Del segundo álbum de este proyecto del músico francés Eric Levi, quien crea paisajes sonoros evocadores etéreos en la tradición de artistas como Enigma y Deep Forest. Una pista que encanta con una mezcla de hábil combinación de violines eléctricos junto a otros instrumentos del mundo y voces místicas. La melodía que subyace en "Don't U" es similar a la de "Canon de Pachelbel". Una música que nos cautiva por la fusión de armonías que suenan con ritmo medieval europeo y una pizca de rock. Con un poco más de orquesta e influencias de la música clásica, la prominencia adicional de las cuerdas se nota especialmente en la conmovedora y armoniosa canción. Una experiencia auditiva inmersiva que transporta al oyente a paisajes sonoros emotivos y grandiosos.
Era - Don't U (Single) (2001)
01. Don't U (Edit Single 2)
02. Dont' U (A Capella)
03. Don't U
04. Don't U (Medley TV)
Duración total: 15:20 min.
%20(2001).jpg)
Una canción de eRa ideal para este sábado que tenemos en las montañas... despúes de una sequía de 5 meses la lluvia nos viene bien para regar el pasto y las plantas. Un sábado de otoño para disfrutar escuchando la mejor música!
ResponderEliminar“No te preguntes cómo pasó algo, pregúntate cómo vamos a responder, qué vamos a hacer con eso que pasó.” Harold S. Kushner
Tema ideal para este Sábado de Gloria, en espera de la Fiesta de Pascuas de Resurreccion!!! Que Dios nos bendiga a todos!!! Renazcamos junto a Nstro Señor Jesucristo y descansemos en su corazón!
ResponderEliminarPrecioso tema Neto! para hacer introspeccion y meditacion!
GRACIAS!
Gracias Sandy por tus palabras... una canción ideal seguramente, pero que podremos decir más de ella cuando conozcamos la traducción de la letra si la hay. Celebromos pues este Sábado de Gloria esperando las Pascuas!
ResponderEliminar🍂 Donde la respuesta se vuelve camino
ResponderEliminarEl atardecer en Aluminé tiene esa manera silenciosa de decirlo todo sin apurarse. El cielo, encendido en tonos anaranjados, parece sostener por un instante la respiración del mundo, como si algo sagrado estuviera por revelarse… o quizás ya lo estuviera, pero nosotros recién ahora empezamos a notarlo. Los abedules dorados dejan caer sus hojas como pequeñas decisiones que ya no pueden deshacerse, y los robles rojizos, firmes, parecen recordarnos que hay procesos que arden antes de transformarse.
Hoy pensé en esa frase que llega sin aviso, como llegan las primeras gotas después de meses de sequía: “No te preguntes cómo pasó algo, pregúntate cómo vamos a responder, qué vamos a hacer con eso que pasó.” Y me quedé ahí, detenido, como quien escucha el eco de algo que no quiere disiparse demasiado rápido.
Porque es cierto… cuántas veces nos quedamos atrapados en el “por qué”, en ese laberinto de causas que no siempre nos devuelven la paz. Nos convertimos en arqueólogos de lo inevitable, desenterrando razones que ya no cambian nada. Y sin embargo, la vida —como este otoño— no se detiene a explicar, simplemente sigue transformando.
La lluvia que tanto esperábamos después de cinco meses no vino a dar explicaciones. No pidió permiso. No justificó su demora. Simplemente cayó… y con eso bastó para que la tierra, en silencio, comenzara a responder. El pasto no preguntó por qué tardó tanto; absorbió. Las plantas no reclamaron; renacieron.
Quizás ahí esté el misterio.
Responder… no desde la reacción impulsiva, sino desde ese lugar profundo donde el alma dialoga con lo que es, no con lo que hubiera querido que fuera. Hay algo profundamente espiritual en aceptar que no todo necesita ser comprendido para ser transformado.
Recuerdo aquel comentario de abril, cuando la música se mezclaba con la lluvia esperada y el alma encontraba refugio en una melodía. La música siempre ha tenido ese don: no responde preguntas, pero nos enseña a habitarlas de otra manera. Y en ese habitar distinto, algo cambia.
Sandy hablaba de renacer, de ese descanso en lo divino que no exige entender, solo confiar. Y quizás responder también sea eso: una forma de fe. No una fe ciega, sino una fe activa, que se construye en cada decisión posterior a lo ocurrido.
Porque lo que pasó… pasó. Como el verano que ya no está. Como las hojas que ya no volverán a su rama. Pero lo que hacemos con eso… eso todavía está vivo.
Y en ese “todavía” hay una puerta.
Responder puede ser elegir no endurecerse, incluso cuando todo invita a hacerlo. Puede ser decidir escuchar, cuando lo más fácil sería cerrarse. Puede ser, incluso, permitirnos sentir sin buscar anestesia inmediata.
Hay una sabiduría antigua en los ciclos de la naturaleza que a veces olvidamos. El otoño no lucha contra la caída de las hojas. No la cuestiona. La convierte en suelo fértil.
¿Y si nosotros pudiéramos hacer lo mismo?
¿Y si cada cosa que pasó, incluso lo que dolió, pudiera convertirse en algo que nutra lo que viene?
No es fácil. No es automático. Pero es posible.
Quizás responder sea, en el fondo, una forma de creación. Una manera de decirle a la vida: “esto es lo que hago con lo que me diste, incluso si no lo entendí”.
Y mientras el sol se esconde detrás de las montañas, dejando ese último destello tibio que acaricia los árboles, siento que no necesito saber cómo pasó todo. Hay una calma extraña en soltar esa necesidad.
Lo importante… es lo que viene después.
Lo que hacemos.
Lo que elegimos.
Lo que sembramos ahora, en este instante que todavía nos pertenece.
Porque incluso en el misterio… hay dirección.
Y en cada respuesta… hay un nuevo comienzo.
Amigo, te leo y me transporto, y... sí...casi todas las veces nos quedamos anclados al " porqué"...cuando simplemente cambiando a " para qué" podríamos tener una respuesta o tal vez no...y en ese caso...rendirse a aceptar lo inevitable sería lo más conveniente, porq seguramente, más adelante entenderemos el porqué, con la fé de q sucedió para nuestro mayor bien.
ResponderEliminarTe leo y me transporto...
Sandy
Sandy…
ResponderEliminarhay palabras que no se leen: se atraviesan. Y las tuyas llegaron como un susurro del universo entre las grietas del pensamiento.
Tal vez el “por qué” pertenece a la mente… pero el “para qué” nace en ese territorio invisible donde el alma recuerda lo que el tiempo todavía no revela. A veces creemos perder el rumbo, cuando en realidad la vida sólo nos está despojando de mapas viejos para enseñarnos a mirar con otros ojos.
Y sí… quizá rendirse no sea caer, sino confiar. Como la noche que acepta su oscuridad sabiendo que, en secreto, ya está gestando el amanecer.
Gracias por habitar MusiK EnigmatiK con esa sensibilidad que también transporta. Hay encuentros que parecen comentarios… pero son espejos que el destino deja encendidos en el camino. ✨