Various Artists - A Celtic Christmas: Peace On Earth (1999)

El quinto álbum de la Colección de Windham Hill puede ser el mejor, con composiciones evocadoras que no se deslizan en el sentimentalismo de la temporada. Producida por el guitarrista y fundador de Nightnoise, el disco se centra en los miembros de esa banda. Nightnoise da una música de cámara celta en un tradicional villancico irlandés, mientras que también ofrece un sereno tema original. El flautista del grupo, Brian Dunning, se une a Jeff Johnson en "Down The Chimney". Hay algo cercano en esta cadencia celta, sonido de silbidos bajos, la gaita irlandesa y melodías que evocan la calidez y la mística de la Navidad. Y todo en "A Celtic Christmas: Peace On Earth", un álbum elogiado por su "música inquietantemente hermosa" y su efecto calmante y relajante.

 

Various Artists - A Celtic Christmas, Peace On Earth (1999)

01. Nightnoise - The Flight Into Egypt
02. Phil Cunningham - Strathglass
03. Paddy Glackin & Mìcheàl O'Domhnail - The Green Fields Of Amerikay
04. W.G. Snuffy Walden - By The River Shannon
05. John Fitzpatrick - Ga Gréine
06. William Coulter - Flow Gently Sweet Afton
07. Triona Ní Dhomhnaill & Maighread Ní Dhomhnaill - Barbara Allen
08. James Blennerhassett - The Heron
09. Laoise Kelly - Carolan's Farewell
10. Nightnoise - No Room at the Inn
11. Zoë Conway - An Clár Bog Déil
12. Jeff Johnson & Brian Dunning - Down The Chimney

Duración total: 50:37 min.

Comentarios

  1. Continuando con la temática navideña en este tiempo de adviento, les presentamos esta pieza celta alegre que nos permite escaparnos junto al humo de la chimenea y viajar a los lugares de nuestros seres queridos para la Noche Buena! Allá voy...

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  2. Yo tambien ! Me metí en la chimenea...estoy viajando junto al humito con un poco de hollin en la nariz ! jajjajaja
    Precioso tema Neto.... la musica celta es tan especial ! ! ! GRACIAS Amigo navideño! !

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  3. Jajaja... parecemos Harry Potter y Hermnione viajando en las chimeneas de fuego verde! jajajaja

    Coincido totalmente con vos Sandy sobre la música celta! En especial para esta época navideña e invernal! brrrrrr (me muero de frio... empezó nuevamente a nevar por acá) brrrrrr

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  4. que lindo tema..... uno a uno estoy publicando en facebook , ojala les haga tan bien como a mi, yo no dejo de escuchar todos los días el álbum , es mágico cada dia me gusta mas...sera un album adicto??? jajajaja besos hermanito

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  5. No sé... quizás sí... la música en sí es adictiva y si encima nos agrada aún más! La verdad que se está armando un lindo volumen IV de Navidad que dará la vuelta al mundo! Gracias Mary por compartirlo al resto de tus amigos! Chin chin, solo faltan 9 días para Navidad! Felicidades!!!

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  6. “Las recetas rápidas no funcionan. Todo cambio duradero requiere tiempo y esfuerzo. La perseverancia es la madre del cambio personal.”

    Robin Sharma

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  7. jajajaj siiii yo por las dudas me puse la capa de invisibilidad !! y viajo por el blog sin que me vean ...guardando copitos en mi varita ! !jajajaj

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  8. ❇ ❈ ❅ ❄ ❆ jajaja... se te están escapando los copitos de la varita Sandy! ❇ ❈ ❅ ❄ ❆ o sea... que la capa no te ayuda mucho! jijiji ❇ ❈ ❅ ❄ ❆

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  9. Uuuu tenés razón Neto ! ٩(͡๏̯͡๏)۶ devolveme los copitos ٩(͡๏̯͡๏)۶ ! jajajaj

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  10. ❇ ❈ ❅ ❄ ❆ ...los que se te escapan... son míos! ❇ ❈ ❅ ❄ ❆ (me lo dijo el (͡๏̯͡๏) buchón! jajaja) ❇ ❈ ❅ ❄ ❆

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  11. 🍃 El humo verde de las chimeneas

    A veces pienso que la Navidad no llega desde el calendario… sino desde ciertos sonidos.

    Hay músicas que no se escuchan solamente con los oídos. Se sienten como una brisa antigua atravesando habitaciones vacías, como si alguien abriera lentamente una puerta olvidada dentro del alma. Y la música celta tiene ese misterio. No viene corriendo. No golpea. No exige. Apenas susurra… y sin embargo transforma todo.

