías sin pensártelo dos veces.”
ResponderEliminarDavid Foster Wallace, escritor estadounidense
🍂 Lo que arde en silencio
ResponderEliminarEsta tarde en Aluminé tiene una quietud que no pide permiso. El sol cae inclinado, tibio pero breve, dorando los pastos ocres, mientras las montañas todavía sostienen su corona blanca, como si el invierno ya estuviera insinuándose en la distancia. Hay algo en este contraste —el calor suave en la piel y el frío intacto en la distancia— que me obliga a mirar hacia adentro, como si el paisaje fuera un espejo lento.
Pienso en esa frase que me quedó resonando como una campana lejana: ríete todo lo que quieras, pero elige con cuidado… tú eres lo que amas. Y entonces el viento se cuela entre los árboles y parece preguntarme, sin palabras, si realmente sé qué estoy eligiendo cuando digo que amo.
Porque amar no siempre es un acto luminoso. A veces es una forma de entrega silenciosa, una especie de pacto invisible. Uno cree que elige lo que ama, pero en realidad es lo amado lo que empieza a moldearlo a uno, como el agua que, sin apuro, talla la piedra. Y ahí está el misterio: no somos tanto lo que decimos ser, sino aquello por lo que estaríamos dispuestos a quedarnos… o incluso a desaparecer.
Hoy, mientras el sol se posa sobre la cordillera, escucho en mi memoria algo parecido a ese álbum que alguna vez me describieron como un viaje emocional. “Memories”, lo llamaban. Y hay algo profundamente cierto en ese nombre, porque la vida entera parece una composición instrumental: no siempre entendemos la letra —porque no la hay—, pero igual sentimos cada nota como si nos perteneciera.
Hay melodías en nosotros que son suaves, como ese “Tender Love” que imagino delicado, casi tímido, como un recuerdo que no quiere romperse. Y otras que son inmensas, casi cinematográficas, como una “Trinity” que se abre paso con fuerza, recordándonos que también somos capaces de sostener lo épico, lo trascendente, lo que nos supera.
Quizás amar es eso: permitir que ciertas músicas internas se vuelvan más fuertes que otras. Elegir qué sonidos dejamos quedarse. Porque al final, lo que permanece no es lo que pasó, sino lo que resonó.
Me pregunto, entonces, qué hay en mí que suena todavía. Qué emociones siguen vibrando aun cuando todo parece en calma. Y más importante aún: qué estoy alimentando sin darme cuenta. Porque uno puede reírse, distraerse, llenarse de ruido… pero siempre hay algo en el fondo que sigue tocando, constante, fiel a su propia partitura.
El peligro —si es que hay uno— no está en amar demasiado, sino en amar sin conciencia. En entregar la vida a algo que no merece ese fuego. Porque sí, somos eso: aquello por lo que arderíamos sin pensarlo. Y no todos los fuegos iluminan. Algunos consumen en silencio.
El sol ya empieza a bajar más rápido ahora. Las sombras se alargan como pensamientos que no terminan de irse. Y en este instante, con el aire fresco rozando la cara, entiendo que no se trata de elegir perfecto, sino de elegir despierto.
Elegir sabiendo que cada amor deja una marca. Que cada devoción construye o vacía. Que cada emoción repetida se convierte en identidad.
Quizás por eso esta tarde se siente tan nítida. Como si todo —las montañas, el cielo, el viento— estuviera diciéndome lo mismo en distintos idiomas: cuidá lo que amás, porque ahí estás vos. Completo. Sin excusas.
Y entonces, casi sin darme cuenta, sonrío. Pero no por distracción.
Sino porque, por un momento al menos, siento que estoy escuchando bien.