Stamatis Spanoudakis - Guitars (2014)

Esta obra representa una recopilación magistral donde Stamatis Spanoudakis exhibe su virtuosismo con las guitarras acústicas y eléctricas. Bajo una impronta melódica inigualable, el músico se presenta "rodeado" por la majestuosidad de grandes orquestas y coros en vivo, revelando una visión fascinante de su faceta más íntima y menos explorada. Como referente de la música clásica moderna griega, Spanoudakis fusiona sus inicios en la guitarra clásica y su vibrante etapa en el rock con una formación académica rigurosa bajo la tutela de Bertold Hummel y Konstantinos Kydoniatis. Tras profundizar en la música bizantina, el compositor se dedica desde 1994 a crear piezas instrumentales sublimes que capturan la esencia histórica y la profunda espiritualidad de Grecia.

 

Stamatis Spanoudakis - Guitars (2014)

01. Guitars
02. Another World
03. Stay
04. You Walked Alone
05. Dream Road
06. The Riddle.mp3
07. In The Fire And In The Air
08. Niteenhundredandniretynine
09. Your Route
10. Je Veux
11. Maran Atha
12. Sudden Love
13. The Souls That Hear Us
14. Hidden Signs
15. Unfolding My Life
16. Soldiers By The Fire
17. Piece Of My Soul

Duración total: 68:01 min.

Comentarios

  1. “Nada será que no haya sido antes. Nada será para no ser mañana. Eternidad son todos los instantes, que mide el grano que el reloj desgrana.”
    Ramón María del Valle Inclán, novelista español.

    "Los complejos sólo existen en nuestra mente irracional. Las personas fuertes y racionales no ven ningún problema en el hecho de tener defectos."
    Rafael Santandreu, psicólogo español.

    ResponderEliminar
  2. ⛰️ Donde el tiempo se suspende entre piedra y eternidad

    Vuelvo a abrir el portal en esta mañana de otoño en Aluminé, como si nunca se hubiese cerrado del todo. Hay algo distinto hoy: el aire no solo huele a madera húmeda y hojas rendidas, sino también a una antigüedad más profunda, casi sagrada. El cielo está suspendido en una quietud que no exige explicación, y en ese silencio comprendo que no estoy iniciando un viaje… estoy retomando uno que ya ha ocurrido innumerables veces.

    Porque nada será que no haya sido antes.

    Doy un paso, y el suelo patagónico se disuelve con suavidad. No hay ruptura, no hay vértigo. Solo una transición delicada, como el grano que cae en un reloj invisible. Y entonces aparezco —o recuerdo que ya estaba— en Meteora. Las rocas se elevan como pensamientos antiguos que se negaron a desaparecer, sosteniendo monasterios que parecen suspendidos entre la fe y el abismo.

    El clima aquí es otro lenguaje. El viento no sopla: susurra historias que no fueron escritas. Las nubes no pasan: contemplan. Y yo, pequeño entre estas columnas de piedra y cielo, siento que cada instante contiene todos los instantes.

    Eternidad no es una línea infinita, sino esta suma exacta de presencias.

    Camino por senderos estrechos que conectan lo imposible. Los monasterios, encaramados en lo alto, no parecen construcciones humanas, sino decisiones del alma. Pienso en quienes eligieron habitar estos lugares, no para escapar del mundo, sino para mirarlo desde una distancia donde todo se vuelve más esencial. Aquí, las preguntas no se responden: se afinan.

    Y en ese estado, algo dentro de mí también se acomoda.

    Recuerdo otra idea que llega como un eco claro: los complejos solo existen en la mente irracional. Y en este paisaje despojado, donde la roca no intenta ser otra cosa que roca, y el viento no se cuestiona su forma, entiendo la simpleza radical de esa verdad. No hay defecto en lo que simplemente es.

    Tal vez he pasado demasiado tiempo intentando corregirme, pulirme, entenderme… cuando bastaba con aceptarme como estas montañas aceptan el paso del tiempo: sin resistencia, sin juicio.

    En lo alto de uno de los monasterios, el silencio tiene una densidad particular. No es ausencia de sonido, sino presencia de algo más profundo. Como una música que no necesita oídos. Y sin embargo, la siento claramente: una melodía que parece surgir de las piedras, del cielo, de mi propia respiración.

    Es una música que mezcla lo antiguo con lo eterno. Guitarras que no se ven, coros que no se nombran, una orquesta invisible que envuelve cada rincón con una solemnidad suave. Hay algo profundamente humano en ella, pero también algo que trasciende lo humano. Como si cada nota estuviera hecha de historia, de fe, de búsqueda.

    Me dejo atravesar por esa armonía, y por primera vez en mucho tiempo, no intento descifrar lo que siento. No necesito ponerle nombre. No necesito resolverlo.

    Porque nada será para no ser mañana.

    Lo que hoy me inquieta, mañana será parte de otra forma de calma. Lo que hoy no comprendo, ya existe en algún lugar dentro de mí, esperando su momento para revelarse. Como estos monasterios, que parecen imposibles hasta que uno los ve… o los recuerda.

    El portal no se cierra. Nunca se cierra.

    Solo cambia de forma.

    Y mientras desciendo lentamente de estas alturas suspendidas, llevando conmigo el eco de lo que no se puede explicar, entiendo que el verdadero viaje no fue de Aluminé a Meteora, ni de un continente a otro. Fue de la exigencia a la aceptación. Del ruido a la escucha. De la fragmentación a una especie de unidad silenciosa.

    Porque en algún punto —quizás en este mismo instante— todo lo que fui, todo lo que soy y todo lo que seré… ya está ocurriendo.

    Y no hay defecto en ello. Solo misterio.

    Solo eternidad desgranándose, grano a grano, en el corazón que aprende, por fin, a no resistirse.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario