El álbum "Magical Child" ha demostrado ser una de las grabaciones más exitosas del pianista y compositor Michael Jones. Por primera vez, ha grabado un álbum completo digitalmente en su conjunto. Esto le dio la oportunidad de grabar el piano durante un largo período, a su propio ritmo y en su propio hogar. Las piezas para piano fueron trasladadas a estado multipista. Los artistas Nancy Rumbel, David Darling y Karen Pérez añaden cada uno su propia magia con los delicados complementos de oboe, violonchelo y flauta. La obra de Michael Jones es un puente entre lo clásico y lo contemporáneo, logrando una conjunción de estilos. La pista "Magical Child" es una pieza muy animada, sensible, luminosa y rebosante de energía lírica.
Michael Jones - Magical Child (1990)
01. Sunrise
02. Spring Meadow
03. Lullaby
04. Country Dance
05. Prayer
06. Magical Child
Duración total: 51:17 min.
01. Sunrise
02. Spring Meadow
03. Lullaby
04. Country Dance
05. Prayer
06. Magical Child
Duración total: 51:17 min.

Es hermoso este CD de Michael Jones. Ya habíamos compartido su primer pista "Sunrise" en su versión editada. "Niño mágico": expléndida por donde se la escuche.
ResponderEliminarPianito suave y armonioso....... nos lleva a la niñez.....a encontrar al niño mágico que todos llevamos dentro......precioso tema ...transmite paz....♥♥
ResponderEliminarGRACIAS Neto♥♥
Y si... hace honor a su título... "Niño mágico"... el que todos llevamos dentro! Michael Jones es un gran pianista y más si es acompañado por los artistas de Narada! Gracias Sandy por comentar!
ResponderEliminar🔥 El niño de luz que despierta entre las chispas
ResponderEliminarLa madrugada en Aluminé tiene una forma especial de hablarle al alma.
El frío de mediados de marzo cae lentamente sobre la tierra patagónica, como si la noche estuviera respirando muy despacio. Estoy sentado en silencio junto a la fogata, mirando cómo las chispas doradas suben hacia el cielo oscuro y desaparecen entre las estrellas. Cada chispa parece un pequeño pensamiento que intenta volver al origen.
En esta hora —la hora sagrada del encuentro entre las almas— el tiempo se vuelve más delgado.
Hace un rato volvió a sonar en mi interior la música del álbum Magical Child de Michael Jones. Ese piano luminoso que no parece tocarse desde las manos, sino desde algún rincón antiguo del espíritu. Las notas flotan como pequeñas luces sobre un lago quieto, mientras el oboe, el violonchelo y la flauta aparecen como presencias delicadas que acompañan sin interrumpir el misterio.
Hay músicas que se escuchan.
Y hay músicas que recuerdan.
Mientras el fuego crepita frente a mí, no puedo evitar pensar en algo curioso: tal vez todos nacemos con una melodía secreta que con los años vamos olvidando. No porque desaparezca, sino porque el ruido del mundo se vuelve demasiado fuerte.
Sin embargo, a veces basta una simple combinación de notas para que algo muy antiguo despierte.
Quizás por eso la pieza Magical Child tiene ese nombre.
Porque cuando el piano comienza a danzar en esa energía suave y luminosa, uno siente que algo en el interior se pone de pie. No es nostalgia exactamente. Es más bien una sensación de reconocimiento. Como si una parte muy pura de nosotros dijera en voz baja: aquí estoy… todavía sigo aquí.
El niño mágico.
Esa expresión que leí en aquellos comentarios del blog escritos hace tantos años. Personas que escucharon la misma música y sintieron lo mismo: una puerta que se abre hacia la infancia del alma.
No hacia la infancia biológica.
Hacia algo más profundo.
El niño mágico no es el pasado.
Es una forma de conciencia.
Es la parte de nosotros que aún puede mirar una chispa en la oscuridad y verla como un pequeño universo. La parte que escucha un piano y no lo analiza: lo habita. La parte que todavía sabe que la belleza no necesita explicación.
Miro nuevamente la fogata.
Las chispas siguen elevándose en silencio, como si quisieran recordar algo al cielo. Y de pronto pienso que tal vez cada ser humano es exactamente eso: una chispa momentánea en una noche infinita.
Pero una chispa que puede iluminar.
Quizás la música existe precisamente para eso.
Para soplar suavemente sobre las brasas interiores y recordarnos que el fuego nunca se apagó del todo. Que detrás de las preocupaciones, de los años, de las capas que la vida nos hace vestir… todavía vive ese niño luminoso que no teme al misterio.
En esta madrugada fría de la Patagonia, el piano de Michael Jones parece dialogar con el fuego.
Uno toca la tierra.
El otro toca el alma.
Y entre ambos aparece un silencio lleno de sentido.
Tal vez la verdadera magia no esté en la música, ni en la fogata, ni siquiera en la noche que envuelve estas montañas. Tal vez la magia ocurra cuando algo dentro de nosotros vuelve a escuchar con la inocencia intacta.
Porque cuando ese niño interior despierta, aunque sea por un instante, el universo entero parece recordar su melodía.
Y entonces comprendemos algo simple y profundo:
La luz más antigua del mundo
no viene de las estrellas.
Viene de ese pequeño niño mágico
que todavía vive
en el corazón silencioso del espíritu.
Asi es amigo, es recordar... no descubrir...sabias que... Según una popular historia inspiradora de origen africano (a menudo asociada con los Himba de Namibia), las mujeres de la tribu escuchan la "canción" de cada niño antes de concebirlo y la cantan durante el embarazo y nacimiento. La comunidad aprende esta melodía única para celebrar momentos clave, corregir comportamientos con amor y cantar al final de la vida.... maravilloso no???
ResponderEliminarQuizás por eso, Sandy… a veces sentimos que algo dentro nuestro ya sabe el camino. 🌿
ResponderEliminarComo si cada alma llegara al mundo con una melodía antigua guardada en silencio… esperando ser recordada.
Tal vez la vida no sea aprender a ser, sino volver a escuchar esa canción que nos nombró antes de nacer.
Y en ciertos encuentros, en ciertas palabras, en ciertos silencios… alguien toca una nota que nos despierta.
Quién sabe…
quizás cuando dos almas se reconocen, no están descubriendo nada nuevo…
solo están recordando la música que ya compartían desde antes. ✨