Karunesh se propone trascender los límites y barreras que fragmentan las diversas culturas del mundo, fusionando estilos musicales heterogéneos para permitirles fluir y bailar en una armonía sin precedentes. Su filosofía sostiene que la música representa el único lenguaje universal capaz de ser comprendido por todos, sin importar religiones o creencias. Dotadas de una calidad mística y expansiva, sus melodías —de una belleza inquietante y maravillosa— poseen el poder de abrir el corazón y elevar el espíritu más allá de nuestra realidad tangible. Desde la guitarra eléctrica que inaugura sus composiciones hasta sus títulos evocadores, cada detalle refleja su esencia innovadora. Karunesh es un pilar fundamental y un clásico imperecedero dentro del género New Age.
Karunesh - Sky's Beyond (1989)
01. Sky's beyond
02. Moon in the water
03. Atlantis
04. Into the light
05. Over the light
06. New morning
07. Indian summer
Duración total: 55:31 min.

“El gran saber todo lo abarca. El pequeño todo lo divide.”
ResponderEliminarZhuangzi
🦋 El hombre que soñaba mariposas bajo el cielo del Tao
ResponderEliminarEl frío antes del amanecer tiene una manera muy extraña de abrir portales invisibles.
No sé exactamente en qué momento ocurrió. Tal vez fue mientras el viento otoñal golpeaba lentamente las ventanas aquí en Aluminé, o quizá cuando el silencio se volvió tan profundo que dejó de parecer ausencia para transformarse en presencia. Lo cierto es que esta madrugada sentí nuevamente el llamado del talismán, ese objeto imposible que aparece cuando el espíritu necesita atravesar los límites del tiempo.
Y entonces crucé.
No hacia un lugar, sino hacia un estado.
La Patagonia desapareció lentamente detrás de una neblina azulada y, como si el universo hubiera inhalado profundamente, desperté en otra era. Frente a mí se extendían los antiguos caminos de tierra de la China del periodo de los Reinos Combatientes. El aire era seco y helado. Las montañas lejanas permanecían cubiertas por una bruma ancestral, mientras pequeños faroles temblaban como luciérnagas humanas en aldeas silenciosas todavía dormidas.
Allí caminaba él.
Zhuangzi
Sin escoltas.
Sin templos.
Sin apariencia de sabio.
Un hombre común atravesando el alba como si fuera parte del viento.
Me acerqué lentamente. Él no pareció sorprenderse de verme. Tal vez porque quienes comprenden el Tao ya no distinguen demasiado entre sueño y realidad. O quizá porque para alguien como Zhuangzi, un viajero llegado desde la Patagonia del futuro resultaba menos extraño que las obsesiones humanas por el control y la certeza.
Nos sentamos junto a un árbol torcido al borde de un camino antiguo.
El cielo todavía no amanecía.
Y el frío parecía querer atravesar los huesos.
Pero había calma.
Una calma inmensa.
De esas que no pertenecen al clima sino al espíritu.
Entonces Zhuangzi habló sin mirarme:
—El gran saber todo lo abarca. El pequeño todo lo divide.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire helado como humo invisible.
Y comprendí inmediatamente que no se trataba solamente de filosofía. Era una llave. Un espejo. Una advertencia para el alma humana.
Porque vivimos atrapados en la enfermedad de dividirlo todo.
Bueno y malo.
Éxito y fracaso.
Luz y oscuridad.
Nosotros y los otros.
Vida y muerte.
Incluso dividimos el tiempo entre pasado y futuro, olvidando que el universo únicamente respira en este instante.
Zhuangzi tomó una pequeña rama caída y comenzó a dibujar círculos sobre la tierra húmeda.
—Cuando el hombre cree poseer la verdad —dijo— deja de escuchar el lenguaje secreto de las cosas.
El viento descendió desde las montañas.
Algunas hojas secas giraron lentamente a nuestro alrededor.
Y por un momento tuve la extraña sensación de que toda la naturaleza estaba participando de aquella conversación silenciosa.
Le pregunté entonces algo que llevaba años habitando mis noches:
—¿Cómo se alcanza la libertad espiritual?
Zhuangzi sonrió apenas.
Pero no respondió enseguida.
Observó primero el horizonte oscuro, como si estuviera escuchando algo mucho más antiguo que nuestras palabras.
Finalmente dijo:
—Cuando dejas de pelearte con el río.
Qué misteriosa simplicidad poseen ciertas verdades.
Pasamos la vida intentando controlar la corriente de la existencia. Queremos dirigir cada acontecimiento, retener cada emoción agradable, impedir toda pérdida, toda transformación. Pero el Tao jamás se deja dominar. El universo cambia constantemente porque esa es su naturaleza. Resistirse al cambio es como querer detener el otoño para que las hojas no caigan.
El pequeño saber divide porque necesita controlar.
El gran saber abraza porque comprende.
Y quizás allí resida la diferencia entre conocimiento y sabiduría.
Mientras el cielo comenzaba lentamente a aclararse sobre la antigua China, pensé en cuánto se parece esta enseñanza al viaje espiritual que tantas veces intentamos compartir en MusiK EnigmatiK. La verdadera música espiritual tampoco divide. No clasifica emociones ni impone significados. Expande. Disuelve fronteras internas. Nos permite sentir simultáneamente tristeza y belleza, nostalgia y esperanza, silencio y plenitud.
ResponderEliminarComo el Tao.
Como el viento.
Como ciertos sueños imposibles de explicar.
Entonces recordé la historia más famosa de Zhuangzi.
Aquella noche en la que soñó ser una mariposa.
Y al despertar ya no sabía si era un hombre que había soñado ser mariposa… o una mariposa soñando ser hombre.
Durante años muchos interpretaron esa historia como una paradoja filosófica.
Pero esta madrugada, sentado junto a él bajo aquel árbol antiguo, comprendí otra cosa.
Zhuangzi no estaba confundido.
Estaba libre.
Libre de la obsesión humana por fijar identidades permanentes.
Libre de necesitar certezas absolutas.
Libre de dividir el universo entre lo “real” y lo “irreal”.
Porque para el gran saber, todo forma parte del mismo misterio.
El hielo crujía suavemente sobre la hierba.
A lo lejos comenzaron a escucharse aves despertando.
El alba finalmente se acercaba.
Y sentí que aquella conversación estaba transformando algo muy profundo dentro de mí. Como si el espíritu recordara una verdad olvidada hace siglos. Tal vez la verdadera evolución espiritual no consista en acumular respuestas, sino en dejar de fragmentar la totalidad de la existencia.
Somos simultáneamente montaña y viento.
Silencio y sonido.
Luz y sombra.
Sueño y soñador.
Y cuanto más intentamos separarlo todo, más nos alejamos del centro invisible donde habita la paz.
Antes de irme, Zhuangzi volvió a hablar:
—El universo no necesita que lo entiendas. Necesita que aprendas a danzar con él.
Luego se levantó lentamente y comenzó a alejarse entre la niebla del amanecer.
No hubo despedida.
No era necesaria.
Porque algunos encuentros no terminan jamás.
Regresé entonces atravesando nuevamente el portal espacio-temporal, con el corazón extraño y silencioso. Aquí, en este frío amanecer otoñal de mayo, mientras el mundo todavía duerme, siento que algo de aquella antigua sabiduría sigue respirando dentro de mí como un fuego invisible.
Quizá el gran saber consista simplemente en eso:
dejar de dividir el misterio.
Y aprender finalmente a contemplar la existencia como Zhuangzi contemplaba a la mariposa…
sin necesidad de atraparla.