Cusco - Apurimac II (1994)

"Apurimac II" es un álbum de música New Age del grupo alemán Cusco, lanzado en el año 1994. Este álbum es el segundo de la serie Apurímac. Combina música nativa de América con un toque europeo. Cusco, bajo la vigilante dirección de Michael Holm , ha conseguido una vez más adoptar las más conocidas melodías tradicionales con la instrumentación de un sonido eurojazz occidental. Tomando la música de los Andes, con sus ritmos fuertes y el sonido etéreo de la flauta, Michael Holm ha agregado la música con la ayuda de la tecnología moderna. El resultado es una orquesta casi llena de música maravillosa con nueva profundidad y complejidad sin traicionar sus raíces nativas, donde Holm había encontrado su inspiración.

Cusco - Apurimac II (1994)

01. Montezuma
02. Quetzal's Feather
03. Dance Of The Sun Priest
04. Tula
05. Yucatan
06. Xul-Kan, King Of Palenque
07. Maya Temple
08. Mexica
09. Goddess Of The Moon
10. Temple Of Rememberance

Duración total: 52:41 min.

Comentarios

  1. “El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas.”

    Antoine De Saint-Exupéry, escritor francés

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  2. 🍂 Donde Caen las Hojas y Nace el Sentido

    Esta tarde otoñal en Aluminé tiene algo que no se puede explicar del todo… como si el tiempo hubiera decidido aflojar su paso y quedarse suspendido entre los colores que caen. Las hojas, en su danza silenciosa, no parecen morir: parecen regresar. Y yo, mirándolas, tampoco soy el mismo de hace un rato.

    Hay algo en este instante que no está en las cosas.

    Está en cómo las estoy mirando.

    Recuerdo una frase de Antoine de Saint-Exupéry que alguna vez leí sin entenderla del todo: el sentido no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas. Hoy, acá, entre este crujir leve del otoño y el susurro del viento patagónico, empieza a cobrar una forma distinta.

    Porque las hojas siempre caen.

    Pero no siempre las vemos.

    A veces son solo parte del paisaje, un fondo que no interrumpe nuestros pensamientos. Otras veces —como hoy— se convierten en un mensaje sin palabras, en un gesto antiguo que parece hablarnos desde un lugar más profundo que la razón.

    Quizá tenga que ver con esta tierra.

    Con la memoria viva que habita en ella. Con esa sabiduría ancestral que no se escribe, pero se transmite en el silencio, en los ciclos, en la forma en que todo nace, crece, cae… y vuelve. Acá, el otoño no es una despedida: es una transformación visible.

    Y entonces algo en mí se acomoda.

    Entiendo —sin necesidad de explicarlo— que el sentido no es algo que se encuentra afuera, esperando ser descubierto como un objeto perdido. El sentido es una relación. Es el vínculo invisible entre lo que ocurre y la forma en que lo recibo.

    Si miro la caída como pérdida, hay nostalgia.
    Si la miro como parte del ciclo, hay belleza.
    Si la acepto sin nombrarla… hay paz.

    Y en ese pequeño giro, todo cambia.

    No cambian las hojas.
    No cambia el viento.
    Cambio yo.

    Quizá por eso la vida puede ser tan distinta sin dejar de ser la misma. Porque no se trata de modificar lo que sucede, sino de afinar la manera en que lo habitamos. Como si cada instante fuera una especie de partitura abierta, y nosotros —sin darnos cuenta— eligiéramos cómo interpretarla.

    Hoy elijo otra forma.

    Elijo mirar este caer como un acto de entrega. Como un recordatorio suave de que soltar también es parte de la armonía. Que no todo lo que se desprende se pierde. Que hay belleza incluso en lo que termina.

    Y en ese reconocimiento, aparece algo más.

    Una especie de gratitud silenciosa.

    No por algo en particular, sino por el hecho de poder estar acá, sintiendo, percibiendo, siendo parte de este instante que no se repite. Como si el otoño, con su lenguaje antiguo, me estuviera diciendo algo que no se puede traducir… pero sí vivir.

    Tal vez el sentido nunca estuvo escondido.

    Tal vez siempre estuvo esperando esta disposición interna, esta apertura, esta forma de mirar sin querer poseer. Como las hojas que caen: no intentan quedarse, no buscan significado… y sin embargo, lo contienen todo.

    Hoy, en esta tarde que parece susurrar desde otro tiempo,
    dejo de buscar respuestas en las cosas.

    Y empiezo, lentamente,
    a encontrarlas en mi forma de estar frente a ellas.

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