David Garrett - Legacy (2011)

David Garrett es un elemento esencial para la promoción y la apreciación de la música clásica. Un gran talento joven con verdadera pasión por la música clásica y moderna, llena el vacío y le da el público el deseo de escuchar piezas de todos los géneros. Esta es una maravillosa interpretación de arreglos de Kreisler, que demuestra su sincero apego a la música clásica, que él reclama como su primer amor. Actuaciones ardientes, con grandes masas del individualismo romántico. El estilo de tocar de Garrett, con su fraseo lírico y una considerable libertad rítmica, ofrece sus solos con los abundantes violinistas de forma llamativa a un público jóven más amplio. Este álbum subraya la seriedad de Garrett como músico clásico, ofreciendo una visión más íntima y tradicional de su arte.

 

David Garrett - Legacy (2011)

01. Beethoven - Violin Concerto in D, Op.61 - 1. Allegro ma non troppo
02. Beethoven - Violin Concerto in D, Op.61 - 2. Larghetto
03. Beethoven - Violin Concerto in D, Op.61 - 3. Rondo (Allegro)
04. Kreisler - Praeludium and Allegro in the style of Pugnani
05. Rachmaninov - Rhapsody on a Theme of Paganini, Op.43 - Arr Franck van
06. Kreisler - Caprice Viennois, Op.2
07. Kreisler - Variations on a theme of Corelli in the style of Tartin
08. Kreisler - Romance Larghetto on a theme by Carl Maria von Weber
09. Kreisler - Tambourin Chinois, Op.3
10. Kreisler - Liebesleid

Duración total: 74:23 min.

Comentarios

  1. "Es intentando lo imposible como se realiza lo posible". Henri Barbusse

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  2. Me encantan los compositores rusos !
    Rachmaninov fue uno de los últimos grandes compositores post-romántico, considerado como uno de los pianistas más influyentes del siglo XX.
    Muy linda ésta versión compartida en el blog !

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  3. Me alegro que te haya gustado esta versión por este gran artista! Gracias Jorge por apreciar la música del blog! Saludos

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  4. 🎶 Comentario musical
    Hace diez años compartía aquí la pasión de David Garrett por la música clásica y moderna, resaltando en él esa energía ardiente que supo acercar a un público joven hacia los tesoros del violín. Hoy releo aquellas palabras y siento que siguen vigentes: el arte verdadero no conoce barreras de tiempo, ni de estilo, ni de generaciones. Garrett, con su lirismo y libertad interpretativa, fue puente entre mundos: lo clásico y lo contemporáneo, lo íntimo y lo popular. Y como bien recordaba Jorge en su comentario, la música rusa —con Rachmaninov a la cabeza— late todavía como un río poderoso que alimenta esta herencia. Me abrazo a ese entusiasmo pasado y lo renuevo, celebrando que la música sigue siendo ese lazo invisible que nos hermana.

    🌀 Diario del Viajero Interior
    “Entre acordes y memorias”
    El eco del violín aún vibra en el aire, como si las notas de ayer se fundieran con el silencio de hoy. Me descubro caminando entre recuerdos: los aplausos, la emoción, las palabras que escribí en aquel tiempo. Y en medio de todo, un hilo invisible me sostiene: la certeza de que la música nunca deja de hablar, incluso cuando los años se acumulan. Ella me recuerda que cada nota es un fragmento de mi propio viaje, un espejo de mi búsqueda interior.

    🌒 Más Allá del Crepúsculo
    El sol se repliega lentamente y con él vienen las memorias de lo que fui hace una década. Veo a ese Neto de entonces, entusiasmado por compartir y agradecer, y lo abrazo con ternura. En el crepúsculo no hay pasado ni futuro, solo una continuidad que envuelve todo en un mismo resplandor. La música, eterna viajera, me enseña que lo imposible de ayer es la posibilidad de hoy; y que lo que creí efímero permanece, latiendo en cada silencio que escucho esta tarde.