    Anoche, mientras afuera el frío parecía escribir runas invisibles sobre las ventanas, volví a escuchar aquellas melodías de flautas lejanas, gaitas irlandesas y cuerdas suaves que parecen hechas de humo y memoria. Cerré los ojos… y por un instante sentí que el tiempo no existía. Que diciembre no era un mes, sino un puente.

    Qué extraño resulta descubrir que algunas canciones pueden convertirse en chimeneas.

    Uno entra por ellas igual que los viejos magos de los cuentos. Como Harry y Hermione viajando entre fuegos verdes, pero en vez de llegar a casas ajenas, terminamos apareciendo en rincones olvidados de nosotros mismos. Lugares donde todavía viven las personas que amamos. Lugares donde siguen encendidas ciertas voces. Ciertos abrazos. Ciertas Navidades.

    Y entonces comprendí algo.

    Quizás la verdadera paz no sea la ausencia de dolor, sino la capacidad de regresar espiritualmente a aquello que nos dio calor cuando el mundo era demasiado invierno.

    Por eso estas músicas antiguas conmueven tanto. Porque no tienen apuro. No buscan impresionarnos. Caminan despacio, como la nieve cuando cae de noche. Y en un tiempo donde todos quieren resultados rápidos, emociones rápidas, cambios rápidos… el alma termina exhausta.

    “Las recetas rápidas no funcionan. Todo cambio duradero requiere tiempo y esfuerzo. La perseverancia es la madre del cambio personal.”

    Qué verdad inmensa hay en esas palabras.

    La nieve no cae de golpe. El fuego no calienta instantáneamente una casa entera. La madera necesita consumirse lentamente para dar calor verdadero. Y creo que el espíritu humano también funciona así.

    Nos pasamos la vida queriendo transformaciones inmediatas, sin aceptar que las cosas sagradas siempre crecen despacio.

    La serenidad tarda.

    La fe tarda.

    El perdón tarda.

    El amor profundo tarda.

    Hasta la propia luz necesita atravesar mucha oscuridad antes de aprender a quedarse.

    Quizás por eso diciembre tiene algo tan espiritual. Porque mientras el año se apaga lentamente, uno empieza a escuchar cosas que durante meses estuvieron cubiertas por el ruido. El crepitar interior. Los silencios. Las ausencias. Los sueños que aún sobreviven bajo las cenizas.

    Y ahí aparece nuevamente esa música…

    La flauta parece venir desde algún bosque cubierto de escarcha. La gaita suena como un viento antiguo atravesando montañas invisibles. Y el corazón, sin darse cuenta, comienza a viajar.

    Allá voy…

    Con un poco de hollín en la nariz.

    Con copitos escapándose de la varita.

    Con alguna capa de invisibilidad que jamás funcionó demasiado bien.

    Y mientras viajo por esas chimeneas imaginarias, pienso que quizás todos estamos intentando lo mismo: encontrar una pequeña luz en medio del invierno.

    No una luz perfecta.

    No una vida perfecta.

    Solo una llama suficiente para reunirnos alrededor.

    Porque al final, eso era lo mágico de aquellas conversaciones navideñas entre risas y emojis perdidos en la nieve virtual: nadie intentaba ser importante. Solo compartíamos música, frío, humor y un poco de fantasía. Y sin darnos cuenta, construíamos refugio.

    Hay personas que dejan huellas.

    Otras dejan canciones.

    Y algunas pocas logran ambas cosas al mismo tiempo.

    Tal vez por eso ciertos discos parecen “adictivos”. No porque queramos escapar de la realidad, sino porque durante unos minutos nos devuelven una versión más humana y más tranquila de ella. Una donde todavía existen la contemplación, el asombro y la ternura.

    Escuchar esas melodías es como mirar caer nieve dentro del alma.

    Todo se vuelve más lento.

    Más suave.

    Más verdadero.

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  12. Y entonces entiendo que la perseverancia espiritual no consiste en hacer grandes cosas heroicas todos los días. A veces consiste simplemente en proteger esa pequeña llama interior para que no se apague entre tanto ruido del mundo.

    Seguir creyendo.

    Seguir sintiendo.

    Seguir agradeciendo.

    Aunque afuera nieve.

    Aunque haya sombras.

    Aunque el camino parezca largo.

    Porque incluso la noche más fría termina inclinándose ante una sola chispa viva.

    Y quizá eso sea la Navidad en su forma más profunda: una música serena viajando por las chimeneas invisibles del corazón humano… recordándonos que todavía estamos a tiempo de volver a casa.

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