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  5. 🌧️ El pulso invisible de lo imposible

    Amanece gris en Aluminé, y la lluvia cae como si el cielo estuviera afinando el mundo.

    Hay algo profundamente antiguo en este sonido. Como si cada gota trajera consigo la memoria de la tierra, de los bosques, de quienes caminaron estos mismos senderos mucho antes que nosotros. En esta región donde el espíritu mapuche aún respira en el viento, uno aprende —aunque sea de a poco— que no todo se ve, pero todo se siente.

    Estoy acá, con el mate tibio entre las manos, mirando la cortina de agua desdibujar el paisaje. Y sin embargo, lejos de borrar, parece revelar.

    Porque hay días así… donde lo externo se apaga un poco para que lo interno pueda hablar.

    Vuelve a mí una frase, como si alguien la hubiera dejado suspendida en el aire: “Es intentando lo imposible como se realiza lo posible.” Y al principio suena desafiante, casi contradictoria. Pero cuanto más la dejo reposar, más se parece a una verdad que no necesita explicación.

    Intentar lo imposible…

    ¿No es acaso lo que hace la música?

    Pienso en aquellos días compartiendo sonidos, descubriendo versiones, celebrando encuentros invisibles entre artistas y oyentes. Recuerdo ese comentario de Jorge, su admiración por los compositores rusos, esa mención a Rachmaninov como un río inmenso que sigue fluyendo a través del tiempo. Y sonrío.

    Porque tenía razón.

    Hay músicas que no pertenecen a una época, sino a un estado del alma.

    Y luego pienso en ese otro momento, más cercano, donde releía mis propias palabras sobre David Garrett… y sentía que el tiempo no había pasado del todo. Que ese entusiasmo seguía vivo, transformado, sí… pero intacto en su esencia.

    Ahí es donde lo imposible empieza a volverse posible.

    En ese puente invisible entre lo que fuimos y lo que somos.
    En esa continuidad que no se corta, aunque cambien las formas.

    La lluvia sigue cayendo.

    Y en su persistencia encuentro algo más: una enseñanza silenciosa. Porque cada gota parece insignificante por sí sola, pero juntas… transforman el paisaje. Nutren, erosionan, renuevan.

    ¿No será que lo imposible funciona igual?

    No como un salto abrupto, sino como una suma de intentos. De gestos pequeños. De decisiones que, en su momento, parecen mínimas… pero que, con el tiempo, abren caminos que antes no existían.

    El pueblo mapuche habla del equilibrio, del respeto por los ciclos, de la conexión con lo que no se ve. Y quizás ahí también habite esta idea: que lo imposible no es algo que se conquista, sino algo que se escucha.

    Como una intuición.

    Como una melodía lejana que, si uno presta atención, empieza a tomar forma.

    Cierro los ojos un instante.

    Y ahí está.

    El eco de un violín que no suena, pero vibra.
    Las palabras escritas hace años, todavía respirando.
    El Neto de antes, caminando junto al de ahora, sin separarse del todo.

    Todo eso, en algún momento, parecía efímero.

    Y sin embargo… permanece.

    Tal vez intentar lo imposible sea eso: confiar en lo que no tiene garantías. Seguir una pasión sin saber a dónde lleva. Compartir música sin esperar respuesta. Escribir palabras sin certeza de quién las leerá.

    Y aun así, hacerlo.

    Porque en ese acto hay algo profundamente humano… y profundamente espiritual.

    Abro los ojos.

    El gris sigue ahí. La lluvia también. Pero hay una claridad distinta. No en el cielo… en mí.

    Entiendo que no se trata de alcanzar algo lejano, sino de honrar ese impulso interno que nos mueve a intentar, a crear, a compartir. Aunque parezca poco. Aunque parezca imposible.

    Porque quizás, como esta lluvia persistente sobre Aluminé, todo lo que hacemos con sentido termina dejando huella.

    Invisible al principio.

    Eterna después.

    Y en ese latido silencioso, entre lo que soñamos y lo que logramos… ocurre el verdadero milagro.

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